| Espera
Muere la tarde Muero yo. Yo sé, Claudia Samter (MIRAMAR) claudia.samter@fernandezprieto.us
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Eslabón De La Tierra
El cielo canta sobre las avenidas LUIS ESCOBAR |
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La comunión de Tina La casa está engalanada en blanco y amarillo,
tiras de papel crepé cruzan el comedor de pared a pared y algunos
refrescos y confituras hacen marco a la torta que adorna la mesa. La tía
Herminia y su hija se encargan de servir a los invitados, mientras sus
padres distribuyen la bebida que corre con fluidez ante el calor sofocante
del mediodía. Tina ha tomado su primera comunión y disfruta
su protagonismo. Por momentos juega con sus amigos, en otros se cuelga
del brazo de su padre o sube y baja las escaleras en un andar alegre y
dinámico. Algunas mujeres hablan entre ellas mientras los hombres
hacen lo mismo en otro rincón del living. |
Sin darle importancia toma un trozo de papel y
se seca. Es en ese instante que encuentra su mirada en el espejo.
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Sin regreso Me integro al barro El reloj fracciona Se escurre la luz Infértiles
y mustias Me sobrevivirán Daniela
Riccioni |
Manuelita
en la Patagonia «Manuelita vivía en Pehuajó pero un día se marchó...» para otro país se fue a buscar yo no sé qué la cuestión es que volvió extrañaba su región. Ya de vuelta y caminando por las rutas argentinas se enamoró de un tortugo en una verde banquina y los dos pusieron juntos Patagonia en la mira. Manuelita y Don Torcuato ya eligieron el lugar hay trabajo y buena gente para poder disfrutar. Manuelita y su familia ahora viven en Trelew y es porque allí descubrieron que no existe la vejez y que en el sur todavía tienen mucho para hacer. Sí la quieres visitar en el Touring Club está y el duende de Exupery que anda siempre por allí te saludan si te ven recorriendo tu niñez. Cristina Larice de Roura (SADE MDP) cristinalarice@hotmail.com |
| Las madres de Augusto Por alguna razón que en realidad nada tenía que ver con Augusto, desconfiaba de los espejos. No sé bien por qué era, pero sí sé que cada vez que pasaba por un vidrio espejado o por el hall de algún banco movía el paraguas despacio, para asegurarse de que lo que veía solo fuera un reflejo. Así, como cuidándose de algún posible Drácula, llevaba su vida normalmente. Su vida era Augusto. Augusto había quedado en estado vegetativo hacía mucho tiempo y ella era la única que lo visitaba. Mi hijo no puede estar solo pobrecito, si no lo cuido yo no lo cuida nadie, Dios lo bendiga me tenga piedad Virgencita santa, pobrecito, decía. En el hospital ya la conocíamos, iba día por medio. Le hablaba, le leía cosas, le secaba la baba. Una vez se alteró completamente y armó un escándalo: lo encontró todo cagado y se puso como loca... bueno, estaba loca. Después de ese griterío todos lo tenían bien cuidado al pibe. Sí, sí, era un pibe, casi un nene, o por lo menos era un nene cuando lo internaron. Lo cuidaban tanto que ella apenas si tenía que acomodarle un brazo que la enfermera le dejara torcido o tratar de sacarle ese gesto de muerte que tenía, una expresión que se le marcaba mucho más a la mañana. Alguna vez me pareció tétrico el pobre, parecía que el mismo lugar en que está condenado a dormir fuera necesariamente el lugar donde lo encontrarían muerto, como un vampiro con su ataúd. La cosa es que un día, casi al mismo tiempo que ella llegaba, se despertó. Es muy raro, pero sí, se despertó. |
Estas cosas casi nunca pasan,
bueno, no pasan y punto, pero pasó. Se sentó en la cama,
pálido, y se puso a hablar con alguien. Entonces entró ella
y cuando lo vio se puso a llorar. Un doctor que estaba ahí fue
y se la presentó, por decirlo de alguna manera. Se la recordó.
No, esa no es mi mamá, yo a ella no la conozco. Y dio el nombre
de alguien, de otra persona, que después nos enteramos que era
realmente su madre. Ella estaba roja, pero roja de odio, o de algo, dicen
que tenía los ojos inyectados, que se parecía a la muerte;
con el paraguas golpeó un espejo que había en la pared y
lo astilló, y con una astilla quiso cortarse las venas. No solamente
quiso, se las cortó, llenó el piso de sangre; pero qué
lugar menos adecuado para suicidarse que un hospital. No sé por
qué me quedó muy grabado en la mente que lo que le salía
de los cortes no parecía su sangre, mas bien parecía la
sangre de otra persona, como si se la hubiera sacado a alguien. Agustín
Vispo (MDP) |
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Padre final. Ceniza con sentido
MARÍA DEL MAR ESTRELLA |
Amor guerra
Días oscuros luchan Su vida es noche Gimen de dolor No sienten corren en el tiempo OCTAVIO MORETE |