Avispa 26 Ensayos

MOVIMIENTO LITERARIO MISIONERO (1985/2005)

Escribir sobre el movimiento literario misionero de los últimos veinte años, es una forma de conocernos, por lo tanto de entendernos y finalmente, quizás, comprendernos. Esa es una difícil tarea pero cuando lo hagamos recién podremos empezar a construirnos.
Nombraré lugares y escritores que no conocen, los mencionaré a modo de referencia. Pretendo referirme al movimiento y no a los autores pero también trataré de mostrar a la Misiones literaria de hoy que tiene mucho que decir.
Pocos podrían dar nombres de escritores misioneros, yo soy incapaz de nombrar más de dos o tres autores rionegrinos, porque en general no nos preguntamos a qué provincia pertenece el escritor que leemos, a lo sumo su nacionalidad. Pero resulta que no tenemos las mismas vivencias y el compartirlas hace estos encuentros mágicos.
El punto de partida es 1985, el país hacía apenas dos años que se había sacudido la dictadura militar, no digo entrado en la democracia porque todavía estamos en camino hacia ella, mientras mueran niños desnutridos no habrá democracia.
Cuando la Feria Provincial del Libro en la ciudad de Oberá cumplía seis años, Raúl Alfonsín asume el poder hasta 1989, desde allí tendremos a Carlos Menem hasta 1999, cuando el grupo AVE, uno de los más antiguos vigentes de la provincia, realizaba su primer encuentro de escritores, luego De la Rua, un par de momentáneos presidentes, seguirá Duhalde, y llegamos a Kirchner en el 2005.
¿Cómo reflejó estos cambios la letra misionera?, la provincia más pequeña del país, la única con fronteras internacionales en tres de sus cuatro lados, actuó como hizo siempre salvo honrosas excepciones, tal el caso de Alberto Szereter, sin compromiso alguno, como pasó en la mayor parte de las provincias.
Mientras la nación se debatía tratando no sólo de encontrar una salida sino de encontrarse a sí misma, la mayor parte de los poetas y escritores misioneros – como en casi todas las provincias del país con sus connotaciones propias - siguieron haciendo una literatura paisajista, ocupándose del rojo de la tierra, el mate, el agua, el monte y pintando a algunos personajes, aunque por supuesto el amor también fue tema. No hubo, siempre generalizando, un acercamiento hacia el erotismo. Esto recién se ve en unos pocos escritores en los últimos años.
En cuanto a grupos, hubo un intento de creación de la Sociedad Argentina de Escritores Filial Misiones (SADEM) a cargo de García Saraví, antes de que Marcial Toledo tomara la posta y se concretara definitivamente. Fue su época de oro.
La librería “Moira”, de Toledo, fue lugar de reunión informal, ubicada primero en la actual galería del City y luego más abajo sobre Colón. Allí estaba por ejemplo Raúl Novau quien recibirá este año el premio “Misionero de las Letras” con justicia otorgado por el grupo posadeño Misioletras.
La revista «Juglaría» dirigida por Antonio Rodríguez (del Instituto Montoya) publicó trabajos de mucha gente, especialmente jóvenes, de algún modo fue un «movimiento». Por entonces se formó «Trilce» (Marcial Toledo, Alberto Alba, Julio César Perié y otros) no era exclusivamente literaria sino de arte en general. Lo mismo podría decirse del desaparecido “Grupo Arandu” creado mucho después,
¿Dónde está esa gente que lograron nuclear? Algunos, fallecidos como Toledo, Amable, Martínez Alba, Jeanneret, Dachary, Szretter, Cossy Issasi y algunos más. Hay quienes se fueron de la provincia. Otros, eran escritores circunstanciales; publicaron algo y después dejaron de escribir.
El poder de convocatoria de la SADEM, evidentemente, se perdió. La misma SADE central ya ni existe, le queda el nombre, y es un tema que a los porteños no les preocupa, por algo surgió la SEA.
Mientras tanto la Feria Provincial del Libro sigue realizando, con un durísimo esfuerzo y con muy poco reconocimiento oficial, su evento anual, el vigésimo noveno tendrá lugar en Julio de este año.
Los grupos del interior surgieron no solo por esa falta de convocatoria y representatividad, sino por propia necesidad de nucleamiento, de compartir, de escuchar y ser escuchado. Y eso es lo positivo. No es Posadas la cabeza del movimiento literario misionero sino una parte integrante del mismo, los gru pos se han fortalecido con la experiencia lograda entre todos. La permanente autocrítica de los encuentros lleva a buscar superarse en el próximo.
En la primera quincena de mayo de 2005 se presentaron siete libros, a razón de uno cada dos días, todos del interior de la provincia, ninguno con apoyo oficial. Esto muestra la fuerza del movimiento literario y sus concreciones.
Es necesario marcar algunos límites, aunque claro, éstos no son precisos. Es imposible decir hasta tal día fue así, como que cuando escribimos no decimos, creo, voy a ser vanguardista o moderno.

No existe en el movimiento literario misionero una vanguardia entendida como un movimiento que se aparte de los gustos tradicionales de su tiempo, hasta los últimos cinco años. En este quinquenio aparece en escena y gracias a una organización provincial, me atrevería a decir, única en el país, una corriente distinta, joven. Esta organización – de absoluta simpleza - no depende de ningún organismo oficial ni está escrita en ninguna parte, se mantiene y existe por una cuestión de respeto mutuo entre los ocho grupos literarios misioneros. Cada uno de ellos tomó un mes en el año para realizar su encuentro. Una conocida revista digital, Misioletras, un trabajo extraordinario que cada día mejora, es el medio de comunicación que los mantiene informados de las actividades no sólo provinciales.
Esto viene al caso porque no podemos hablar de un sólo movimiento literario misionero, sin entender que existe un antes y un después, que así como hay quien cultiva el haiku, hay una poesía urbana, otra que no pertenece a las grandes ciudades que aun siendo citadina no se la puede considerar urbana. No escribe igual un joven de 17 años posadeño que otro de San Vicente. Hay otra que camina en una senda mixta porque Misiones tiene una cultura aluvional, provocada no sólo por la inmigración europea y fronteriza, sino también por la migración interna. A Misiones llega gente de todas las provincias, y por supuesto entre ellos hay quienes necesitan de la letra para expresarse.
¿Porqué esa organización tuvo mucho que ver en el desarrollo literario misionero?, porque a partir de esta sistematización los encuentros dejaron de ser hechos aislados sin solución de continuidad, a veces superpuestos. Los participantes pueden escuchar diferentes formas de expresión, crecer con el intercambio, conocer a escritores de otras latitudes. En Aristóbulo del Valle, en el encuentro del 2004, del Grupo AVE el que integro, hubieron expositores desde La Pampa hasta la República de Cuba y Brasil. Perú estuvo presente en Iguazú, Bolivia en San Vicente. Esto muestra un incesante interés de crecer.
Misiones presenta dos eventos muy especiales, uno, del cual no se conocen precedentes, el Encuentro Presencial y Digital de Escritores - Septiembre en Aristóbulo del Valle - , allí los escritores de otras provincias y países participan enviando vía mail un poema, que es leído en las mesas de lectura, de tal manera nos han acompañado escritores de lugares lejanos permitiéndonos escuchar voces distintas; venciendo así la cuestión económica que no permite viajar. El otro, aunque no es una creación misionera, hoy es la única provincia que tiene una Feria Itinerante del Libro Artesanal.
Las revistas literarias también aportan al movimiento cultural misionero así como hay una digital, ya nombrada Misioletras, existen otras dentro del continente clásico y fascinante “EL PAPEL”, están “Garganta del Diablo” de Iguazú, “La Viga Poética” de Oberá y “Quimera” de Eldorado.
En líneas generales la poesía se mantiene mayoritariamente en la rima y el soneto, aires nuevos se sienten y estamos conociendo trabajos de poesía libre de altísima calidad. Muchos escritores ya no tienen a la selva como única o principal inspiración, y así podemos leer a Olga Zamboni, Hugo Skupien, Saramayo, Chesi Hobus, Tupac Fernández, Marirro Amengual, Walter Tresols, Vanessa Vargas, Mónica Idzi, entre otros.
Hay una poesía desconocida, que vive oculta y respecto de la cual pocos se han preocupado. La poética del pueblo Mbya Guaraní. Un grupo humano que entiende que el hombre es la palabra y ésta es poesía. Ellos hablan utilizando expresiones poéticas, por ejemplo al decir “la luna nueva se lava la cara” (Jasy ra'y ojovahéi hinat) en su referencia a las grandes lluvias o pueden orar diciendo:
Yo invoco a tus hijos que redimen el decir
y en ellos pongo mi confianza
Concédeme grandeza de corazón
grandeza de corazón que nunca más se bifurcará
Su poesía es casi estrictamente religiosa, no me extenderé en ella porque no tengo preparación suficiente para hacerlo, sería una falta de respeto tanto al lector como a los Mbya Guaraníes dueños de esa selva cuya diversidad inspiró a tantos blancos y que hoy corre el riesgo de transformarse un desierto de pinos.
Cuando la posibilidad de editar o de conocer por algún medio la literatura del país sea factible no para algunos pocos, entonces Misiones tendrá mucho que mostrar.

Lic. Vasco Baigorri - (Aristóbulo del Valle - Misiones)

 

 

Agradezco la especial colaboración de la Prof. Olga Zamboni y Rosita Escalada Salvo para este trabajo.

La mirada femenina
en la literatura argentina (1980-2005)

Por Francisco Romero (Chaco)

 

 

El lugar de percepción, escucha, lectura y escritura cambia decisivamente la interpretación y el sentido de lo observado, oído, leído y escrito. Vamos a internarnos en lo indecible histórico, en lo indecible cultural, en lo indecible propio u ontológico de la condición humana en un tiempo y espacio precisos, pero lo haremos a través de una mirada diferente, desde las marcas de esa otredad que aparece con fuerza en la literatura argentina precisamente cuando orillaba el fin de la dictadura militar y empezaba a balbucearse la reapertura democrática. Esa otredad es la fuente nutricia de la mirada femenina.
Vamos a dejarnos conducir en este viaje estético e histórico no por un Virgilio sino por los versos de una Ariadna poeta, Ana María Donato1  :
Creación
«El juego quizás sea ponerse
en el centro
de uno mismo y mirarse como
quien mira un espejo
sin marco
también se puede optar por el contrario
(un marco sin espejo)
lo importante
quizás esté en el gesto
en el movimiento de esa masa de energía
que te permite encontrar
todavía
el otro lado de la página en blanco
entonces, también quizás,
esa pesadilla,
la del abandono de la palabra
no exista.»
Ana María Donato, Holocaustos y Salvatajes .
Sonidos y dibujos
«Nace la tarde
(tu tarde)
en el desollado
cuerpo
que camina a paso lento
Dibujando otro horizonte aparece
un colibrí y bebe
en la cascada barroca patinada
de olvidos
esa misma pátina que puedes ser vos
sin colibrí
ni agua
Entonces eliges
deslizarte
por el interior de ese
zumbido
disparada por la intensidad
del leve plumaje
y eres vos y el pájaro
el leve pájaro
picoteando
cuello
labios
nuca
vientre
(el mapa de la antropofagia erótica
circunvalando
la imago mundi de tu inequívoca
historia personal)
zumbando mantras
para conjurar el olvido
como mordisco nocturno
mientras la tarde cae
sobre el mítico
río
de tus angustias
latinoamericanas.»
Ana María Donato, Holocaustos y Salvatajes .
El origen de esta charla hay que buscarlo en el poder subyugador de un milenario río de relatos orientales, que primero fue rodando de boca en boca y de oreja en oreja hasta alcanzar el primer papiro, los ojos y la lectura. O mejor dicho, parte de la culpa de que yo esté hoy acá para hablar con ustedes sobre mujer, violencia, erotismo y escritura (y de la mirada femenina en la literatura argentina actual), hay que adjudicarla a mi pasión por Las mil y una noche y en especial por su narradora, Scheherezade. El resto de las responsabilidades las comparto con Juan Gelman y Luisa Valenzuela.
En fin, la secuencia de lecturas que me fueron conduciendo a mi interés por la literatura argentina escrita por mujeres en las últimas dos décadas, no se explica a través del principio clásico, es decir, no puede entenderse y por ende relatarse a partir de un orden cronológico.
El iniciador de esta historia es el poeta Juan Gelman. Recuerdo que en una contratapa2  de Página 12 respondió con una sola palabra, con un nombre de mujer, Scheherezade, a la tan consabida pregunta de qué es la literatura. La literatura según Gelman es Scheherezade . Estoy completamente de acuerdo. Porque Scheherezade elige poner en riesgo su vida, exponerse a la muerte tan segura hasta ese momento, porque casarse con el sultán –insaciable en su sed de venganza contra la mujer que lo engañó, perpetrada noche a noche contra todas las mujeres de su reino- equivalía a amanecer cadáver. Pero tiene el coraje de poner el cuerpo porque conoce el arte del relato y el poder de las palabras. Porque sabe narrar para no morir y para que no mueran otras, porque sabe mantener en raya al señor de la muerte. Símbolo de la vieja voluntad de no morir que en el libro se desdobla en pliegues sucesivos, nos dice Gelman. “La prolongación de la vida noche a noche gracias a la capacidad de narración de la presuntamente efímera sultana, siempre en el umbral de la decapitación, habla de la eternidad de la palabra y de su infinito paralelo al del tiempo”.
Y no puedo dejar de evocar entonces un verso memorable de “Arte poética” de Gelman: “ Nunca fui dueño de mis cenizas, mis versos, / rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte”.
La narración como voz y perspectiva femenina, como tratamiento del lenguaje y punto de vista. El poder de las palabras frente al señor de la muerte, poner el cuerpo porque hay un discurso que lo funda y sostiene. Eso en fin, quería decir Gelman, lacónica y poéticamente, que es la literatura.
¿Cómo continúa la secuencia?
La secuencia ahora me acerca lecturas sobre una poética tanto narrativa como lírica con fuerte presencia en los ´60 y primeros años de los '70, la poética de la narración de los cuerpos, fundada en un erotismo configurado a partir de la mirada masculina. George Bataille, figura intelectual clave para entender el concepto de erotismo entonces vigente, hegemónico, sostiene que el principio radical de lo erótico está dado por la puesta en escena de la violencia básica y constitutiva del coito, ejercida por el varón. Y el cuerpo femenino es el lugar donde esa violencia se lleva a cabo. Por esa época relatar las experiencias de los cuerpos en pugna equivalía a intentar mostrar cómo a través de lo sexual, en forma privilegiada, se revelaba también o sobre todo, el ejercicio violento del poder. Quince años después, asomados ante el abismo de las experiencias que el terrorismo de estado había grabado en los cuerpos, desaparecidos o sobrevivientes, a la pregunta de cómo narrar lo indecible quedará por lo menos en claro que ya no se podía hacerlo como casi dos décadas atrás. Surge entonces otra narración o relato de los cuerpos y otro concepto de erotismo, más conocido como neoerotismo, concebido ahora como poética y manifestación del deseo como impulso vital básico, como ruta de exploración y autoconocimiento, donde lo sexual y sus ritos y símbolos son fundamentales pero no excluyentes, es decir, no alcanzan por sí solos para comprender la verdadera dimensión del deseo. En todo caso, ya veremos, se trata de otro modo de impugnar al poder de los señores funestos de la muerte.
Pero vayamos por partes. Antes de todo esa revelación, mi secuencia de lecturas presenta la confrontación entre dos relatos límites, uno histórico, que en realidad era una burda ficción, y el otro ficcional, que en verdad es un conmovedor testimonio literario y político de cómo hablar de lo indecible respetando la inteligencia del lector. Por un lado, entonces el relato metáfora por excelencia de la dictadura militar, el de la patria enferma, cancerígena, en el quirófano; por otro, el de un magnífico cuento de Luisa Valenzuela, La Llave , considerado como la narración clave, fundadora, en nuestro país, de la poética de la mirada femenina.
La patria como cuerpo de mujer joven en el quirófano. No habla, no tiene voz propia, es culpable por acción u omisión, por dejarse penetrar y corromper.
La llave de Luisa Valenzuela
Una muere mil muertes. Yo, sin ir más lejos, muero casi cotidianamente, pero reconozco que si todavía estoy acá para contar el cuento (o para que el cuento sea contado) se lo debo a aquello por lo cual tantas veces he sido y todavía soy condenada. Confieso que me salvé gracias a esa virtud, como aprendí a llamarla aunque todos la llamaban feo vicio, y gracias a cierta capacidad deductiva que me permite ver a través de las trampas y hasta transmitir lo visto, lo comprendido.
Ay, todo era tan difícil en aquel entonces. Dicen que sólo Dios pudo salvarme, mejor dicho mis hermanos –mandados por Dios seguramente–, que me liberaron del ogro.
Me lo dijeron desde un principio. Ni un mérito propio supieron reconocerme, más bien todo lo contrario.
Los tiempos han cambiado y si he logrado llegar hasta las postrimerías del siglo XX algo bueno habré hecho, me digo y me repito, aunque cada dos por tres traten de desprestigiarme nuevamente.
Tan buena no serás si ahora te estás presentando n la Argentina, ese arrabal del mundo, me dicen los resentidos (argentinos, ellos).
Aun así, aun aquí, la vida me la gano honradamente aprovechando mis condiciones innatas. Me lo debo repetir a menudo, porque suelen desvalorizarme tanto que acabo perdiéndome confianza, yo, que tan bien supe sacar fuerzas de la flaqueza.
De ésto sobre todo hablo en mis seminarios: cómo desatender las voces que vienen desde fuera y la condenan a una. Hay que ser fuerte para lograrlo, pero si lo logré yo que era una muchachita inocente, una niña de su casa, mimada, agraciada, cuidada, cepillada, siempre vestida con largas faldas de puntilla clara, lo pueden lograr muchas. Y más en estos tiempos que producen seres tan aguerridos.
Dicto mis seminarios con importante afluencia de público, casi todo femenino, como siempre casi todo femenino. Pero al menos ahora se podría decir que arrastro multitudes. Me siento necesaria. Y eso que, como dije al principio, una muere mil veces y yo he muerto mil veces mil; con cada nueva versión de mi historia muero un poco más o muero de manera diferente.
Pero hay que reconocer que empecé con suerte, a pesar de aquello que llegó a ser llamado mi defecto por culpa de un tal Perrault –que en paz descanse– el primero en narrarme.
Ahora me narro sola.
Pero en aquel entonces yo era apenas una dulce muchachita, dulcísima, ni tiempo tuve de dejar atrás el codo de la infancia cuando ya me tenían casada con el hombre grandote y poderoso. Dicen que yo lo elegí a mi señor y él era tan rudo, con su barba de color tan extraño... Quizás hasta logró enternecerme: nadie parecía quererlo.
Cierto es que él no hacía esfuerzos para que lo quisieran. Quizá por eso mismo me enterneció un poco.
No trato este delicado tema en mis seminarios. Al amor no lo entiendo demasiado por haberlo rozado apenas con la yema de un dedo. En cambio de lo otro entiendo mucho. Se puede decir que soy una verdadera experta, y quizá por eso mismo el amor se me escapa y los hombres me huyen, a lo largo de siglos me huyen los hombres porque he hecho de pecado virtud y eso no lo perdonan.
Son ellos quienes nos señalan el pecado. Es cosa de mujeres, dicen (pero tampoco quiero meterme por estos vericuetos, hay sobre el tema tanta especialista, hoy día).
Digamos que sólo intento darles vuelta la taba, como se dice por estas latitudes; o más bien invertir el punto de vista.
Desde siempre, repito, se me ha acusado de un defecto que si bien pareció llevarme en un principio al borde de la muerte acabó salvándome, a la larga. Un “defecto” que aprendí –con gran esfuerzo y bastante dolor y sacrificio– a defender a costa de mi vida.
De esto sí hablo en mis grupos de reflexión y seminarios, y también en los talleres de fin de semana.
Prefiero los talleres. Los conduzco con sencillez y método. A saber:
El viernes a última hora, durante el primer encuentro, narro simplemente mi historia. Describo las diversas versiones que se han ido gestando a lo largo de siglos y aclaro por supuesto que la primera es la cierta: me casé muy muy joven, me tendieron lo que algunos podrían considerar la trampa, caí en la trampa si se la ve de ese punto de vista, me salvé, sí, quizá para salvarlas un poquito a todas.
Hacia el fin de la noche, según la inspiración, lo agrando más y más al ogro de mi ex marido y le pinto la barba de tonos aterradores. No creo exagerar, de todos modos. Ni siquiera cuando describo su vastísima fortuna.
No fue su fortuna la que me ayudó a llegar hasta acá, me ayudó este mismo talento que tantos me critican. La fortuna de mi marido, que naturalmente heredé, la repartí entre mis familiares más cercanos y entre los pobres. Al castillo lo dejé para museo aunque sabía que nadie lo iba a cuidar y que finalmente se derrumbaría, como en realidad ocurrió. No me importa, yo no quise ensuciarme más las manos. Preferí pasar hambre. Me llevó siglos perfeccionar el entendimiento gracias al cual realizo este trabajo con concientización, como se dice ahora.
El viernes por lo tanto sólo empleo material introductorio, pero las dejo a todas motivadas para los trabajos que las esperan durante el fin de semana.
El sábado por la mañana, después de unos ejercicios de respiración y relajamiento que fui incorporando a mi técnica cuando dictaba cursos en California, paso a leerles la moraleja que hacia fines de 1600 el tal Perrault escribió de mi historia:
“A pesar de todos sus encantos, la curiosidad causa a menudo mucho dolor. Miles de ejemplos se ven todos los días. Que no se enfade el sexo bello, pero es un efímero placer. En cuanto se lo goza ya deja de ser tal y siempre cuesta demasiado caro.”
¡La sagrada curiosidad, un efímero placer!, repito indignada, y mi indignación permanece intacta a lo largo de siglos. Un efímero placer, esa curiosidad que me salvó para siempre al impulsarme en aquel entonces –cuando mi señor se fue de viaje dejándome el enorme manojo de llaves y la rotunda interdicción de usar la más pequeña– a develar el misterio del cuarto cerrado.
¿Y nadie se pregunta qué habría sido de mí, en un castillo donde había una pieza llena de mujeres degolladas y colgadas de ganchos en las paredes, conviviendo con el hombre que había sido el esposo de dichas mujeres y las había matado seguramente de propia mano?
Algunas mujeres de los seminarios todavía no entienden. Que cuántas piezas tenía en total el castillo, preguntan, y yo les contesto como si no supiera hacia dónde apuntan y ellas me dicen qué puede hacernos una pieza cerrada ante tantas y tantas abiertas y llenas de tesoros y yo las dejo no más hablar porque sé que la respuesta se las darán ellas mismas antes de concluir el seminario.

arriba

Las hay que insisten. Ellas en principio hubieran optado por una vida sin curiosidad, callada, a cambio de tantas comodidades.
¿Comodidades?, pregunto yo, retóricamente, ¿comodidades, frente a la puerta cerrada de una pieza que tiene el piso cubierto de sangre, una pieza llena de mujeres muertas, desangradas, colgadas de ganchos y seguramente un gancho allí, limpito, esperándome a mí?
Todas ellas fueron víctimas de su propia curiosidad, me dicen los manuales y muchas veces también me lo señala la gente que participa en los talleres.
¿Y la primera?, les pregunto tratando de conservar la calma. ¿Curiosidad de qué tendría la primera, y qué habrá visto?
Es mis épocas de joven castellana prisionera –sin saberlo– del ogro, la suerte, mejor llamada mi curiosidad, me ayudó a romper el círculo. De otra forma tengan por seguro que habría ido a integrar el círculo. La sola existencia de ese cuarto secreto hacía invivible la vida en el castillo.
Se genera mucha discusión a esta altura. Porque yo presento las opciones, y entre todas escarbamos en las opciones, y curioseamos, y nos entregamos a actividades bellamente femeninas: desgarramos velos y destapamos ollas y hacemos trizas al mal llamado manto del olvido, el muy piadoso según dice la gente.
Antes de terminar el trabajo del sábado retomo el tema de la llave, y así como mi ex esposo me entregó cierto remoto día un gran manojo de grandes llaves, yo les entrego a las participantes un gran manojo de grandes llaves imaginarias y dejo que se las lleven a sus casas y duerman con las llaves y sueñen con las llaves, y que entre las grandes llaves permitidas encuentren la llavecita prohibida, la de oro, y descubran qué habitación prohibida cierra esa llavecita, y descubran sobre todo si con la llave en la mano le dan la espalda a la habitación prohibida o la encaran de frente.
El domingo transcurre generalmente en un clima cargado de espera. Las mujeres del grupo me cuentan sus historias, el momento de la llavecita prohibida se demora, aparecen primero las puertas abiertas con las llaves permitidas, las ajenas. Hasta que alguna por fin se anima y así una por una empiezan a mostrar su llavecita de oro: está siempre manchada de sangre.
Hasta yo a veces me asusto. A menudo afloran muertos inesperados en estas exploraciones, pero lo que nunca falta es el miedo. Como me sucedió a mí hace tantísimo tiempo, como les sucede a todas las que se animan a usarla, la llavecita se les cae al suelo y queda manchada, estigmatizada para siempre. Esa mancha de sangre. En mi momento yo, para salvarme, para que el ogro de mi señor marido no supiera de mi desobediencia, traté de lavarla con lejía, con agua hirviendo, con vinagre, con los alcoholes más pesados de la bodega del castillo. Traté de pulirla con arenisca, y nada. Esa mancha es sangre para siempre. Yo traté de limpiar la llavecita de oro que con tantos reparos me había sido encomendada, todas las mujeres que he encontrado hasta ahora en mis talleres han hecho también lo imposible por lavarla, tratando de ocultar su trasgresión. ¡No usar esta llave! Es la orden terminante que yo retransmito el sábado no sin antes haber azuzado a las mujeres. No usar esta llave... aunque ellas saben que sí, que conviene usarla. Pero nunca están dispuestas a pagar el precio. Y tratan a su vez de limpiar su llavecita de oro, o de perderla, niegan el haberla usado o tratan de ocultármela por miedo a las represalias.
Todas siempre igual en todas partes. Menos esta mujer, hoy, en Buenos Aires, ésta tan serena con la cabeza envuelta en un pañuelo blanco. Levanta en alto el brazo como un mástil y en su mano la sangre de su llave luce más reluciente que la propia llave. La mujer la muestra con un orgullo no exento de tristeza, y no puedo contener el aplauso y una lágrima.
Acá hay muchas como yo, algunos todavía nos llaman locas aunque está demostrado que los locos son ellos, dice la mujer del pañuelo blanco en la cabeza.
Yo la aplaudo y río, aliviada por fin: la lección parece haber cundido. Mi señor Barbazul debe estar retorciéndose en su tumba.-
¿Qué clase de puertas abre en nosotros esa llave de Luisa Valenzuela? Apela a la intertextualidad para testimoniar la doble opresión y nos muestra elípticamente una teoría tácita de la lectura como llave comprometida hacia lo indecible personal o histórico. Ejercicio de la propia conciencia voz representada en forma alusiva elusiva en las figuras históricas y literarias de las mujeres transgresoras que restituyen humanidad y con su rebeldía desafían lo absurdo-cruel de leyes autoritarias: Antígona y las madres y abuelas plazas de mayo, Scheherezade y la palabra literaria como disparos en la oscuridad contra la muerte.

Llegamos en este punto a dos hipótesis de lectura de esta nueva narrativa:

  • Por un lado, la ensayista argentina Carmen Perilli buscará las claves de interpretación en las Relaciones entre experiencia, espacio, memoria y lenguaje ( o escritura), atravesadas, por la tensión entre las imágenes de la letra ( cuerpo de la ficción ) y el cuerpo (zona o territorio de escritura o marcación de la historia). Se trata de un nuevo modo de revincular la vieja tensión fundacional de nuestras letras: ficción e historia, literatura y política.
  • ¿Cómo se narran los cuerpos o las experiencias de los cuerpos en los textos de las escritoras argentinas de 1980-2002? Por otro lado, se dirá que el nuevo relato de los cuerpos o sobre los cuerpos, lo indecible de la dictadura militar y los sobrevivientes marcados a fuego por la cultura del terror, encontrará en el neoerotismo y su poética del deseo un nuevo lenguaje para reconstruir los cuerpos prisioneros de tanta violencia y culturicidio.
  • Otra Hipótesis de lectura: “Escribir con el cuerpo”, nos dirá Luisa Valenzuela. Neoerotismo. Poética de la narración de los cuerpos, poética de las marcas que tanto eros como el tánatos de la dictadura y el desencanto, hastío y fugacidad posmodernos grabaron en los cuerpos individuales y colectivos. Reinventar el lenguaje mientras se rememoran las fiestas del cuerpo y el verbo que fuimos, tartamudear el renacer de las palabras rotas en tanto las manos y la imaginación tantean en el silencio y la luz recobrada o semipenumbra de tregua, tejido por tejido, músculo por músculo, hueso por hueso, órgano por órgano, el cuerpo del deseo acallado amordazado desaparecido por tanto tánatos.
Ahora la secuencia de lecturas va encontrando su brújula estética, ética y existencial para no naufragar ni extraviarse en este territorio de odiseas sin orillas a la vista, todavía, o tapada por tanta bruma, que damos en llamar Argentina. Como decía, el primer instrumento para construir la brújula me lo dio la lectura de Luisa Valenzuela. Ella me condujo a tres descubrimientos:
Primero, a las nociones de mirada femenina y género; a las teorías de feminismo de la diferencia, a Derrida y a los conceptos de diferencia, otredad y deconstrucción.
Luego a la comprensión de su perspectiva teórica: el feminismo de la diferencia (cuyos nombres más relevantes son Luce Irigaray, Lucía Guerra, Sigrid Weigel, Francine Masiello, Cangiano y Dubois y Luisa Muraro, entre las más destacadas).
  • Mirada Femenina: “ La “mirada femenina” no es una esencia preexistente y no depende del sexo biológico de quien escribe o lee, es más bien algo a construir, un punto de llegada, un producto histórico, un hito político de características inimaginables hasta que no surge, algo que crece en una práctica social no necesariamente consciente de sí misma, algo –en suma- a lo que pueden acceder mujeres o varones. Entendemos por “mirada femenina” ese punto de vista en el cual la lucha de géneros no se niega o minimiza, sino que queda evidenciada, esa perspectiva que aprovecha el lugar lateral desde donde observa para ver algo que desde un lugar céntrico no se ve. Por lo tanto, la mirada femenina es casi siempre vacilante y contradictoria, es más bien un momento, un atisbo, un ojo bizco que observa, en una sociedad donde las mujeres “ya no” son tan masivamente las que tratan de obedecer a los modelos masculinos que la cultura les obligó a internalizar, pero “todavía no” son mujeres libres de ellos.” 3(Elsa Drucaroff, Pasos nuevos en espacios diferentes).
  • Concepto de género: “un saber sobre la diferencia sexual que no está biológicamente prefijado sino que se va conformando cultural e históricamente y ordena las relaciones sociales. En la articulación del género convergen los símbolos culturales de lo femenino y de lo masculino, las normativas y las doctrinas que interpretan estos símbolos y pautan las conductas, las instituciones sociales, económicas y políticas, y la identidad subjetiva (Cangiano y Dubois, De mujer a género. Teoría, interpretación y práctica feminista en las ciencias sociales , Centro Editor de América Latina, B. As, 1993.

La llave me abrió, en los ochenta y después, durante los infames ´90, la cantera de lectura de otras narradoras (Angélica Gorodischer, Reina Roffé, Ana María Shúa, Libertad Demitrópulos, María Rosa Lojo, Elsa Osorio, Elvira Orpheé, Sara Gallardo, Liliana Heker, Silvia Iparraguirre, Vladiy Kociancich, Graciela Cabal) y así comprobé que casi todas ellas pertenecían a las generaciones sesentistas y setentistas, es decir, las que más habían sufrido en carne propia las marcas del terrorismo de Estado. La marcas del exilio. Hablamos entonces de sobrevivientes, sujetos sociales, históricos y culturales, que sobre todo en el exilio descubrieron en esas teorías del feminismo de la diferencia, no sólo una particular manera de reflexionar y sacar a luz las marcas de la opresión milenaria sobre el género, sino sobre todo, la revelación de que la voz propia emerge cuando se tiene la capacidad de redescubrir en lo indecible histórico, en lo indecible cultural y en lo indecible propio, que esa conquista de la voz propia sólo es posible si se sabe o aprende a mirar, leer, escribir y hablar desde otro lugar, lugar que no sólo es un espacio, sino en especial una ética y una estética diferentes.
Llegamos entonces a las preguntas que terminan de acomodar y explicar mi secuencia de lecturas: ¿ Cómo tradujo estéticamente la literatura argentina lo indecible de la experiencia límite de la dictadura cívico militar?; y ¿cómo esa literatura narra los cuerpos a partir del hiato histórico de la dictadura?
Por supuesto que hay más de una respuesta y que cada una de ellas representa un determinado modo de concebir la literatura. Pero personalmente creo que a partir del abismo nace una nueva poética cuya perspectiva estética se funda en la mirada femenina : elipsis, mirada bizca, ironía, humor, erotismo y desacralización como deconstrucción de los discursos que hicieron y hacen posibles el poder totalitario.
Para ellas, para estas escritoras, escribir en los '80, significó enfrentar una doble encrucijada opresiva.
Quiero compartir con ustedes dos relatos históricos que atestiguan la lucha cultural de la mujer latinoamericana contra la violencia del terrorismo de estado y la estupidez humana.
1976, Libertad: pájaros prohibos, de Eduardo Galeano.
Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.
Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas , recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.
Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas: –¿Son naranjas? ¿Qué frutas son? La niña lo hace callar: —Ssshhhh. Y en secreto le explica: —Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.
1978, La Paz: Cinco mujeres, de Eduardo Galeano.
El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro.
Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Catavi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste:
—Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura.
El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil quinientos los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo y chuleta a la sal, y la risa las alimenta. Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y veintitrés días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto.
Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar.
Invierno de 1921, Puerto de San Julián, provincia de Santa Cruz, el ejército que asesinó a más de 200 obreros patagónicos, que acalló con los fusilamientos masivos las históricas huelgas de 1920-1921, van a ser premiados con prostíbulo gratis por la Sociedad Rural Patagónica, que luego de cantar en inglés “porque eres un buen amigo”, al teniente coronel Varela, a cargo del regimiento represor, decide premiar a sus soldados con el uso a gusto y piacere de las rameras más hermosas del país, afirman, hasta que sus nobles miembros guerreros aguanten. La tarde y la noche, y por supuesto las prostitutas, les pertenecen, dicen los nobles señores de la sociedad rural a su teniente coronel Varela. Y Varela los conduce a los burdeles de Puerto San Julián, pero se encuentra, y sus soldados se encuentran con una resistencia inesperada: Las mujeres prostitutas de San Julián, los ven llegar y ordenan a su madama que cierren puertas y ventanas y le gritan que ellas no se acuestan con asesinos, que conocían a los hombres fusilados , o no los conocían pero los respetaban y que no era de verdadera mujer llevar a su cama a los asesinos del pueblo. Las madamas insisten, pero las mujeres que son argentinas, que son chilenas, que son polacas, francesas e irlandesas, les dicen que no, y cuando los soldados irrumpen a culatazos y bayoneta, los echan a escobazo. Y entonces las mujeres y los hombres decentes de San Julián se encierran en sus casas y maldicen a las prostitutas porque temen la reacción de los soldados. Y las instituciones las repudian y las juzgan y las condenan y expulsan del pueblo y del país. Y yo me emociono –como me emociono con “Los héroes de la Patagonia Trágica”, el magnífico texto histórico de Osvaldo Bayer, en el cual se cuenta esto- y las homenajeo por su notable coraje, a estas queridas marías magdalenas, que no niegan y se atreven a mirar y desafiar lo que otros no quieren mirar ni enfrentar.
Por último, hay dos frases que me marcaron profundamente, son dos gestos y prácticas éticas diametralmente diferentes: Una, nos viene diciendo desde la dictadura cívico militar del '76 “No te metás” –o “por algo será” o “en algo habrá andado”-, la otra arranca desde los mismos años infames, nace de la boca de mujeres, madres y abuelas, porque ante el agujero sin fondo de las desapariciones preguntaban presentándose, QUIÉN TE FALTA y así empezaban y siguen empezando las otras historias que también son las nuestras donde la vida arranca pequeñas derrotas a la muerte. Quién te falta, quién nos falta, me pregunto y les pregunto ahora, Argentina, Mar del Plata, mayo de 2005.
Tal vez la escritura de la mirada femenina sea buen punto de apoyo para enfrentar tamaños interrogantes.

1  Ana María Donato, poeta nacida en Bahía Blanca y residente en el Chaco hace cuatro décadas. Autora entre otros libros de “Las sales y los fuegos”, “Memoria blanca”, “El mar de cada uno” y “Holocaustos y salvatajes”.
2  Juan Gelman, “Voluntades”, Contratapa, Página 12, 9 de marzo de 1997.
3  Sigrid Weigel, “La mirada bizca: sobre la historia de la escritura de las mujeres”, Gisela Ecker (compiladora), Estética feminista, op, cit.

 

Hacia lo fragmentario: apuntes de escribir

No hay lenguaje escrito sin ostentación.
Roland Barthes

Fragmentos ... Hablar es forzar lógica entre fragmentos.
La escritura emerge con pretensión de prolijidad.
El pensamiento se apoya en lenguaje y lo recrea hasta
desordenarlo : blancos, en modo alguno vacíos, acusan
testimonio de velocidad. Aceleran y escapan, dejan
migajas en ciertos casos y, en otros, piedras para
alimentar tropiezos que nos marquen con sus traducciones,
nos desorienten con sus tradiciones, nos enseñen a
mirar con sus traiciones.
=
Una palabra determina un territorio y, ante invasores,
se prepara. Habla, y nada hay mejor. Las rodillas
no le tiemblan. Como primer paso, se libra de su gestor
para blindarse.
=
El tiempo no existe sobre quien se lanza a la conquista.
Lo mismo que la muerte, para los vivos ; una palabra
la trasciende —jamás admitirá que cambia los significados ;
jamás, ser cáscara en espera de la muerte.
=
No hay palabra sin moral : “esto existe y aquello
otro no.” No hay moral sin palabra. No hay estallido
sin una moral de la dispersión.

=
Al hablar, lo que permanece por fuera no existe. Al
callar, la nada reclama sus posesiones. Hubo un tiempo
cuando la Historia se encargaba de llenarlo todo con
sus conquistas. Ahora, después del estallido, cada
buscador debe tamizar con habilidad si es que quiere
extraer su oro. Y, por cada filón exhausto, otro apaciguará
su ansiedad, manteniéndose al acecho. Entre el querer
y el deseo, lo que tira ha quedado en evidencia ;
nadie puede llevárselo todo, así como nadie está habilitado
para abandonar una parte precisa. La lengua imprime
sus tatuajes mediante la caricia.
=
Memoria es lo que va hacia atrás y también hacia adelante,
hacia babor y hacia estribor. El análisis de un texto
—cuando éste despierta el interés necesario e ineludible—
encuentra porqué ésa es su meta. Si dijéramos que
inventa, no sería cierto porque el lápiz que utiliza
para trazar ese nuevo mapa de lecturas ya existía.
No es lo mismo, por ejemplo, leer Lord Jim en una
edición de bolsillo que en una de tapas encuadernadas
y con ilustraciones. De dicha diferencia, trata todo
desentrañamiento, y esto último es lo que se propone
un análisis : develar lo nuevo que hay en lo viejo
y lo viejo que hay en eso nuevo que acaba de ser sacado
a la superficie. Que esto preocupe o no al escritor
quizá no sea la cuestión, ni siquiera que bucee interminablemente
en su propia creatura; pero, a la par, él nunca podrá
quedarse con la última palabra : poner una firma es
cederla al otro. Un autor es eso : el que calla.

Daniel R. Mourelle - Capital Federal

VIDA Y OBRA DE DON AUGUSTO ROA BASTOS

 

*Fragmentos de la conferencia dictada en Teatro Auritorium durante la “Semana del Libro y el Escritor,” “Homenaje Internacional a Augusto Roa Bastos” organizada por SEM.

Un 13 de Junio de 1917 nacía en Asunción Augusto Roa Bastos Filisbert. Teniendo apenas dos años de edad, acompaña a sus padres hasta el entonces pueblo de Iturbe, en el interior de la República. Con tres hermanos más, realizaba correrías infantiles en esos abiertos campos donde sólo el silbato del ferrocarril detenía el tiempo. A este concierto monótono se suma varias veces al día la aguda y desentonada sirena de la única fábrica que alimentaba al pueblo…un ingenio azucarero. Por las noches,…interminables noches sin más luz que el candil de una hermosa luna, su madre Lucía agotaba su cerebro en un permanente inventar de fantasiosos cuentos que lentamente se iban grabando en esas mentes virginales.
Habiendo llegado a la edad de lucir el blanco guardapolvo escolar y ya conociendo de manos de su padre las primeras letras así como algunos esbozos de la Biblia y de las tragedias de Shakespeare condensadas en cuentos cortos y amenos, simples y comprensivos, en los relatos animosos de su madre siempre expresados en el dulce idioma guaraní…dejando ellos volar desde pequeño su imaginación. Sufre con sus escasos 8 años su primer extrañamiento, dentro de la tierra madre,…iniciando de esta manera su continua ausencia de lugares propios y ello quizás haga que nazca en él su permanente vocación de migrante…
Viviría primero en la casa de ese mismo tío y más tarde sería pupilo en el Colegio. Desde allí, poco tiempo después, envió a su madre unos manuscritos que ella le había solicitado, estimulándolo a escribir… los tituló: “ La Carcajada.”
En 1937 publica su primera novela “Fulgencio Miranda”. El diario El País fue el medio por el que denunció sus investigaciones y conclusiones sobre la semi-esclavitud a que eran sometidos los obreros y peones en los obrajes de madera y de yerba, de la época, en el norte de la República. Durante la Segunda guerra mundial, abrazó la idea de la libertad y lo hizo desde una ideología casi-marxista, pero sólo combatió defendiendo sus ideales con la pluma, nunca fue un hombre de barricadas. En 1942 publica su primer libro de poemas “El Ruiseñor de la aurora” y es nombrado Jefe de Redacción del diario capitalino.-
Antes de que finalice la II Guerra Mundial, se relacionó con el Embajador Inglés quien lo invita, a visitar Inglaterra, Llevaba la misión de ser “corresponsal de guerra”. Llegado a Inglaterra, lo invitaron a dictar una serie de conferencias sobre la realidad de América Latina. Luego se traslada a Francia donde realiza, sin desmayos, numerosos reportajes a figuras de relieve como De Gaulle, Casals, Cernuda, Spencer, entre otros… Vuelve al Paraguay, ya en 1945, retomando su empleo de Secretario de Redacción de “El País”. Por entonces, en el Paraguay, la política se había orientado hacia horizontes de derecha y en consecuencia Roa Bastos es perseguido y se “auto-exilia en defensa de su existencia….. La larga dictadura del Gral Morínigo establece en su vida una secuencia disimulada de retornos fugaces e idas continuas más allá de las fronteras; en 1946, cuando ya se cernían las sombras de una inevitable tragedia civil en los horizontes de la Patria, da a conocer su obra:  “La Inglaterra que yo viví.”
Desencadenada la guerra civil en el Paraguay, engrosa las filas de los opositores al gobierno, pero no toma el fusil…su pluma y su prestigio en el país son las armas con que participa de la misma, lo que lo obliga al ahora prolongado exilio. Ya en Buenos Aires cultivó amistades viejas y nuevas, logra sobrevivir en esa gran urbe gracias a desempeñar los más dispares oficios: desde mozo de un residencial a inmigrante desocupado, y desde guionista de cine en Buenos Aires, a empleado de Seguros y Profesor de Literatura en el interior de la Argentina.
Roa no abandonó nunca la literatura…, escribía y guardaba hojas amarillentas, que a veces eran papeles de envoltorios de almacén de barrio que de tanto en tanto releía y corregía. En 1948 conoce a Ernesto Sábato, a quien sucede como Profesor de los cursos de Técnica de la Novela de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). En 1950 ingresa a trabajar en el diario Clarín como corrector y editorialista. Entre 1951 y 1956, mientras vivía en el sótano de la imprenta del diario, escribió los siete cuentos que integran el contenido de la obra “El trueno entre las hojas”.- Recién en 1959 con “Hijo de hombre” gana un importante Premio: el Premio de narrativa Internacional de la Editorial Losada, de Buenos Aires, y  pasa así a ser internacionalmente conocido. Al año siguiente, 1960, es publicada esta obra premiada por la misma editorial, y es de notar que su capítulo “Misión” es llevado al cine por el Director Lucas Demare bajo el título: “Choferes del Cha co” y ese filme fue galardonado en Buenos Aires, en San Sebastián y en Roma. En la Capital argentina, también en ese año, publica su segundo poemario: “El naranjal ardiente” y participa de diversos encuentros con Jorge Luis Borges, Germán Arciniegas y Miguel Ángel Asturias…realizando una intensa tarea de difusión literaria
Entre 1966 y 1969 su prolífica labor produce y publica en Buenos Aires “El baldío” con sus trece cuentos, y “Los pies sobre el agua”. En Chile edita “Madera quemada,”  .Ya por entonces Don Augusto, sin dejar de ser paraguayo se había convertido en ciudadano del mundo… En Caracas, Venezuela, edita “Moriencia” y luego escribe el guión de la película “Don Segundo Sombra”.- Pero ya desde el año anterior, 1968, comienza en silencio a trabajar en dos novelas que marcarían definitivamente los ribetes extraordinarios de su vida: “Yo el Supremo” y “Contravida”.-
Mientras era pensada y asumida la lenta labor investigativa que exigía la trama de su principal novela, decide publicar en 1971 su obra “Cuerpo Presente y otros cuentos” y luego entrega a la editora un Poemario donde Roa Bastos pone de manifiesto la riqueza de una mezcla exquisita de dos culturas, de dos lenguas vivas, el Guaraní.   Esa obra realmente extraordinaria lleva por título: “El génesis de los Apapokuva-Guaraní”. En esos años, vivió un período de su existencia, no muy prolongado, en la ciudad de Mar del Plata. Habitaba el escritor una antigua casona de la calle Bolívar casi llegando ésta al mar. Por entonces, desde una especie de altillo, el escritor, contemplando la infinita belleza del mar, derramaba generoso su prosa pulida sobre los originales borroneados una y mil veces de “YO EL SUPREMO”. Jamás el escritor hizo referencia al trabajo que realizaba ni al contenido del mismo. Recuerdo, en cambio que casi jugando nos relató un día la forma en que, de niño, hurtaba bichos de luz (Mûá), a las noches esplendorosas de nuestra tierra, para escribir “a la luz de un frasco lleno de luciérnagas…¡ era la lámpara secreta de mi infancia”…nos dijo y ello lo había dejado impreso en su primer cuento: “LUCHA HASTA EL ALBA” que había escrito antes de ir a la guerra, y creo que lo refirió muchas veces más.-. Es que Don Augusto gustaba re-crearse como escritor en las memorias constantes de su adolescencia y en aquella juventud que pugnaba por no olvidar, su fina sensibilidad hizo posible que en su mente se entrecruzaran las imágenes transformándose de pronto en fantasmas maravillosos, ya que “los fantasmas para mí”, relataba Roa Bastos, “son siempre formaciones simbólicas de la mente humana, del espíritu, de la sensibilidad. Uno ve todo a través de los signos, porque es nuestra manera de comprender el mundo”.

arriba

De esta manera, los hace caer en errores y aciertos provocados y deja en las retinas de quienes contemplan en su lectura a estos fantasmas encarnados en los más dispares personajes siempre desde la riqueza de su prodigiosa prosa, esa sensación avara de querer sumergirse más en la locura de sus personajes, en la desesperación de lo inexplicable .
En la narrativa de Ros Bastos, es la mente del escritor la que rescata el mensaje, siempre revelador, liberador, que resulta de la transformación que sufre cada elemento constitutivo del suceso tras el meditado análisis a que el autor somete en su psiquis al hecho histórico desnudo y de donde surgen con la espontaneidad generosa de su intelecto los fantasmales personajes que le darán forma.
De ahí que en su obra cumbre, “YO EL SUPREMO”, que viera la luz en Buenos Aires en 1974, todos los paraguayos fuimos partícipes del dramatismo fantasmal de su obra…porque todos llevamos en la sangre y en la idiosincrasia respecto a lo nacional, la sombra monumental, omnipotente, independientemente de sus errores y de sus excesos, de aquel dictador que sentó las bases de la Nación paraguaya, el  Dr D. José Gaspar Rodríguez de Francia, mil veces juzgado y vilipendiado y otras tantas rescatado de la sordidez histórica como cimiento inconmovible de la conciencia de nacionalidad de su pueblo, de ese humilde pueblo a quien tanto él amaba, siendo al mismo tiempo dueño de un omnímodo poder político hasta su muerte en 1840.
Roa Bastos, en su obra pone de manifiesto este poder inconmensurable y los excesos que emanan de ese poder y les da vida “a través de sus fantasiosas y monstruosas creaciones, de sus quiméricos animales, seres todos de otro mundo que viven clandestinamente dentro de su mente y en oportunidades salen y se distancian un poco para acechar mejor...Para alucinar al individuo que lo lee”.
La narrativa paraguaya es una “literatura sin pasado” nos dice Josefina Plá, citada por Brigitte Colmán. Roa Bastos es, junto a Gabriel Casaccia, fundador de la literatura paraguaya.”
         “A partir de la obra de Roa, la narrativa paraguaya se libera del costumbrismo campesino y, sobre todo, del tópico patriotero”. “La crítica social es retomada en su obra: los paraguayos y las paraguayas de las novelas de Roa son personajes de carne y hueso”.      “Roa no nos habló de las campañas militares y de los “héroes epónimos”; nos contó sencillamente de las derrotas, y de lo que pasaba en la vida de la gente común. Nos contó cómo nos había tratado la historia”.     “Él fue uno de los primeros que nos retrató como verdaderamente somos”. “Eso es precisamente lo que lo hace universal”. “Es el fundador y abrió un camino. Nos ayudó a comenzar a entender lo que somos”.
“YO EL SUPREMO”, mereció el premio PLANETA 1989.
Concluida la obra…Roa Bastos sufre orfandad de Patria…pero no le es posible volver a su tierra…los vientos políticos no le son propicios y los acontecimientos que se suceden en la Argentina hacen que en 1976, deba agigantar su exilio…parte entonces rumbo a Francia y se establece en Toulouse. Allí imparte clases de Literatura Hispanoamericana y de lengua y cultura guaraní. Un año después, en 1978, comparte estudios antropológicos con Cortázar, Ángel Rama, Noé Jitrik y otros y participa de un Coloquio de Literatura latinoamericana.
Durante 1979 publica sus “juegos infantiles” Carolina y Gaspar, y también durante ese año, tras muchas correcciones decide publicar sus primeros escritos con su título original: “Lucha hasta el Alba” Durante 1981 completa la publicación de sus “juegos infantiles” con la “Casa de invierno-verano”
Y en 1982, Roa Bastos decide regresar al Paraguay… Recibido por la intelectualidad auténtica e inquieta de Asunción, es invitado a dictar Conferencias y a brindar claros mensajes a la juventud sobre las bondades de la libertad. Pero resultó “ser una voz demasiado nítida en demandas libertarias” y por ende el Gobierno imperante lo declara “Persona non grata”, y retirándole el Pasaporte lo arroja más allá de las fronteras el 1º de Mayo de 1982. En 1983 el Gobierno de España le concede la nacionalidad…podrá volver a lucir un Pasaporte y será todo un símbolo, un hombre universal de habla guaraní que siente el orgullo de verse español. Ese año publica en “Cuadernos Hispanoamericanos” su poemario “Silenciario”.- Ya en 1985 el Gobierno de Francia le concede la “Ciudadanía honoraria” y recibe el “Premio de los Derechos Humanos.” Es condecorado “Oficial de las Artes y las Letras”. Un año después redacta y proclama su “Carta abierta al Pueblo Paraguayo” Ya en 1987 asume la coordinación de las “Jornadas de Madrid por la Democracia en el Paraguay”. La Fundación C.Tucholsky de Estocolmo le otorga el “Premio al Escritor en el Exilio” en 1988. y luego recibe el más grande honor a que puede aspirar un escritor de idioma español, el Premio “ Miguel de Cervantes”.
Sin embargo continuó trabajando como un obrero de las letras…sin jactancia, con humildad y, tras el retorno de la Democracia en el Paraguay, vuelve Don Augusto al país entrando por la puerta grande…y portando in mente su pequeña maleta del largo exilio… Publica ese año su novela  “Vigilia del Almirante” donde refleja las vicisitudes de Colón y la violencia de la conquista en algunas regiones.-
El año 1992 sorprende al laureado poeta de la prosa, bajo una sombra de pesimismo. Contempla en su derredor el panorama político del Paraguay revolviéndose en el difícil atolladero de una incipiente democracia; con gajos del canibalismo político que se desparraman por doquier, en el gobierno y fuera de él, sembrando a su paso la desazón a quién otea el futuro de la República”. Amargamente confiesa: “La nuestra es una sociedad enferma” “Todos quieren llegar, como sea, al sillón de los López y desde ahí “mandar”. “Yo creo que en Paraguay no se trata de “mandar” solamente, sino de mandar al infierno las cosas terribles que tenemos, y recuperar las virtudes de nuestra identidad profunda”…. “Con respecto a la necesidad irrenunciable de una profunda reforma educativa, soy taxativo: en este momento ya no hay hegemonías bipolares; podemos quedarnos sin ejército, pero no podemos quedarnos sin escuelas”. “Ese mismo año logra que las Naciones Unidas, para su programa de desarrollo Humano, tome a su cargo uno de los más ambiciosos proyectos del escritor, uno de sus sueños más queridos: el “FUNDALIBRO CERVANTES”, que consiste en incentivar, motivar a los niños y jóvenes hacia la lectura. Para ello, y como impulso inicial, dona los cien mil dólares del premio Cervantes con destino a ese objetivo; las Naciones Unidas agregan un millón cien mil dólares más, dando forma a un completísimo proyecto que está en plena ejecución”. Ello retrata de cuerpo entero la personalidad de Roa Bastos.
En 1993 contempla la publicación de su novela El fiscal, en 1994 ve la luz su novela “Contravida” Un año más tarde publica su novela “Madama Sui” y en 1996 “Metaforismos” y se establece definitivamente en el Paraguay.
Durante el año 2003 visita Cuba por especial invitación y a su vuelta se aísla solitario para pensar en su Patria y en su gente…a los 86 años aún se empeña en descifrar el secreto de un futuro más digno para su pueblo.
La muerte lo sorprende el 26 de Abril del 2005 . Nunca quiso honores, mucho menos los quería tras su muerte…sin embargo sus restos fueron velados por pedido del pueblo, en el viejo Cabildo, hoy Casa de la Cultura Paraguaya bajo la sombra de una bandera a media asta por estar el país sumido en su duelo más dolido.

Dr Carlos Vicente Ibáñez  - Vicecónsul del Paraguay

 

 

 

Avispa 26 Dar la cara

Liderazgo

Luis César Guedes Arroyo - (Capital Federal)

 

A pesar de su cautiverio espiritual y moral, el hombre de nuestro tiempo se encuentra en proceso de desarrollar una nueva conciencia que en el futuro podrá elevar a la especie humana por encima del temor, la ignorancia y el aislamiento en que hoy se encuentra. El liderazgo que es necesario para encauzar este proceso debe tener en cuenta esa conciencia naciente como una nueva visión de la realidad que los hombres y mujeres de nuestro tiempo estamos obligados a confrontar permanentemente.
Este estilo de liderazgo será, sin duda, una nueva dirigencia espiritual e intelectual porque deberá ampliar los horizontes del hombre, donde tengan más cabida las potencialidades que las probabilidades, donde la unidad y la diversidad se definan de nuevo como polos simultáneos y necesarios de la misma esencia.

Un liderazgo comprometido
Este liderazgo será distinto, porque nuestra situación es diferente. Ninguna civilización ha tenido que enfrentarse hasta hoy al desafío de la especialización científica, y por eso nuestra respuesta debe ser nueva. Este liderazgo deberá comprometerse para lograr un mundo mejor, donde las necesidades espirituales y morales del hombre así como los recursos científicos e intelectuales que tiene a su disposición para la vida, logren una armonía productiva y creadora de verdadero bienestar.

El conocimiento no sirve ya para enfrentar al hombre y a la naturaleza como fuerzas opuestas, ni para reducir los datos a un nuevo orden estadístico. El conocimiento deberá ser un medio para liberar a la humanidad de la fuerza destructora del miedo y señalar el camino hacia el renacimiento de la fe y la confianza en la persona humana.

Un liderazgo como deseo universal
Debemos aceptar la responsabilidad de que individuo y sociedad se complementan y se integran entre sí; que la esclavitud de cualquier forma de totalitarismo ha sido quebrada por el deseo universal de habilitar y conquistar la autoridad de la verdad y de la exaltación de los valores humanos.
El nuevo liderazgo deberá re-examinar los significados a veces contradictorios y las aplicaciones que tienen hoy día términos tales como democracia, libertad, justicia, amor, paz y humanidad. La finalidad de estos exámenes será despejar el camino para colocar los fundamentos de una genuina historia mundial, no por naciones, razas o culturas, sino por el hombre en relación consigo mismo, con sus semejantes y con el universo.

La finalidad del nuevo liderazgo
Más allá de las catástrofes de la actualidad, y surgiendo de las transformaciones de este período dinámico en el que está brotando una nueva conciencia mundial, la finalidad del nuevo liderazgo consistirá en contribuir a hacer latir más rápidamente el corazón de la verdad y respetar las esperanzas y los sueños de hombres y mujeres hacia una comprensión más honda de los valores básicos de todos los pueblos. En este camino, todos tenemos una misión para cumplir.