Avispa 27 Ensayos

Juan-Jacobo Bajarlía

 

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1.-) Juan-Jacobo Bajarlía
Nacido en Buenos Aires, y a los 90 años de edad se produjo el deceso del poeta, cuentista, ensayista, novelista, dramaturgo y el mayor referente en nuestro país del movimiento estético literario llamado de vanguardia.-
Fue el mayor de 5 hermanos, hijo de padres de gran posición económica, pero con frecuentes altibajos financieros, a raíz de lo cual a los 12 años vendía medias por los bares para contribuir al sustento de la casa. A los 17 años ingresó en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, y luego se trasladó a La Plata donde completó sus estudios, especializándose en Derecho Criminal.
Fue uno de los introductores del vanguardismo en la Argentina. Formó parte, en 1944, del Movimiento de Arte Concreto-Invención , junto con Gyula Kosice, Edgar Bayley, Carmelo Arden Quinn y Tomás Maldonado, entre otros. Entre 1948 y 1956 dirigió la revista literaria Contemporánea . En 1983 dirigió la revista Referente/el Ojo que mira (de la cual apareció solamente el primer número.)
Sus primeros libros que datan de los años 40, Prohombres de la argentinidad y Romances de la guerra , fueron excluidos de su bibliografía. Los artículos que escribía para otras publicaciones, los firmaba como Jean.-Jacques Bajarlía.
Dramaturgo e investigador de alta literatura, realizó también numerosas traducciones del francés, italiano e inglés, incluyendo autores como el Aretino , el marqués de Sade , Kandinsky y Jean Tardieu y La lección , de Ionesco, que Francisco Javier puso en el Festival de Arte Dramático de Mar del Plata, en 1956. En 1963 fue leído, en el Teatro Los Andes, su drama de ciencia-ficción Los robots . Este drama , tragedia mecánica , como lo llamó el autor, data de 1955.
Ha escrito novelas policiales con el seudónimo de John J. Batharly . Entre sus antologías publicadas, Cuentos de crimen y misterio (1964), posee un estudio preliminar sobre lo fantástico y policíaco en las literaturas universal y argentina.
Los cuentos de este gigante de las letras, una estructura en la que se mezclan lo fantástico, la ciencia-ficción y la metafísica, integran varias antologías.
Hopkins, desde Berkeley, dijo que « sus máquinas del tiempo dejan de ser instrumentos mecánicos para convertirse en dimensiones metafísicas ». Antonio de Undurraga consideró que la dimensión metafísica de Bajarlía introducía en el cuento fantástico “ una línea mas allá de lo metafísico, lo fantástico y la ciencia-ficción». Referido a su obra poética, La Gorgona (1953) fue traducido al alemán por Ilse Lustig, en 1953. Nos ha legado, además, Estereopoemas (l959); Canto a la destrucción (l968); Nuevos límites del infierno (l972); El poeta y el exilio (l990) y El poema de la creación (l996).

Formó parte de la Asociación de Artistas Premiados Argentinos «Alfonsina Storni» (APA) como redactor exclusivo.
Como periodista cultural fue colaborador del diario Clarín y director interino del Suplemento Literario. Actualmente colaboraba en los diarios La Nación y La Prensa de Bs.As.; La Gaceta de Tucumán y el Suplemento Cultural del diario La Capital de Mar del Plata.
En permanente actividad creadora, Juán-Jacobo Bajarlía escribía además, para “Las 2001 noches” (Argentina-España); “Idearia”, publicación de Rosario y “ Apofántica ” revista-libro de Mar del Plata. de la cual fue uno de sus fundadores.

 

 

2.-) “Si algún día te ofrecen una opción, no pidas el deseo. Pide la luz”
Cuando el poeta compareció a la luz, era tierra que andaba multiplicada de signos que sólo hallaban la oscuridad.
“El día aún era noche en el átomo.
Crujía en el signo y se movía arrastrando los bloques/ de silencio que la edad había sepultado.
No había abajo ni arriba. Lo que estaba a la izquierda/ estaba a la derecha y en todas partes.
El centro era todos los centros en un círculo que/ buscaba los números”. (Frag. de Poema de la Creación)
Los temas y núcleos temáticos de la obra de Bajarlía responden a sus obsesiones más profundas;
Todos ellos centrados en una semiosis que se despliega a través del destino del hombre. Incluso la libertad como fundamento, y la justicia como una de las formas de la felicidad. Dentro de esta justicia el hombre es libre para oponerse a toda clase de opresión. Si ha nacido libre (siempre se nace libre) también es libre para elegir su destino. “En mi obra de poesía o prosa, en mis ensayos o en mis narraciones fantásticas o realistas, el hombre sigue siendo el dueño de sí mismo. El único límite es la opresión y el despotismo”, ha dicho.
Leopoldo Marechal, en el prólogo de Historias de Monstruos , escribía: “Bajarlía se nos presenta como un zoólogo de la monstruosidad en tanto que ciencia: el ha rastreado en la historia de ayer y en la de hoy las huellas de esas criaturas que ha engendrado el hombre como paradigmas de sus ensueños o delirios.
“Bajarlía, además de un erudito en la materia, es un artífice que ha instalado su Museo con la gracia viviente del Arte”.
Nuestro Jean-Jacques, dialogó con el misterio que persigue al hombre; formuló las preguntas y obtuvo las respuestas; y creyó en la semejanza del poeta con un árbol, que en vez de crecer y morir en profundidad, crece y se pierde en las alturas.

 

Stella Alvarado. Exclusivo para « La Avispa »

Escribir
( notas borrador / metáfora sobre metáfora )

D. R. Mourelle - La escritura como arte - (Buenos Aires)

Aprendizaje venido del descubrimiento. Cuando en acción, suspende parte del espectro abarcado por la mirada, lo oscurece, lo cual obliga a mirar de otro modo, por entre pliegues. Esta suspensión cambia el paso del diálogo interior, ofrece un ritmo nuevo al pensar, lo pone a su disposición. Este paso nuevo del diálogo interior, junto con el oscurecimiento de parte del espectro abarcado por la mirada, no se hace sentir salvo indirectamente, como si ocurriera en otro lado ; la mirada deja de ser un sentido tradicional, el pensamiento se presenta como ruido a descifrar. La lectura completa ; pero, de no ocurrir, pensamiento y mirada seguirían de todos modos por el camino que iniciaran, solidarios con el movimiento inherente al escribir, movimiento que es el escribir. Aun sin lectura, la cual siempre es posterior, estos nuevos movimientos del mirar y del pensar acuerdan una lógica que se afirma en e impulsa latraza. Estos movimientos se recuerdan como vividos en un sueño aun cuando la lectura posterior del texto producido los empape de significado ; y, al igual que los sueños, dejan una impresión fantasmal, ajena, desde la acción en sí misma, a la lógica del dicho significado. Estos movimientos no son subjetivos ni objetivos, continuos ni discontinuos, funcionan dentro de, o amparados por, un imaginario que se sostiene gracias a la promesa de sentido entramada en todo texto, promesa que la lectura hará cumplir:

como dice Sollers, de la Divina Comedia : «Dictado del sentido que permite ir significando», dictado que se enuncia a sí mismo, o, también, que las distintas intervenciones del autor —como actor, y como lector en potencia— dan como resultante que se refleja y traza sobre sí al mismo tiempo que hacia adelante. Estos movimientos producen lenguaje dentro del lenguaje, latraza viene limitada por un lenguaje, no se trata de grafismos al azar, esto es : no completamente al azar, se incrustan en el azar de una lengua en particular, y esta lengua en particular viene incrustada en ellos como necesarios al impulso que los mueve. Aquello que el sueño no permite sacar fuera de sí, aquello que el movimiento vivido como sueño no puede pronunciar —porque la lectura está suspendida—, se funde con latraza favorecida por la ausencia de sentido similar a como una corriente de agua es atraída hacia las partes más bajas del terreno por donde pasa : ¿ley del menor esfuerzo o embalse donde la energía se acumula hasta ser liberada? ; esta liberación ocurre, en el texto, con la llegada de la lectura. Resaltemos, por las dudas, que ley del menor esfuerzo no es lo mismo que ley del sin esfuerzo, tampoco que el esfuerzo vaya a ser escaso ni, mucho menos, pobre. Tales movimientos, los que acompañan a la vez que impulsan el escribir, por estar saturados en la atmósfera del sueño, no son memoria ni son olvido, pero, dado que no son ajenos al principio de incertidumbre, dejan la sensación de haber visitado un país que les ha impuesto, como condición para el regreso, no poder contar lo visto allí salvo indirectamente, como escenario presenciado entre la niebla, crónica de una metáfora. No se trata de que el autor determine el escribir, tampoco que siga los dictados de otra voz —musa, ángel o demonio— ; el escribir es movimiento independiente, latraza va hacia latraza, la escritura proviene de movimientos reflejos, se escribe para sí, desde y hacia sí, a sí misma.

La función o transformación de los poetas

Salomón Valderrama Cruz – (Perú)


La flor amarga que es figura esbelta
Está pariendo a su hijo el esperpento
Aquel que erigirá en el propio llanto
La flor que será la materia muerta
De Las flores negras

¿Existe algún papel para los poetas en la actualidad? Me refiero, no a la acción de escribir y exponer un mundo íntimo en la hoja en blanco o en el ordenador vacío, sino al papel de cambiar y ordenar la realidad, la nueva realidad, la posible realidad. La que indefectiblemente nos sumerge o conduce a la reducción de recursos necesarios para sostener la vida (todas las variantes posibles de las plantas) como la conocemos y concebimos: nuestra vida. O, en paralelo, para sostener el equilibrio vital (el ciclo de interrelaciones), se encarga, la naturaleza sabia tiene que extinguir alguna forma viva (especie cuyos recursos carecen de espacio, de espaciotiempo) para que radicalmente no se extingan cuatro o dos o tres. La misma realidad (realidad = naturaleza) que asume el rol de transformar los organismos (evolución = adaptación = mutación) para los nuevos ambientes (biotopos) más hostiles, más inhóspitos para las otras especies no partícipes de la transformación; a veces radical (una gran explosión) o a mejor cuantía y adaptabilidad, proceso paulatino y lacerado (deseo o función eutanasia). Pero, claro, es algo que no es nuevo sino que viene copulado a nosotros desde la primera vez que un hombre definió o remarcó el espacio o territorio que podía habitar, tal o, esa especie. El principio de los, aparentemente, inofensivos corrales. Corral para las vacas, las ovejas, corral para los cerdos... corral, reserva natural o parques ecológicos, corral o prisión para los criminales, corral u hoguera para los herejes; corral, bloqueo económico o exilio para los opositores; corral, medios de comunicación (paneles, revistas, periódicos, radio, televisión, teléfono, internet...) o bombardeo constante de estupidez mecanicoreflejo o reflejomecánico (condicionamiento = necesidad repetida y asumida verdadera). Entonces, ¿cuál es la función de los poetas? ¿Asumir lo inevitable y proseguir la senda de los microprocesadores, de las ingentes metrópolis automatizadas, del futuro y ya deducido mundo que prosigue: biotopos = biorobots (ínfimos, pequeños, grandes, ingentes naves estelares donde se vivirá y vivirán las futuras sociedades), humanoides (entes, cosas que asumirán funciones de preparación y reparación de los contextos o mundos donde está o irá el nuevo hombre...) Es que está todo evidente: la manera como en estado y estatus desesperado se consumen y crean los nuevos medios y formas de alimentación. Sólo haciendo una analogía de primaria se puede comprender qué va a suceder cuando el planeta azul esté como China o India; pienso que así como ellos, desesperados, por que lo están, sino porqué tan barato la mano de obra, y su producción en sí (a pesar de la calidad). La deducción de esto es que el hombre, por algo, está realizando investigaciones en otros planetas. Claro, no es secreto que en un futuro, no tan lejano, únicamente podrán gobernar aquellos que controlen los medios vitales (agua, vegetales, animales, energía solar o semejante en celdas de retroalimentación...), los agentes naturales que permiten la vida y a su vez son los que más peligro corren de contaminarse, de volverse simple y ordinaria tierra (estéril = muerta). Esta es la razón por la cual empresas del mundo entero están en la pugna por lo último en tecnología genética (sincrónica y diacrónica). Acelerar el proceso de producción (un crecimiento óptimo en el menor tiempo posible) y mejorar la calidad del producto (hacerlo inmune a los agentes patológicos y abarcar lo más posible en volumen y beneficio). Es que las poblaciones así lo exigen; parece ser que, a pesar de todo (guerras, epidemias y catástrofes naturales), más son los que nacen que los que mueren. Si no cómo nos explicamos el monstruo total de la población mundial (en algunos lugares más densa que en otros).

Así tenemos cebollas y papas que superan el kilogramo, manzanas y plátanos que ya no se malogran, lana y algodón de color rojo o verde (naturales o, mejor dicho, modificados)... Aves que crecen en 45, 30, veinte días solamente (dos kilogramos y a la mesa y al estómago y a la sangre y al ciclo alterado); y se está investigando para que este espaciotiempo, todavía extenso, se reduzca a su mínima expresión. No me extrañaría que en un tiempo, no previsto, se conciban aves en un instante (como si atravesaran puertas, en el tiempo, de su normal desarrollo y estabilidad). Todo por propulsión genética (los motores del presentefuturo). Pero no es todo y solamente la necesidad de alimentar más rápido sino que está la, un poco olvidada y vital, necesidad (implícita) de poder morir más rápido. Por supuesto, es lo más lógico; un ente viviente al que se le altera su ciclo vital (natural) de desarrollo óptimo, también se le modifica su ciclo de muerte óptima. ¿Qué arrastrará esto? Ya lo sabremos, o ya lo sabrán los especialistas en alteración y aliteración genética (si es que no lo saben ya, los filosofobiólogos o biofilósofos). Yo, puedo proponer, que un ciclo de óptimo desarrollo, implica, un consumo de una cadena de desarrollos, también, óptimos (aclarando que, en realidad, con el matematismo de la genética nunca se sabe). Pero, qué pasa con un consumo de una cadena alterada (crecimiento forzado y raudo), acaso, no será posible, también, asumir en la cadena más grande (el que aproveche ese alimento) una alteración irreversible en su óptimo desarrollo; algo así como que, paulatinamente, su aprovechamiento y crecimiento, también, sean más rápidos y así una vida más corta. Lo que estaría, directamente, afectándonos a nivel genético y masivamente, desapercibido, hasta que será tarde. Es, singularmente, una hipótesis que puedo elaborar de tan gigantesco y muy complejo mundo. Al mismo nivel y con igual particularidad, me pregunto y cavilo sobre este mundo enigmático de las computadotas y el Internet (universointernet); siempre me sorprende la posibilidad de almacenar y trasladar tanta información junta de un lugar a otro (a veces me parece infinita). Pero pienso y veo que no es cierto, sino que todo radica en la contrariedad, paradoja, de que (un posible), en un instante la capacidad binaria del símbolo se pierda o simplemente cambie por sí misma (en el lenguaje de las computadoras) a otro código; a una especie de lenguaje, todavía, no viable de interpretar.
Para ser directos, la posibilidad de esta red cerrada o cíclica de conjugar un virus de tal manera que ningún programa de traducción funcionara. ¿Qué sería del hombre moderno? Sólo de pensar me causa pánico, ya que, si bien, yo no soy o no sería el afectado directamente, sí lo sería en vía indirecta; ya que estoy tan acostumbrado como cualquier hombre moderno. Aunque hay algo que me salva o nos salva; ese callado, fiel y verdadera puerta de lo infinito que es el libro. Sí, el libro que se vuelve joya cuando las explosiones llegan y expanden su poder electromagnético. El libro en todas sus posibilidades y formas: el libro conjugado en un papiro o pared egipcia, el libro depositado en tocapus o quipus incas, el libro o semiótica de los tatuajes o simple y hermoso libro de la Biblioteca del Congreso de Washington. Aunque en la realidad, o modo de vida diaria, en el año 2005 todos, o casi todos, consumimos alimentos modificados genéticamente en vías directas (por los genes) o indirectas (por los agentes que se usan para cultivarlos). Además, todo esto surgió de una de tantas charlas con mi hermano, quien propone: El asunto de las guerras, no obstante parezca descabellado, es algo que tiene que ver con la naturaleza. Sí, me refiero a que la sabia, madre, naturaleza crea estas guerras para controlar la población mundial; y no como dicen por ahí, para vender armas y aniquilar al enemigo.
Bueno, cierro así por que éste es un artículo poético, aunque desborden los límites absurdos o no tanto; esto, creo, más discutible que todo lo anterior, ya que se opondría a pensadores tan geniales como Schopenhauer o Nietzsche, a ya saber, esto es para otro artículo.

Salomón Valderrama Cruz nace en abril de 1979 en Chilia, departamento de La Libertad (Perú). Realiza estudios en la Universidad Nacional Federico Villarreal y Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Aparece su primer libro de poemas Encrucijada el año 2002 y, en el 2003, Anemómetro.
Ha sido publicado en revistas de Perú, Argentina, Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Estados Unidos, México, El Salvador, España, Puerto Rico y Alemania.

Avispa 27 Dar la cara

Contar con el lector

Elba Tesoriero

La forma de la esfera, cóncava o convexa, depende del lugar en el que está ubicado quien emite el juicio. Cuando se es parte de la cosa el proyecto es cóncavo. Lo contiene. Es parte de la homogeneidad de su redondez. Si está afuera le es ajena. La ve convexa.
Aunque no lo parezca esto tiene connotación con la escritura.

El que narra inventa a través de sí mismo lo que recibirá el lector, que a su vez aplicará el IVA (impuesto al valor agregado). Quien lea algo que “lo atrape” pasará a formar parte de ese algo. De ahí surge la necesidad de orejas que tenemos los escritores. Sin lector el círculo no cierra. Así como él nos acepta con nuestra mochila, completa nuestra historia través de su interpretación. Sólo cuando el lector haya transcurrido sobre nuestra materia prima, el producto estará terminado. Por eso el que escribe debe estar dispuesto a aceptar la crítica, es decir, que el lector vea la obra cóncava o convexa.

Que ce soit dans la nuit et dans la solitude,
Que ce soit dans la rue et dans la multitude,
Son fântome dans l'air danse comme un flambeau.
Charles Baudelaire

Tamara Soledad Rutinelli - (La Plata)


Los espejos, han dicho, trampa irremediable, son el espacio que la fe habita, inagotable fuente del decir haciéndose. La mirada recorre el espacio delineando figuras, construyendo visiones, edificando iglesias, religión para los desposeídos. No es vana, han dicho, la semejanza trazada con la capacidad imaginativa, tejido del tiempo, memoria. Los espejos son aquel jardín, han dicho, en que la presencia de lo que la visión del alma expone en pinceladas augustas, ausenta la presencia inabordable del marco. Los espejos, han dicho, nombramiento de lo ilusorio, clasificadores de lo cognoscible, manifestaciones de la bifurcación del ser, son, no más que la mera representación global de una realidad más basta, más profunda.
Aquellos que muestran y se demuestran objeto divino, que se vuelven hacia la claridad de lo que se es a partir de los límites que el vidrio demarca no son Espejo. Hablo del silencio, claro, de lo que no se llama, han dicho, de lo que no se nombra, del Espejo.
Espejo, han dicho, es no saber que existe tal. Espejo, han dicho, es su ausencia objetual. Espejo esta allí donde la mística inaudita, donde la no percepción de los límites. Espejo es creer, creer que eso otro que se nos enfrenta, no es construcción visual, no es refracción del propio espíritu, han dicho. Espejo es éxtasis, hallarse a salvo del conocimiento del círculo que por el propio centro pasa para repetir mil veces lo propio. Espejo es la ceguera del omnipotente, la inalienable potencia de los otros y del yo como seres verdaderamente objetivos. Espejo es la feliz no percepción de la imposibilidad propia, la ignorancia, han dicho, de las distancias entre la visión y lo que, fuera de ella, existe entre las palabras y las cosas. Espejo es poder no sernos otros. Espejo, han dicho, es la eterna inocencia de la infancia, es la suavidad del ingreso al sueño acaracolado.

He vivido en el Espejo, mi vida ha sido Espejo, mi preciada imagen, el mundo estaba ahí, han dicho, para todos, la posibilidad era su centro. Por las noches la imagen en cuclillas susurraba en mi oído... he creído tanto por dios.
Existe un día en la vida en que el milagro ocurre, han dicho. Todo es espejo, hermetismo, solipsismo, más hay un día, han dicho, en que el milagro de la mueca torcida ocurre, el lanzamiento de los monstruos pedregosos en mano de algo secreto, olvidado atleta de la desventura. Quizá el cadáver de los años, la mano gigante del tiempo, la muerte, claro, las muertes. Entonces se agrieta el aire, el espacio se ahueca, los ojos se encuentran consigo mismos, vidrioso el cuerpo, las líneas lo recorren todo, pobre ancianita, han dicho. Entonces se mira a través de las grietas, en la espera desajustada de amables presagios, encontrar la imagen y su voz de caricia. Entonces el cuerpo y el espacio llueven plegarias. Entonces la novedad, amarga y desconsoladora del objeto, la intuición insoportable de las diferencias, la noción y la visión global del devenir vital, la necesidad de mayúsculas y minúsculas para auxiliar a los necesitados.
Han dicho que ya no he creído en nada, que la imagen me observa desorientada, que su canto filoso me hiere, que detrás de cada palabra intuyo la burla circular. Han dicho que la patria, la leve memoria de las percepciones pasadas, se me ha derrumbado desmentida en el desencanto del milagro negro, del desencuentro fortuito. Han dicho que me es necesario haber nacido para haber sabido que no tendría que haberme nacido nunca. Han dicho la desesperación de los ojos bien abiertos, el insomnio perpetuante, la visión atormentada, el testimonio inmanente de las grietas. Han dicho mi sobreviviente amor por la imagen, tristemente sólo mía, amor tortuoso, quebrado. Han dicho la soledad y los espejos, la triste visión de las cajas chinas, los fragmentos distanciados de mis años muertos bajo la intuición de los nombres. Han dicho como la imagen, del otro lado, todo el tiempo, llora, la irrealidad doble.
Espejo mío, triste ficción del alma vacía, ¿por qué?.
Carrozas oníricas, me han partido y me han llegado, no soy, yo no soy.

(texto publicado en Mundísimo nro 3)