Avispa 24 Ensayos

DEL ESBOZO A LA OBRA EL CAMINO SE HACE DE RODILLAS

Marcela Predieri delapalabra@hotmail.com

Un cuento, un relato, una novela comienzan a gestarse cuando una experiencia o una idea en nuestro interior pide a gritos ser contada. Pero esto no es suficiente. El camino, como bien lo expresa el poeta Vladimir Holan en el verso que da título a esta nota, es penoso. No sólo por el trabajo que conlleva sino porque muchas veces la obra -aun cuando sus verdaderas dimensiones no sean comprendidas hasta mucho tiempo después de escritas- llega a trascender al autor y su época.
Una obra literaria, dice Silvia Kohan, es la “transformación de un hecho rutinario y trivial en un hecho metafísico”. Esta exigencia nos obliga a hablar del hombre, de lo que somos y sobre todo de qué y cuánto somos capaces de hacer. Ahora bien, si a esto le sumamos la definición de James Joyce: “El arte es la configuración de lo intelectual y lo emocional con un fin estético”, entonces puede verse a la obra también como ofrenda y como tal debe hacerse de rodillas.

Tengo una idea. ¿Cómo la narro?

Las historias crecen como maleza en los cuadernos de los que recién se inician en el arte de narrar. Muchos aficionados se acercan a talleres literarios o participan en concursos creyendo que han escrito un cuento pero lo que han hecho en realidad es plasmar sobre el papel una experiencia, una anécdota, apenas el borrador de una idea sobre la que podrá escribirse algo que aun no tiene forma y que sólo después de trabajado será un cuento, un relato o quizás una novela.
Sábato ha señalado que “las ideas no aparecen en estado puro sino mezcladas a sentimientos y pasiones”, por eso todo escritor con oficio sabe que estas ideas deben hacerse germinar muy lentamente. Y es aquí donde aparece el verdadero compromiso con la creación literaria, donde surge la vieja lucha entre trabajo e inspiración.
A partir de este momento decenas de versiones comenzarán a competir por su subsistencia hasta que una y sólo una se desarrolle y consiga abrirse paso gracias a su solidez. La búsqueda y la reflexión habrán alcanzado su meta: desarrollar un tema a través de una trama eficiente, y eso lleva tiempo.
“Qué máquina tan difícil de construir es un libro, y sobre todo qué complicada...,- decía Flaubert a Louise Colet en sus cartas-, Avanzo a paso de tortuga, esto me desespera (...) La semana pasada tardé cinco días en hacer una página...
La diferencia entre una persona que escribe y un escritor es que la persona que escribe lo hace para sí, aunque lo muestre; el placer que le proporciona la escritura y un narcisismo desbordado lo encierran en soledad. El escritor, en cambio, no está solo; siente la presencia del otro, de aquel lector ideal a quien tiene en tan alta estima y sabe, que para que pueda ponerse en contacto con él, hace falta el análisis de distintas técnicas literarias que potencien su relato.

¿Cuento, relato o novela?

La versión original casi siempre se acercará al relato. Posiblemente, lo anecdótico haya movilizado cuestiones personales, pero sólo habrá obra literaria si el texto es capaz de recortar la realidad y transformarla. Para que suceda es necesario decantar la idea motriz; el alejamiento temporal y emocional es lo que permitirá al autor disfrazar, encubrir, desfigurar- como dice Varga Llosa- lo que hay de personal en lo que escribe.
Por otra parte, siempre habrá párrafos que podar y otros que extender, habrá que tener en cuenta quién cuenta la historia y desde dónde lo hace, habrá que analizar si la secuencia en la que se presentan los conflictos (la trama) es la que mejor maneja la tensión, cuáles son los datos que debo esconder y qué indicios incorporar... La lista podría hacerse interminable, pero vayamos por partes:
Una de las primeras cuestiones que el escritor debe definir es si va a encarar un cuento, un relato o una novela. Y esto poco tiene que ver con la extensión; la forma viene estrechamente unida a eso que quiere contar. ¿Es un hecho puntual? ¿una serie de sucesos? ¿una vida? Esto nos da la primera pista. El asunto del cuento es el suceso narrado, el asunto de la novela son sus personajes, quienes muchas veces llegan a manejar al mismo autor.

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La trama o sea el orden o la forma en la que se presentan los hechos al lector, se opera desde adentro en el cuento y desde los personajes en la novela. Desde adentro implica que el narrador sea una presencia viva; hay que destacar que en el cuento el escritor no aparece, se utiliza la figura del narrador como un personaje más con personalidad y características propias (este personaje puede o no pertenecer al cuento). En el cuento el narrador nos habla de un hecho acontecido, acabado, que el autor convierte en lenguaje, elabora para sí o para el lector, ocultándole determinados ingredientes para su satisfacción o para manejar los hilos de la intriga. Por eso se afirma con frecuencia que en el cuento la narración es el estilo.
El cuento se puede basar en hechos reales o imaginarios, lo único que importa es que sea verosímil, absolutamente creíble. Su dominio es la verdad y su herramienta el cerebro, capaz de darle forma. El relato, por el contrario, se basa en hechos reales y como narra el escritor, le es permitido opinar. En la novela el dominio es la pasión y su herramienta, el corazón donde las costumbres y los caracteres se desarrollan, se afirman o se contradicen a través de una sucesión de acciones.
En la novela las cosas suceden y el escritor las maneja de manera tal que parecen ir develándose de a poco no sólo para el lector sino también para él mismo. Y como el tiempo fluye, la tensión se diluye. Por el contrario la tensión es fundamental en el cuento y el desenlace debe demorarse. El cuento se nutre de su mismo pasado, vivo en la acción de narrar, pero siempre pasado absoluto porque la sucesión temporal es quebrada por el hecho que le da origen y razón de ser. La narración, entonces, no tiene por qué marchar en forma lineal. También distinto es el caso del relato donde no sólo no se penetra en la interioridad de los personajes sino que la narración siempre avanza en forma lineal con un registro parejo, y como no hay datos escondidos ni historias paralelas, no hay tensión, y el desenlace se puede suponer.
Esto hace que uno deba detenerse unos instantes para diferenciar trama, tema y argumento. El argumento es de qué se trata; casi siempre coincide con la primera versión del cuento o novela, o la definitiva (correcciones aparte) del relato; la trama es el orden, la secuencia en que son presentados los hechos y su función es el manejo de la tensión. El tema es el fondo, la cuestión de esa otra historia que subyace, paralela, semioculta, que recorre casi siempre en sentido inverso lo puramente anecdótico y da sentido a lo narrado. Cabe destacar que cuanto más alejadas estén, más “alto” calificará, ya que esta última (muchas veces oculta para el lector hembra ) es la más importante. En el cuento esta condición de las dos historias es fundamental y hace a su esencia porque éste siempre debe tratar en forma obsesiva un tema, solo uno; por eso no permite cabos sueltos; en él todo lo accesorio, todo aquello que no conduzca al final debe ser eliminado.
Resumiendo: el relato surge como lo que es, una historia que pide ser contada y se la escribe tal cual se presenta, una novela se gesta y se construye desde los personajes y lo que se narra en ella son sucesos encadenados que confirman o justifican eso que quiero mostrar de los personajes; por último, el cuento –ahora podemos decir: el más difícil de los géneros- nace siempre como una totalidad.

¿Y ahora qué?

Escribir lleva a la afirmación del estilo y eso sólo se logra con una entrega total hacia el hecho creativo sumado a las exigencias que implica la corrección y sobre todo mantenerse fiel a uno mismo, incorporando y negando -como hijos ya adultos- a nuestros padres literarios. Al respecto John Gardner aconsejaba: “ Lea primero todo el Faulkner que consiga y después todo Hemingway para poder limpiar el sistema Faulkner”.
Limpiar. Podar. Ensayar nuevas versiones. Rearmar... Y es acá donde inevitablemente tenemos que volver a Flaubert y las cartas escritas a Colet durante los siete años de gestación de Mme. Bovary: Llevo siete días en estas correcciones, tengo los nervios de punta, (...); descubrir en todas las frases palabras que cambiar, consonancias que eliminar, (...), es un trabajo árido, largo y en el fondo humillante. (...) Esto es lo diabólico de la prosa, que nunca queda terminada.
Pero ¡a no desesperar! “ Escribo para saber” , dice Hugo Mujica y eso es sin duda muchísimo más profundo y abarcador que saber cómo hacerlo. Escribir es nuestra tarea, llegar al Saber ?no “a saber”? tal vez sólo dependa de la intensidad de la búsqueda.

REFLEXIONES A CIELO ABIERTO

Silvia Weisz - ( Tucumán)

En algún momento las palabras que nos desgarran o acunan se hacen visibles, adquieren cuerpo y voz. La escritura nos permite caminar hacia la línea del horizonte que percibimos, aunque al llegar a ella, ésta se corra de lugar.
Frente a una situación límite, nuestro mundo interior se da vuelta y necesitamos instrumentarnos para reubicarlo. La poesía como lugar de creación, puede transformar el desgarramiento
La vida es una peregrinación y la poesía un viaje paralelo hacia lo profundo, donde ponemos el corazón en cada tramo, sabiendo de antemano que dejamos un mapa con huecos e insondables silencios y se busca la palabra; es más, buscamos techo para proteger la palabra de la intemperie. La separación, la ruptura, cambia de sitio a las palabras, ellas hablan desde el dolor y el que escribe ¿desde dónde habla? ¿Qué voz me habla cuando escribo? Escapan voces desde una grieta...

Las palabras se desprenden del cuerpo y vuelan. Desde aquella fisura estallan fragmentos en el aire y ellas están también fisuradas, desasidas, descoloridas. Cuerpos sueltos, espejismos, ecos, murmullos del alma.
Lo único posible, es lo imposible, lugar exacto de la escritura. Caminamos, intentando encontrar un sitio en esa búsqueda. La morada de la palabra está en la marcha. «El resto es desierto, silencio»
«El centro / de un poema / es otro poema / el centro del centro/ es la ausencia.» (Alejandra Pizarnik)
Poesía, incesante agonía, búsqueda para transformar la peña en un estanque, el pedernal en una fuente.
El sujeto, expulsado del paraíso, busca, invoca, un fragmento de vida verdadera. Intenta conciliar el cielo y la tierra, la fugacidad y la eternidad, en un presente sin término. Estos temas, buscan encender el fuego del cielo, para que en su centro sigan ardiendo las palabras.

HOMENAJE A LEONARDO ELOY RIESGO

Jaro Godoy – (Mar del Plata)

Te llevaste la primavera en los bolsillos bajo el encendido horizonte,
orfandad de las rosas hoy llora la luna partida la ausencia de un hijo amado,
embarcaste en el bajel de las musas que quisieron asustar a la muerte,
pero de su puntualidad inexorable todos llegamos a la cita,
como el río nunca vuelve atrás o el viento que nunca deja de soplar,
ya no volverás a alborotar las palabras ni estará tu voz,
guardián eterno de la soledad, lluvia sagrada del silencio
en el ocaso del atardecer.

Rota la proa ya el barco se dirige hacia la arena de donde no saldrá,
pescador empedernido brotarás con alas nuevas buscando nostalgias,
aquellas piedras que entre tus manos se convierten en perlas desgajadas,
con tu mirada de artesano labrarás el nuevo cielo de estrellas blancas,
y ya no escribirás poesía, ahora estás hecho de poesía, porque soñando mueren los poetas.

Fue tu partida una lágrima dañando la tarde, caravana de antorchas,
anunciando el ritual amargo de la soledad,
quemando la noche en el destierro azul de tu despedida.

En los altares del tiempo arde el capítulo final de una página desolada,
el rey de los otoños cabalga hacia la tierra prometida,
sobre caballos de agua que pisotean la sombra rota de un poema.

Quizás fue un capricho de alguna musa trasnochada, creo que fue la despedida que se merecía, la revista Ñ de Buenos Aires publicaba entre los cien mejores libros escritos en el año 2004 la tapa del libro de nuestro amigo y poeta. Al otro día partía él en las alas de un ruiseñor que paciente lo había esperado, dejando ese vacío absurdo que solo dejan los buenos hombres.
Leonardo era uno de esos personajes de niño terrible y agradable, sabía derramar amor por donde pasaba y siempre quedaba su huella en todo encuentro.
Qué sola se queda el alma al ver partir a un poeta amigo que supo llenar los espacios con su alegría y sus palabras; había nacido en Mar del plata en un mes olvidado del año 33, buceador incansable de la literatura, tenía su amor confesable por el patrimonio histórico de su querida ciudad, investigador de papeles amarillos, obsesionado por la historia, y que supo cultivar como nadie el don poético que llevaba como bendición divina, podemos rastrear su perica poética en poemas como “Esos ojos, tus ojos” “Ceremonia íntima”, “Si pudiera alcanzarlos”, “Meditación para la noche nueva”, “Evasión”, “Mi amiga tiene paisajes en los ojos” “Claro de luna”, “Por siempre”, de una extremada belleza y un equilibrio natural entre lo poético y lo celestial.
Eloy supo cultivar esas perlas tan claras como lágrimas de luna, la amistad, el amor incondicional por sus amigos por medio de sus vastas experiencias como por ejemplo en el Círculo de Poetas Jóvenes local, la Asociación Marplatense de Escritores y la Asociación de Escritores Argentinos . Al frente de su revista ‘'Fuego, vínculo de poetas'', ayudó en la difusión poética de nuestra ciudad, presentó la Exposición de Prensa Mundial en nuestra ciudad y en las ciudades de Necochea, Tres Arroyos y Bolívar, por eso esta ciudad le rindió un justo homenaje algunos días antes al entregarle el premio “Alfonsina” en la Villa Victoria, estaba feliz aquella noche rodeado de sus amigos que le tributaron tan merecido homenaje aunque pocos sabían que ya las maletas estaban preparadas.

También salió a recorrer caminos con sus conferencias donde siempre había un chiste esperando o una sonrisa franca para quien la necesitara. Recibió distintos premios y fajas de honor, de la Municipalidad de General Pueyrredón, el Ateneo Cultural de Capital Federal y el Consejo de Escritores de la ciudad de Buenos Aires.
I ncansable como pocos subió al caballo alado de la literatura y se fue con sus textos por numerosos periódicos y revistas de toda América, recibió a cambio numerosos premios por su labor literaria aunque no tanto como para decir justicia, pero esto suele suceder, y él, más que nadie lo sabía.
Autor de bibliografías marplatenses y otros trabajos de carácter histórico de nivel local, nacional e hispanoamericano, ‘'Las primeras antologías rioplatenses''. ‘'Contribución a un ensayo sobre la historia de Mar del Plata: hacia la formación de una bibliografía marplatense'' (Municipalidad de General Pueyrredón, 1963), son las muestras cabales de este incansable rastreador de huellas que ni el viento pudo borrar como no podrá borrar las huellas que él dejó sobre nosotros. El último libro de Eloy (Editorial Dunken) al que hacíamos referencia en las primeras palabras, habla más de él que de los poetas de los que se ocupa, tomarse el fatigoso trabajo de recopilar en un libro a los primeros poetas Rioplatenses para que éstos no descansen bajo la sombra del olvido, sino sean conocidos por muchos jóvenes de hoy que jamás escucharían sus nombres. Reivindicar a los escritores de aquella época equivale a una epopeya digna que sólo un quijote como él podría haber llevado a cabo ya que sabía cómo vencer gigantes de viento y sombra, sólo una persona que ama la poesía podía escribir sobre los poetas de manera tan ilustrada.
Siempre serás la antorcha que arderá perdida en nuestras almas, buscando el diamante asustado de la soledad, escuchando de las estrellas esas historias milenarias que tanto te emocionaban, aquí queda el espacio vacío y la sombra de tu voz. Eloy es la lumbrera donde muchos nos seguiremos juntando para disfrutar su luz.

NACIONALISMO CULTURAL

Vilma Brugueras – (Miramar)

Cuando en el ámbito cultural el nacionalismo se considera como un valor incuestionable y único y a la cultura foránea como una amenaza, lo único que se consigue es empobrecer la personalidad espiritual del país que eso sostiene. La historia nos ha dado sobradas pruebas de ello en los países que lo han practicado (Alemania de Hitler, Unión Soviética de Stalin, España de Franco, China de Mao) logrando sólo una cultura incomunicada, fragmentada por dogmas y censuras.
El escritor Mario Vargas Llosa sostiene que “luchar por la independencia cultural, emanciparse de la dependencia cultural extranjera a fin de desarrollar nuestra propia cultura son fórmulas seductoras para mucha gente pero, en el fondo se convierten en tropiezo para el desarrollo cultural de un país, pues no lo expresa en toda su diversidad, no revela lo que sus habitantes son ante ellos mismos y ante los otros pueblos de la tierra”. En vez de considerar a la cultura como dependiente o emancipada deberíamos entenderla como: pobre, rica, arcaica, moderna, débil o poderosa. Ninguna ha llegado a su plenitud sin haberse nutrido antes de otras y al mismo tiempo alimentado a las demás. Las nociones de lo propio y lo ajeno no deben ser tenidas en cuenta, por dudosas, en el plano de lo cultural. La cultura florece en estrecha interdependencia con la cultura de los otros. Quién intentase impedirlo no salvaría a la cultura nacional, la mataría.
Entre los escritores latinoamericanos que han dado muestras pluralismo cultural con el cual dieron brillo a las letras de sus respectivos países podemos mencionar a Rubén Darío, a quien se le debe el nacimiento de la poesía hispanoamericana moderna. El modernismo que inicia “depende” de modelos extranjeros: simbolistas y parnasianos franceses. Utilizando con libertad la cultura de su tiempo llevó la más profunda revolución de la poesía española, rescatándola del academicismo tradicional en el que languidecía, hasta instalarla a la vanguardia de la modernidad. Machado de Asis, en el Brasil, jamás hubiese escrito su comedia humana sin haber leído antes la de Balzac; Vallejo, en Perú, aprovechó los “ismos” que poblaban la vida literaria de América Latina y Europa entre las dos guerras mundiales y, a finales del siglo XX Octavio Paz, en México y Borges, en Argentina, se dejaron influenciar por los buenos autores de los países más diversos. No es posible despojar a la obra de Borges de las “dependencias” extranjeras. Él constituye un ejemplo de cómo puede enriquecerse una obra de la cultura nacional, escrita en el idioma nacional, siendo, culturalmente, un ciudadano del mundo.

Un país se enriquece culturalmente cuando se abre a todas las corrientes intelectuales, científicas y artísticas, promoviendo la libre circulación de ideas, de manera que la tradición y experiencia propia se compare, corrija, complete, enriquezca con la experiencia de aquéllos que, con otras lenguas, territorios y circunstancias comparten nuestra aventura humana. Vargas Llosa dice que la mejor herramienta de nuestro progreso social y económico es una cultura auténtica, contemporánea y creativa sometida a reto y aliento continuo.
No es aceptable que un gobierno establezca sistemas de control de pensamiento y palabra, que impida las críticas con el pretexto de defender la cultura contra el peligro de la “desnacionalización”. Si a esto le añadimos la sustitución del producto cultural genuino por el producto seudo cultural que se impone a través de los medios masivos de comunicación que ofrecen un simulacro de vida intelectual, resulta difícil que un lector de mala literatura aprecie a Cervantes o a Borges, haga el esfuerzo necesario para ahondar en otras áreas del conocimiento o se atreva a pensar por cuenta propia. El conformismo, la chatura intelectual y la indigencia artística que puedan proponer, afectará la vida espiritual de un país. Solucionar esto no consistirá en establecer censuras que prohíban la seudo cultura (la censura es siempre la peor solución) sino ejercer la libre elección que, a pesar del alto precio que hay que pagar por ella, es siempre la mejor opción. La solución consistirá en que los medios de comunicación masivos le den a la cultura, que en el pasado fue patrimonio de minorías, la democratización que la acerque a la mayor cantidad de personas. Ahora existen condiciones técnicas para que la cultura sea de veras popular. Los medios de comunicación deberían elevar, mediante la educación y la información, el nivel del público para volverlo más riguroso, inquieto y crítico. La vida cultural no puede ser hoy lo que ayer era en su forma más rica y elevada, patrimonio de minorías selectas, sino, repito, algo a lo que pueda acceder la mayor cantidad de personas posible. Debería existir la posibilidad de contar con un mundo en donde la cultura sea de todos, hecha por todos y para todos. Para asegurar la libertad y el pluralismo cultural es necesario fijar la función del Estado en este campo. Esta función debe basarse en la necesidad de establecer condiciones propicias para la vida cultural y en la de inmiscuirse lo menos posible en ella. Debe garantizar la libertad de expresión, el libre tránsito de ideas, fomentar la investigación y las artes, garantizar el acceso a la educación y a la información, sin imponer para ello doctrinas, teorías o ideologías, sino, permitir que éstas se expandan y compitan en total libertad.

MATAR A LOS JÓVENES, MATAR LOS SUEÑOS...

Ricardo Silva -   (MDP)
Psicólogo Clínico, Centro Cooperativo de Salud Mental ALETHIA (Mar del Plata).

La llamada Masacre de Once, que dejó como saldo cientos de muertos a consecuencia del incendio perpetrado en la discoteca “ República de Cromañon ” durante el recital que la banda de rock “ Callejeros ” dio el 30 de Diciembre de 2004, ha provocado un profundísimo dolor. Asimismo, ha abierto otra oportunidad para que se expresen distintas posiciones para una antigua polémica, acerca de si en los conflictos humanos existen culpables e inocentes, o si por el contrario todos somos responsables.
El propósito de este análisis intenta desenmascarar los mecanismos que el sistema económico- social en que vivimos emplea para ocultar las causas que originan este tipo de tragedias, poder pensar en como detener el siniestro ciclo de repeticiones que pareciera no tener fin, y discriminar algunos conceptos que se presentan como confusos en medio de la perversa vorágine informativa en relación al tema.
EL ARTE DE “CALLEJEROS”.
Nos decía Enrique Pichon Riviére1 que, como cualquiera de sus semejantes, el artista tiene que abordar los problemas que se le presentan. La diferencia radica en que suele anticiparse. Por tanto, se le adjudican características de agente de cambio. Lo cual favorece el desplazamiento sobre sí de todos los resentimientos, fracasos, miedos, sentimientos de soledad e incertidumbre de los demás; como si fuera el portavoz de todo lo subyacente aún no emergido. Inmediatamente es elegido como perturbador de una tranquilidad anterior. Tanto el plástico como el poeta serían seres de anticipación, y por esto, víctimas de verdaderas conspiraciones organizadas contra el cambio, contra lo nuevo, contra lo inédito.
Considero posible extrapolar estas apreciaciones sobre otros artistas como el actor o el músico. Incluso el de rock. Movimiento artístico surgido a fines de los años 50', que alcanzó repercusión mundial a partir de Los Beatles en los años 60'. Expresión fundamentalmente contestataria de una generación nacida durante la Segunda Guerra Mundial, que se oponía a la hipocresía y rigidez de una sociedad antropófaga productora de sujetos con serias dificultades para desafiar lo establecido, para disfrutar apasionadamente de la vida, que ignoraba la creatividad y poder transformador de la juventud2.
El rock argentino nace justamente en ese período y ha proliferado exponencialmente a partir de los 80'. Desde Moris, Litto Nebbia y Spinetta, pasando por Vox Dei y el genial Charly García, hasta la aparición de Fito Paéz y los Redonditos de Ricota, es impresionante el nivel de desarrollo que este movimiento adquirió. En la actualidad bandas como Divididos, La Bersuit o Los Piojos acaso sean las más representativas, aunque es preciso aclarar que han tenido su origen a principios de años 90'.
A mediados de esta década, y en medio de la inmensa fragmentación social generada por el menemismo, resurgen una serie de bandas ligadas a los suburbios, que resisten estoicamente los avances de la cumbia y del rock hipercomercial. En ese contexto aparece “Callejeros ”. Esta banda formada en Villa Celina en 1995, que alcanzó en 2004 su consagración como banda revelación, que llevó 10.000 personas a Obras (cifra única para una banda debutante en ese estadio), que no se valió de más difusión que del boca a boca, negándose a dar notas y a aparecer en medios masivos; de alguna manera reivindicó cierto idealismo, promoviendo el retorno del rock con mensaje (desbaratado y vulgarizado por los traficantes de ritmos entre los años 80' y 90').
Acaso sirva de testimonio, el impacto que tuvo para quien escribe el haber escuchado por vez primera una canción de esta banda en la radio. Habiendo demorado varios días en averiguar el nombre de la banda y la canción en cuestión, debí reconocer que hacía muchos años que desde el rock no me era transmitida una emoción tan intensa, de tanta energía vital, exorcizando tanto dolor. Con una impecable poesía identificada con la incertidumbre que en pleno tercer milenio (y en pleno tercer mundo), enfrenta cada día el hombre de la calle, que a pesar de todo no se resigna a “vegetar”. Un dolor inmenso, que al ser expresado con “discepoleana” pasión por el “Pato” Fontanet, nos devolvía , sin embargo, el placer y el deseo de luchar por el derecho a vivir.
En esos días, en que buscaba saber quienes eran esos muchachos que tanto “conmovieron” de mi interiorioridad, traté de capturar la sensación despertada. Y releí al Dr. Alfredo Grande3, cuando nos decía que el arte es una descarga de afectividad que incluye tres dimensiones: la belleza, la intensidad y la armonía , que si bien pueden ser transformados en su contrario: lo siniestro, lo tenue y lo extravagante; cuando es arte verdadero conmueve . Que esta conmoción puede ser el llanto, la risa, el temblor o la “piel de gallina”, pero nunca la indiferencia. Que el arte verdadero se apoya en el nivel fundante de la realidad. Que toda experiencia estética es para el sujeto atravesar una situación límite . Que el arte verdadero “ nos parte la cabeza ”, como el amor. Que el arte crea otra realidad que podemos mirar, tocar, oír, cantar, oler, escribir, pintar...pero que no es artista el que quiere, sino el que puede.
Estimo que los muchachos de “ Callejeros ” han podido hacerlo. Y muchísimos jóvenes captaron eso mismo que también pude captar. Tal vez no sea casual, que algo de esa depositación masiva o conspiración colocada sobre la figura del artista de la que hablaba Pichon Riviére, haya tenido algo que ver con la masacre de República Cromañon.
EL MONO DEL AÑO 2000...
“... porque el hombre de hoy es el padre del mono del año 2000 ...” (Joaquín Sabina, 1990).
Una nota de José Pablo Feinman, titulada “Crueldad y cinismo ”, aparecida en Página Doce cuenta acerca de cómo Chabán y los suyos eligieron el nombre de la disco en cuestión. La idea era armar un boliche para pobres. Ensayar un suerte de descenso a las cavernas, a lo primitivo, una especie de planeta de los simios. Un boliche no para ciudadanos, sino para simios. En consecuencia, se explica porque había techos con material inflamable en un lugar donde era moneda corriente lanzar bengalas. O porque no se garantizaba la seguridad básica. ¿¿¿Al fin y al cabo, había motivos para cuidar la vida de esos simios pre-históricos???
Obvio que no. Pero sí para lucrar con ellos. Contribuir a que aparezcan. Reprimirlos cuando traen problemas. O incluso facilitar su eliminación.
En este contexto podemos ya intuir quien es la verdadera bestia.
¿¿¿UNA NUEVA NOCHE... FRÍA ???
Voces sólo voces, como ecos; como atroces chistes sin gracia. Hace tiempo escucho voces... y ni una palabra...// Y mis ojos maltratados se refugian en la nada y se cansan...de ver un montón de caras y ni una mirada...”
En estos primeros días del año en que desfilan opiniones sin análisis, como así diferentes análisis más y menos lúcidos de renombrados especialistas. En que se lucra desde los medios de comunicación con impúdicos registros del dolor. En que diversos sectores tratan de sacar rédito político, exigiendo la renuncia de tal o cual autoridad, funcionario o inspector. Como así también culpando a los empresarios, o a los encargados de seguridad del grupo, o a quien arrojó la bengala que hizo arder la disco, al rock atrapado por la maquinaria del consumo, o a la totalidad de los argentinos. Acompañado por el canto desesperado4, y acaso profético, de “Callejeros ”, me permito compartir algunas reflexiones.

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En una interesante intervención radial, Alfredo Grande5 diferenciaba tres niveles de análisis: el dispositivo, la organización y la institución. El primero atribuye al instrumento propiamente dicho (la bengala), o a quien la lanzó (el inadaptado de turno), el factor causal del desastre. El segundo profundiza en la forma que toma el contexto o materialidad circundante, las instalaciones del boliche que dio lugar a la trampa mortal (con elementos inflamables, sin salidas de emergencia, o habilitaciones inexplicables). El tercero va más allá, se dirige a la lógica de fondo. Aquella que persigue solo la relación costo-beneficio, que no le interesa invertir en seguridad, que va tras la máxima ganancia posible. Y, por ende, permite la superpoblación del recinto. Y que en esa patológica sed de dinero, no escatima en coimear a los funcionarios que sean necesarios. Esa lógica del lucro, propia de las empresas «fantasma» del capitalismo mundial integrado, que gana a costa de que otros pierdan. Incluso la vida. Lógica empresarial de un modelo que una vez más nos muestra que no cierra sin muerte.
“Una nueva noche fría en el barrio, los tranzas se llenan los bolsillos. Las calles son nuestras aunque el tiempo diga lo contrario// Y los sueños no soñados ya se amargan la garganta y se callan...y eso casi siempre (o siempre), les encanta....”
La escritora Aída Bortnik6 enumeraba como a través de los miles de desaparecidos, de los pibes de Malvinas, de la represión policial, o del incendio de una disco, parece reiterarse una especie de conjuro macabro, por el cual a cada nueva generación de jóvenes le inventamos cada diez años una nueva forma de muerte. En este contexto de terrorismo económico “matar a los jóvenes ” se vuelve una consigna y un símbolo, que más que a los jóvenes en sí elimina hijos, nietos, esposas o novias, padres, abuelos, tíos, primos, amigos y hermanos. Seres amados. Gente sensible que sueña. Matar a los jóvenes tiene que ver en realidad con matar los sueños de gente que se resiste a morir en vida.
El ordenamiento económico-social genocida viene empleando desde hace tiempo variados instrumentos para eliminar a esa gente7. Sus cabezas visibles jamás reconocerán públicamente que es gente que sobra, pero contribuirán a su exterminio. Ya sea directamente con armas, con planes económicos donde se multiplica el número de excluidos (que abarca la eliminación de sus proles con la desnutrición resultante). Creando condiciones para que los sobrevivientes, sino aceptan el modelo, sean nuevamente eliminados por los agentes de seguridad, o se suiciden. Eso es lo que quieren. Que la gente que les sobra se mate entre sí. Y que nadie lo vea.
“Van quedando pocas sonrisas, prisioneros de esta cárcel de tiza. Se apagó el sentido, se encendió un silencio de misa...// Menos horas en la vida, más respuestas a una causa perdida...de por qué los sentimientos mueren con el día...”
Se dice que muchos seguidores de “Callejeros ”, desoyeron con un cántico de repudio la advertencia de Fontanet, que no arrojasen bengalas. Algunos periodistas, hablan de delirios suicidas. Si la masacre de Cromañon tuvo algo que ver con algo del orden del “acting suicida”, quisiera recordar una investigación sobre el tema, realizada por el psiquiatra inglés Erwin Stengel. En la misma había concluido: 1) Que nadie se mata a no ser que haya renunciado a la posibilidad de ser amado, 2) Que nadie se mata a no ser que haya querido matar a alguien. Y, he aquí, el punto más escalofriante : 3) Que nadie se mata a no ser que su muerte haya sido deseada por alguien.
Cuando meses atrás ocurrió la Masacre de Carmen de Patagones, poco fue lo que se dijo que en esa ciudad había un altísimo porcentaje de suicidios de jóvenes. La lógica genocida sigue haciendo efecto. Y es importante que veamos, que ante este “status quo” promovido por una sociedad que no cuida la vida en ninguna de sus formas , cada suicidio oculta un homicida prófugo, altamente peligroso . Que seguramente tiene buena presencia, se expresa bien y huele mejor. Pero por sobre todo no es una sola persona, ni un dispositivo, ni una organización. Se trata de una institución, que atraviesa sin embargo, en todos y cada uno de nosotros. Una institución que desea la muerte joven, pero se vale de organizaciones y dispositivos para que otros le den el gusto.
Sólo como un pájaro que vuela en la noche, libre de vos...pero no de mí // Vacío como el sueño de una gorra, lleno de nada...sin saber donde ir // Duro como un muerto en su tumba que murió de miedo...por el valor de vivir...”
El riesgo mayor sigue siendo caer, como nos dice la psicoanalista Silvia Bleichmar8 , en la “dilución de responsabilidades ”, que llevará una vez más al: “acá no pasó nada ”. Y luego a una nueva masacre. Es absolutamente necesario repartir entre los inocentes, la inocencia. Entre los responsables, los grados de responsabilidad que correspondan. Y entre los culpables, la culpa. Pero, por sobre todo, es fundamental que no permitamos que se vuelva a decir que todos somos culpables. Porque de ser así ese asesino serial, que ya se ha erigido en institución, seguirá robándonos los sueños, seguirá vaciándonos por dentro y por fuera, seguirá conspirando contra nuestros artistas más auténticos, seguirá generando confusión, y seguirá matando a nuestros jóvenes...también a los de ayer.
“Las nubes no son de algodones, y las depresiones son maldiciones. Te van distrayendo, te enrosca, te lleva y te come// Te lastima y no perdona... y en algún lugar te roba la cara, la sonrisa, la esperanza, la fe en las personas...”
No somos todos culpables, pero la mayoría somos damnificados por la lógica homicida que matando a los jóvenes, pretende matar nuestros sueños, y nuestra esperanza de vivir dignamente. Para evitar darles la razón a los profetas del eterno retorno resulta clave –por honor a nuestros muertos de ayer y de hoy– que haya una reparación simbólica. Solo será posible si se castiga a los verdaderos culpables de las hasta ahora impunes e interminables masacres cotidianas. Y acaso así, vayamos recuperando la fe en las personas.

 1 “El proceso creador”, Texto del catálogo de la exposición de Oscar Capristo, Galería Riobó, Buenos Aires, Octubre de 1966.
 2 Cabe acotar que este movimiento aparece en un momento donde el psicoanálisis, el surrealismo, el existencialismo, los poetas de la generación beat, y los diferentes movimientos políticos de esa época, cuestionaban abiertamente los principios de un orden social capitalista, incipientemente globalizado y opresor.
 3 “Encontré una lapicera”, texto publicado en el suplemento de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo del diario Página Doce (Febrero de 2001).
 4 “UNA NUEVA NOCHE FRÍA”, Callejeros, 2003.
 5 “Marca de radio”, conducido por Eduardo Aliverti (8 de Enero de 2005).
 6 Revista Veintitrés, N° 339, 6 de Enero de 2005.
 7 “Y experimentan nuevos métodos nuevos métodos de masacrar...sofisticados y a la vez convincentes...” (“ALGO PERSONAL”, Joan Manuel Serrat, 1982)
 8 “Cromañon, culpas no; responsabilidades”, Diario Clarín, 5 de Enero de 2005.