Llovía Diego Orcoyen - (Mar del Plata) Llovían despaciosamente, callados e indiferentes, tristes silencios y pequeños grises de quietud. Llovía. La enredadera que servía de abrigo a la casa estaba mojada, también la tierra, también yo. De pie, al borde del acantilado atisbaba el furioso y ensortijado oleaje del sacro mar. Era julio de frío y hojas secas al viento; mi vida se encontraba a cientos de kilómetros de mi alma, perdida entre las ruidosas callejas de una ciudad de cadáveres en frenesí. Había escapado, pero no del todo. Llorando, con mis brazos en cruz, puse un pie sobre el vacío y abracé el perfecto silencio de la eternidad y el absoluto. Seguía lloviendo... |
Torrente Martín Arregui - delapalabra - (MDP) Con un dedo. El que está al lado del gordo. El fachista. No sólo usurpa lugares sino que llora. Rompe el molde de los dedos para fruncir verdades. Rojo de verdad y no azul como él y los demás creían, rellenó un tubo. Agitó con viseras y mareos. Violó sin pedir permiso ni perdón a la lapicera que se vio virgen y prostituta. Con un dedo sin manos ni gemelos desgarró hojas. Bautizó renglones hasta poder decir con palabras lo que el corazón dejó. |
CRITERIOS ESTÉTICOS OSCURA IMPUNIDAD Los cadáveres impunes de la muerte mecen mi desierto cuerpo sin rostro c onocido. Soy un capitán de fuego al mando de tus tenues llamas ... Leo tu poema en la soledad de nuestra habitación. Llevo años sin comprenderte. Por más intentos que haga no logro sentirme parte de tu mundo, de tu “éxtasis de belleza”. Y sin embargo cada vez que leo algo que escribiste y veo tus ojos expectantes, no se me ocurre qué decirte. Lo más puro y sensato que algún día te dije fue: qué lindo. Y me miraste con tal desencanto y odio que me olvidé hasta del abecedario. No pude decirte más. Tantas discusiones tuvimos sobre el tema y sobre esta cama. Y no aclararon nada. No nos tendieron un puente de comprensión y además me dejaron sin sexo por semanas. Me hablás de “impresión estética”. ¿Qué es? Escribís “los cadáveres impunes de tu muerte mecen mi desierto cuerpo”. Y yo no entiendo nada. Me decís que no hay que entenderlo, solo sentirlo. Y leo “Soy un capitán de fuego al mando de tus tenues llamas y tu luz sin sol”. Y me da frío. Frío de helado y ansiedad. Pienso en un cucurucho doble de tiramisú y amarenna. Y me decís que soy un cavernícola retrógrado. ¿Que querés? ¿Qué entienda eso de “Atmósfera decadente que arde sin calor como leña en un patio olvidado de nosotros”? Por lo que yo sé la combustión produce calor, y humo. Poco o mucho pero lo produce. Y eso de la atmósfera decadente ¿qué es? ¿atmósfera de geriátrico?¿pasada de moda?¿será por el humo? ¿Y ese patio olvidado de nosotros? Ahí si que te agarré. Es una |
personificación. Un ente inanimado (patio) realiza un acto propio de una persona (olvidar). Básico, Watson. Literatura de tercer año. ¡Grande profesora Hebe de Gargiulo! Ahora entiendo para qué me sirvieron los veinticinco libracos que nos hizo leer y analizar en un año. Mío Cid ¡sos mi héroe! Conde Lucanor ¡cuánto te extraño! Si habré puteado a la Celestina y a la profesora. Pobre mujer. Cómo me persiguió con los recursos literarios y las metáforas.Y yo que sólo leía El Gráfico. Pero volviendo a lo nuestro, no hay caso. Lo de “Moribundas ráfagas de memoria que encandilan mi último día”se lo afanaste a Víctor Sueyro y las “Maldiciones eternas de lamentos sin voz” me dejaron atónito (¡guau, qué léxico tenemos!). Pero lo de “En mi nacimiento mi crepúsculo infierno te odia” lo pesqué. El crepúsculo es rojizo y el odio se me figura que también, por lo rojo de furia ¿no?¿Ves que algo nos entendemos?. Y sigo “Amaneciendo tu resplandor se me esconde claramente”. También lo agarro. Lo que no pesco es porqué amanece si es tu crepúsculo. Y después decís “Oscuro es tu recuerdo que aproxima sólo cambios desnudos”. Eso está espectacular. Hasta lo entiendo yo. Amanece claramente y el recuerdo es oscuro en el crepúsculo rojizo que cambia durante el día desnudando al capitán de fuego que guía tu vida muerto de frío como leña sin llama que se quema pero no quema en un patio olvidado del mundo mientras las ráfagas de memoria te encandilan. Ráfagas. Sí, pero de olvido y una caja de gomas Dos Banderas para vos y tu poema. Y ya estoy poniendo el canal de deportes. Y que te entienda tu capitán. Gustavo J. Araujo - delapalabra - (MDP) |
Davyd Ulises David I Sólo cuando el verbo es asesinado, 1- —AMANECE, y el cuerpo se dilata hacia la salida del sol. Todo comienza con luz, y termina con ella y en ella... [ella es mi agujero brilloso]. ¡Si!, ella es mi agujero resplandeciente del tamaño de lo adimensional, o Ain Soph Aur [la luz de lo ilimitado], la luz ilimitadamente luminosa del Dharma-Kaya [clara luz primordial]. U-1. II Aunque sea doloroso... admitirlo, 1- —EL INFINITO esboza melodiosamente dolor, agujereando la necesidad humana desde lo profundo del sostenimiento, y caotizada de piel y alma, la carne ya está dispuesta y presta, a comerse el animal que en ella añida... Y que sonríe por debajo de cada respiradero de espíritus errantes y preguntones, acerca del color que tiñe y sostiene nuestras realidades, que extrañadas juguetean y circulan como dignas merecedoras de un castigo eterno del color de la miel [¡Negro David!, ese es el color de esta hambruna]. Así es, negro es el color de este pueblo desesperado por comerse. |
2- —Un sonido [mantra] de pacífico y abrumador... se dice canto [hare], silencio [nirvana], y verborragia [samsara], y en medio de la enfermedad desencadenante de Dios, la verba [palabra] se dialoga sin parar hasta deshacerse del arrepentimiento. L-2. III Es así: 1- —¡DIME, DIME! Arma con las palabras algo más hermoso que los ojos, es que ha de ser un asura [demonio] apagado que se llora, como la naturaleza se dice viva o, como el grito proviene desde algún lugar ahuecado de la sabia humana. Alrededor de tantas muertes moribundas e inrecordadas e incoloras para la memoria peregrina que yerra... cuando no quiere enterarse de aquello, todo lo cual se percibe demasiado real [tan lejos amigo/a, tan lejos]. ¡Tan lejos!, que me largaría a llorar frenéticamente con tal de que el horizonte se contraiga en mí. 2- —Me/moría... y que con tanta pasión viola el cuero de la madre, elaborando sistemáticamente el delirio de un falso recuerdo, se carga con su alma y sin más, se decreta respirarse en el aliento enloquecido y lleno de la bruma de un Elohim [ángel] endiablado, que socorre en ayuda de las lágrimas. — ¿Dónde esta mi ángel Davyd?, ¿dónde esta eso? |
El eterno Jorge Garri Lo de tajearme el cuerpo vino después. Cuando descubrí la forma de perdurar por siempre, fue; de perpetuarme, no tener fin. Pero en la eternidad comencé a pensar de chico. Poco después de cumplir los siete años, mi abuela, que vivía sola, enfermó y la trajeron a casa. Ahora sé que no era tan vieja pero para mis ojos de entonces era una anciana. La recuerdo con el pelo blanco siempre recogido en un rodete con una peineta de carey, una pañoleta tejida sobre los hombros, zapatillas de abrigo y vestida íntegramente de negro en un eterno luto que la añejaba aún más. Cada noche le armaban una camita a los pies de la mía. No vivió mucho más mi abuela. Una tarde no se sintió bien y temprano la acostaron en mi cama. Tenía mucho frío, recuerdo que murmuraba, y después se durmió. Esa noche, para no molestarla a mi me acostaron en la camita que le armaban a ella. Mi abuela murió mientras dormía. Por la mañana me sobresaltaron los gritos de mi madre llamándola y agarrándole las manos. Tuvo la mejor de las muertes, oí decir a alguien esa tarde. Hasta ese entonces no sabía que había muertes peores y muertes mejores. Todas me resultaban terribles. Aún hoy. Lo cierto es que a la noche siguiente antes de acostarme me puse a pensar: ¿y si la muerte me buscaba a mí y sin querer yo la había engañado al cambiarme de cama? Después de horas de pensar y pensar esa misma madrugada armé un bulto con ropa, lo acomodé sobre el colchón, lo cubrí con la frazada y dormí sentado en el sillón. Y volví a engañarla. Mi plan dio resultado, por la mañana seguía vivo. |
Fue así que cada noche, en mi afán por evitarla, empecé a dormir en un lugar diferente: sobre la alfombra, en el placar, en la bañera, dentro de los armarios, sobre la mesa, bajo las sillas, donde sea; y de vez en cuando, para despistar, cada tanto dormía una noche en mi cama y a la noche siguiente volvía a repetir los otros lugares, siempre alterando el orden anterior. Mis padres me llevaron a médicos, psicólogos, psiquiatras... Me dio igual, jamás dormí dos noches seguidas en el mismo lugar. Han pasado más de veinte años desde entonces y hace casi ocho que ya no estoy en casa, lo sé porque desde que me trajeron acá, cada semana me hago un tajo en el cuerpo para llevar la cuenta. Un tajo a la semana, cuatro tajos al mes, cuarenta y ocho tajos al año. Trescientos setenta y siete tajos llevo; el último fue hace tres días. Con una piedra me los hago, con un vidrio, un clavo, una chapa, un azulejo, con lo que sea y si no encuentro nada me arranco un pedazo con los dientes. A veces me atan a la cama o me encierran en cuartos acolchados o me duermen. Lo de acostarme dos veces seguidas en el mismo lugar ya no me importa. Desde que empecé a tajearme descubrí que soy eterno. Tan eterno como el luto de mi abuela. |
Suicidio involuntario Beatriz Pezzati El hedor mezclado con acaroína que hay en la sala de espera, es solo una breve reseña de lo que sigue en el pasillo y en los consultorios del hospital. Cuerpos encorvados por el frío y el hambre, ojos desnutridos, son las almas que esperan ser atendidas y aliviadas de sus males, que recurren buscando salvación esquivando a la muerte. En la administración no hay secretaria, ella toma mate con la nueva asistente social, que anoche buscando su nombramiento, pernoctó con la doctora jefa de servicio. Hay una enfermera cada 36 camas y en la cama número 37 duerme la enfermera después de 48 horas de guardia. En la lista de ausentes están, el médico, los materiales descartables, la anestesia, bisturíes gasas alcohol, guantes, vendas, el esterilizador y el personal de limpieza. En el quirófano del tercer piso, ella esta tirada sobre la camilla al borde de la muerte, envuelta con un nailon desde la cintura hasta los pies. Y los médicos apuestan dos a uno que se queda en la operación. Horror, hedor, sudor, luces, frío, barbijos verdes, desesperación y material quirúrgico sin esterilizar... El hedor de la sala de espera es solo una reseña del espanto que viene después. ¡Como será entonces cuando el hospital esté de paro! |
Barquillos Beatriz Pezzati El barón y la baronesa comieron barquillos en el buffet. La base era brindar con la brillante belleza, cuyo brazalete parecía una brújula,ponerse las batas blancas de toalla y con la batería llena, beneficiar la bondad de la baronesa. Burlón el barón boxeó al borracho bullicioso. Bohemio se sintió, besó la blancura de la baronesa y en un benéfico acto bailaron y se balancearon en la bañera, barón y baronesa hasta el amanecer. |
La anunciación Vilma Brugueras . <vilmabrugueras1@yahoo.com.ar>– (Miramar) Hace frío en este día del año en donde el sonido del mar no se apaga por los ruidos del verano. De vez en cuando se le acopla el de alguna hoja pisada al descuido. Para María que camina apretando el aire helado los cien metros que la separan de la parada del colectivo se transforman en una cuenta regresiva: cincuenta y nueve …la calle desierta sólo guarda su paso. El deseo la apura para llegar a casa, a los brazos de José que sabe medir sus tiempos y sus ganas, que se amalgama a ella para ser integrante de su cuerpo. Cincuenta y ocho, cincuenta y siete, cincuen …Desde atrás una fuerza le atrapa los brazos, otra se le pega a la boca dejándola sin respiración. Lo demás sucede en minutos sin tiempo. Un peso de humillación y congoja la derrota contra el piso; las palabras que laten en su boca caen en el interior de la garganta tragadas por el pánico, cierra los ojos con fuerza para no ver lo que siente, la fetidez de un aliento brota entre voces de lascivia y asco, amenazas y latidos que le redoblan en el pecho. Un golpe en la cabeza se apiada del conocimiento. Despierta sola, maltrecha. Compone la ropa como puede y sale a la calle. A través del espejo empañado de los ojos, roto en minúsculas partículas que reflejan el espanto, un calidoscopio demencial en blanco y negro gira cada vez más rápido. En él ve la puerta por donde salió, la casa deshabitada, la facultad, la parada del colectivo… ta y seis, cincuenta y cinco. |
Los faros se detienen frente a ella, asciende y se oculta en los asientos del fondo; se acomoda equilibrando el dolor, los oídos zumbantes todavía por las palabras escupidas en ellos, las emociones en desbande, precipitadas. Los pocos pasajeros que apenas ve están envueltos en sus propios pensamientos, ella, en uno sólo: llegar a casa. Ni con la ducha insistida hasta enrojecer la piel, ni con calmantes encuentra sosiego. Rueda entre sábanas revueltas sin poder tomar decisión: hablar o callar. Su relación con José comienza a saberle a engaño. A veces, en la entrega, balbucea un -José. Pero la respuesta -¿Qué, mi amor? le diluye el intento de confesión en -Nada, que te quiero. Hay momentos en que irrumpen en su mente, como flashes, sensaciones de náusea, imágenes de una mano que le derrota los labios, de un brazo que aprieta los suyos y la arrastra en cuenta regresiva hacia un horror inyectado de profanación. Giran la figuras de la mente mostrándole una puerta que alguien cierra de un puntapié, una forma que la abisma más hondo que el ras del piso, hasta el límite del infierno; una mujer que, a tientas, recompone la ropa, busca la carpeta con apuntes, el bolso, los pasos en la noche, una goma que borre lo acontecido. Hay tibieza en el aire. La primavera trae el renuevo de los árboles. El recuerdo del invierno queda aletargado en el espacio del silencio. María ya no cuenta los pasos regresivos. Desde la revelación suma, y suma también el engaño cuando se la anuncia a José. |
Prólogo belicoso (o beligerante) del profesor Aldo Orso al libro de poemas “El canto de la mujerosa” de René Villar Gustavo Olaiz - delapalabra - (Pehuajó en MDP) Transcribiré aquí, a modo de advertencia a los incautos que han adquirido este libro, la conferencia que el Profesor Aldo Orso dio en el Centro Cultural La Rada (Jujuy 1673 MDP) en marzo del 2004. El profesor tituló la charla como Crítica no autorizada sobre la voz poética de René Villar (o algo parecido). Y dijo lo siguiente: |
A las cinco de la tarde 1 Se ha puesto acentos para mostrar la pronunciación probable náhuatl (palabras graves mayormente). |