| LOS POEMAS DEL SALVAJE
JOEL JOVER
Editorial Acana, 2002 CUBA
Como en un viaje a través de sí, Najok, hijo del Oso, hace frente a la desnudez del invierno para encontrar aquella semilla que se incrustó en la tierra para ser raíz y génesis. A medida que avanza, el joven se separa del Padre y aparecen, desnudos ante sus ojos, la mujer, el padecimiento, la lealtad, la injusticia, los recuerdos que llagan y aquellos que enaltecen. Pero Najok ya no puede volver a sus ancestros; tampoco puede dejarlos, aunque a ellos deba “el arco y la dirección de la flecha”. Najok, hombre ahora, sabe de su valor y le llega el tiempo del debe y el haber hecho poema.
En esta búsqueda, tampoco Najok sino su demiurgo, Joel Jover reconoce su ser partido; dos en cuerpo y alma, lejanos de la verdad de ser uno para poder dar vida. De esta manera no puede sino aguardar a que otro tenga la piedad de nombrarlo por su nombre, antes de que la muerte, sin recato ni pudor, se muestre como un perro o quizás como una mujer para devorarlo eternamente innominado. Kantiano, con el quién soy a roce de labios y sostenido por todas las demás preguntas posibles, en Los Poemas Del Salvaje , el hombre se descubre como el único ser que tiene conciencia de su muerte y aun así, capaz de seguir subiendo piedra a piedra por una vida que jamás llegará a comprender. Así de simple. Y de profundo. Como la Poesía de Joel Jover.
Marcela Predieri - delapalabra@hotmail.com
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MORADOR
de CARLOS ROBERTO PEREZ
Poemario de un joven escritor de la Patagonia, exponente del «Percepcionismo Literario» -movimiento cofundado por el autor- como reza la contratapa del libro. En él nos entrega su palabra con la cual nos habla primeramente del fundamento de su trabajo acerándonos a su pensamiento con estas voces. ...»escribir poemas es morirse un poco en cada verso», «las nuevas visiones de la realidad caen como las esperanzas ante lo inevitable», « ¿Quién me puede explicar el efecto de los sonidos del alma?
Encontrarnos hoy con un poeta joven es como retomar el origen, viajar a la semilla. Nos da luz y ruptura. Su decir, nunca silencioso, es oscuro e incisivo, lo lleva a buscar un camino en este hoy brumoso. En él confluyen, en intensidad, búsquedas y encuentros de un ver propio y de ineludible verdad. Los espacios de su poesía oscilan del aire metafórico a la raspante realidad metonímica. Su palabra dibuja por sí misma los pasos que sigue el poema para convertirse en música ácida: «El habla de Bach/ mientras fundía sus ojos,/ en torrentes de hiel/ más corrosivas/ que el metal». En el hacer del poema nos propone lo visible y vivible: «El cartel brillante/ que atenta/ a la luna encendida/ en el pavimento». El lenguaje se anilla, se alarga, se arrastra y salta a los ojos de la palabra. Se atreve con el pensamiento poético que va al margen de la reflexión: «...y en el horizonte/ donde nadie lo honra/ se desvanece/ la continuidad/ del cosmos». La acción se vuelve en contra, es un grito, un lamento contra la amarga realidad del vacío del poeta: «A sabiendas del abismo/ arrojé las flechas/ dentro suyo/ y el grito salió/ desesperado a mi encuentro».
Los poemas de Carlos Roberto Pérez crean al otro que es y desconocemos. Nos brindan -yeso es bueno- lo más intenso de una pasión que alienta como acto revelador.
Vilma Brugueras - Miramar
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