Avispa Nº 27 - Poemas

Merienda

En el parque
(derruido por la carcoma del otoño),
los amantes roen sus dientes
cuando agotaron la gota del último beso
con sabor a vísceras.
Un anciano desnuda acacias
tratando de hurgar en las raíces
el negado bocado.
Aquél fémur anónimo
convoca perros callejeros
-que lo disputan-
para prohibirles la indulgencia
y autorizarles la mutua deglución,
desde el gruñido al rabo.
Entre tanto,
el Hambre lame sus dedos de plástico.
Yo comienzo por mis uñas,
sigo por falanges
hasta llegar a la muñeca.
Es tiempo de racionar todo,
inclusive la jurisdicción
de mis lagrimales.
Es que debe quedar algo de mí
(al margen de mis sobras)
cuando llegue la vejez momentánea.
Ahora
- durante este degustado adverbio -
una manifestación de nubes
( famélica de luz )
toma por asalto al Sol
y lo devora.

Julio Alfonso - (Mar del Plata)

Campos de otoño

Dioses han caído
Túneles de carbón conectan los cementerios
Una cobarde neblina opaca
Y los ladrones excavan los cimientos
Ayer las manos azules
Sonreían póstumas
...si para hablar de nervios
deben entender de glorias

Gastón Insaurralde
poesías de su libro “Lo Uno” - (Tucumán)


Mar de nubes

ASTROS
Tal como los contempla el hombre
HOMBRES
Tal como los contempla el astro
MUERTES
Tal como las contempla el miedo
MIEDOS
Tal como los contempla el que no sabe
MARES
Tal como los contempla la nube
NUBES
Tal como las contemplan los mares

Gastón Insaurralde
poesías de su libro “Lo Uno” - (Tucumán)

Cien pinceles


100 pinceles para tu cara
todas las flores para tu olor
todas las mariposas que flotan la mañana
para poder tu mirada
todos los vientos para tu voz de camalotes
flotando en la luna
y sólo yo para tu distancia,
retrato absoluto de la soledad.

Jorge Lemoine y Bosshardt
<masterdam@speedy.com.ar>
(Mar del Plata)

De “El Sexo de Dios” (Ed. Patagonia, 2005)

de boca en boca
tu libertad inquisidora
juega en mi garganta
rojo roja raja
boca de piedra habitada boca abierta
boca mía boca de nadie
este es el juego
el anillo imposible
mi libertad de hipocampo
game over


Soledad Davies
(Comodoro Rivadavia)

Urdimbre

Tener del sastre el molde de tus telas
con el borde de tu boca recortarme
encontrarte el corazón e inflar las velas
que con besos comiences a tatuarme.

Solo una manta y el cielo precisamos,
aunque no tengo tu nombre bordado
el puerto que aun no bautizamos
tiene la pasión del viento huracanado

De surcos paralelos y sedes compartidas
las gargantas están secas
las caricias no borran las heridas
pero tu vientre, ay! tu vientre, paloma perfecta.

Mi memoria tus sabores reconoce
y al caminar mi mano por tu cuerpo
enloquecidas las caderas en el roce
por el beso de tus pechos a mi boca

Un solo cuerpo en la fragua de tus piernas
aprietas, sueltas y das forma
escultura única y eterna
encerrada en tus labios se transforma.

Vasco Baigorri
(Aristóbulo del Valle - Misiones)

Tu mirada

Sí... Tú allí estás...

Mi alma es un destello de tu mirada
Que en el abismo de la noche enciende
El ascua de la claridad.

El destello de tu mirada
Atraviesa los espacios,
los cuerpos y galaxias.
y todo se trasluce.
Peñascos y montañas se diluyen
como hielos al caer al mar.

La presencia de tu mirada
penetra hasta el fondo de mi ser
y todo yo me siento,
espíritu y materia,
como un pétalo que yace
sobre el candor de tu piel.

¿Por qué Tú puedes tanto
Con la luz de tu mirada
Que al llegar hasta mi alma
Creo ser ya parte tuya?

Es... porque Tú allí estás.

Carlos Minucci
Del grupo Literario del Club Pueyrredón
Coord. Esmeralda Longhi Suarez

Hondo

No hay rastro
ni centro
Entre rumor y latido
los ojos persisten en matices
Sólo preguntas desde la cima
Hábito fatigado
sueño puntual de nadie
La puerta abre hacia adentro
nudomundo.

Beatriz Silva
- <bettybombini@hotmail.com>
( delapalabra - MDP)

- Ocaso -

                Sigilosas manos sepultan el sol,
                trajinan humildes ígneos escenarios,
             sangrientos desenlaces barriales,
                cimientos de la luna.
                Ancestrales manos atraviesan la altura infinita
                encendiendo viejas lumbres estelares,
                incógnitas irresolubles.
             Dedos misteriosos siembran
                un beso cálido, errante, amigo,
                frecuentador de dolientes arboledas
                y encrucijadas negras.

                           Mariano Orcoyen - (Mar del Plata)

René López, ahí vienen los barcos
 

Ahí vienen los barcos, René  
el barco ebrio de Rimbaud  
la goleta Jordania que se lleva a un tal Pessoa  
la nave alejandrina con el apóstol Pablo  
Ahí vienen René los fantasmas  
                    \ que quieren llevarte a cruzar la estigia  
                     \ a volverte un animal atroz y sonoro.  
                      \ Eres el novio peregrino de la nada y  
                       \ las aguas han dibujado tus miedos, tus rencores  
           
Ahí vienen  
   
Surcan las costas de La Habana se quedan a la deriva al sotavento  
        \ que revienta la boca de los ahogados y la arenisca de los arrecifes  
         \ forma collares de cieno y sobresalto   
           
Vámonos, René. La que hace señales es la blanca novia  
             \ del rendido amante 

Reynaldo García Blanco - (Cuba)

En llamas

Sangre y sal. Sal de sudor, de lágrimas caídas.
Sangre de su sangre corre por sus venas,
brota por su vagina, por sus heridas abiertas, delatoras.
Ella es su propio delator.
Vestido fino y lujoso: sedas y gasas rojas convertidas en harapos.
Sus pies, garras rasposas,
se prenden del suelo para saberse en su centro.
Brasas revueltas, el pelo enmarañado.
Una virgen caída del altar mayor. Dolida, maltrecha, moribunda.
Virgen de cera.
Hembra prostituída, con dientes que muerden la venganza,
con moretones que laten cual corazones a la luz.
Sangre y sal. Sangre de su sangre.
Huele a terror: mezcla de grito y locura.
Ojos de gata, vientre de gata, pura furia.
Hipnótica avanza en la noche,
vendedora carcomida por el fuego, de cópulas.
Puta enloquecida, anestesiada;
salvaje momia de lunas poseídas por los demonios.
Esclava de orgasmos que huye por la oscuridad dormida,
vestida para quemar a los que pretendan poseerla.
Una serpiente que se enrosca en los cuerpos
hasta asfixiarlos de placer.
Puro grito, pura furia.

Vivi del Villar - (Chacabuco)

Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo (9)

El escalpelo
se aproximó
al sueño

Lo amenazó.

*
Son infinitos
los olvidados.

*
Hoy en todo el día
no logro inferir
quién en mí
se dice «yo».

*
Ridículo
no me has abandonado

Ridículo, compañeril
¿por qué no me has abandonado?

*
No río
ya no soy el hombre que ríe

Y que es.
*

Todos
lo que soy
disentimos.
*
En mi ciudad
¡qué repugnancia!:
todos venden.

*
Los elogios me empequeñecen

Sin elogios soy de mi tamaño:
pequeño.
*
Sapos me comí
argentinos

Efectos me constriñen
fauces y costillas

El odio concomitante
es una excrecencia
un impuesto.

*
Me retiré a tiempo:
en el pináculo de mi anonimato
renuncié para siempre
a la notoriedad.
*
Perdóname
tú tampoco sabes lo que haces.
*
La vida no me da
ni frío ni calor
La muerte, en cambio
me da calor

Y achucha.
*
Te deseo
Suerte.
*
Se incluyen
gusanitos
en nuestra
procesión.
*
Se la buscó
mi puñalada

A la tumba se lleva
su encuentro.

Rolando Revagliatti
Pertenece a la serie: Poesía:
«Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo»
(Capital Federal)

www.revagliatti.com.ar