Invitación Gustavo Fogel - (Mar del Plata)
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Aquí abajo, en la arena (para gloria del César) los pequeños se van y olvidan la pelota y las parejas se abrazan con más fuerza, a medida que la noche los incluye con sudarios de bruma. |
MEA CULPA Beatriz Silva – (Mar del Plata) Se sabía culpable. Sentía que la humanidad con el tiempo lo juzgaría y su dictamen no variaría de su propio sentimiento. Desde su construcción, una decena de puentes levantaba en vano sus patas sobre un lecho seco. |
INDEFENSO Beatriz Silva – (Mar del Plata) Se adentraba igual que un cometa rasgando el cielo. Como un rayón en la hoja pálida le deformó la cintura rebosada, se introdujo en su cuerpo poco a poco. Durante un tiempo él se pudo defender con sus embates pero se rindió desfalleciente. Un tatuaje de dios acometió sus entrañas piedra a piedra, hasta concluir el espigón. |
RELEVO Juan Manuel Tasada - Movimiento Literario Argentino MDP |
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Ya habían pasado cinco semanas y tres días de la usurpación de las islas del Atlántico sur y a mí como a gran parte de mis compañeros nos tocó el contraproducente trabajo de relevar a un numeroso conjunto de personas que habían sido heridas en un intento más por recuperar la soberanía en nuestro archipiélago. |
No sé como definirlo, si por cuestiones de la vida o por destino, pero en el momento de un combate con ingleses, fue él quien me salvó la vida al avisarme desde las trincheras que habían lanzado una granada cerca mío, con lo cual me dio oportunidad a tirarme hacia una zanja cercana. |
| PERDER Y GANAR Lidia B. Castro Hernando Salió de su cueva después de un año de meditación y se recostó sobre la piedra para observar el cielo nocturno. Se dio cuenta de que faltaban algunas de las miles de estrellas que solía ver. Sintió que durante ese año había perdido algunas posesiones. Entró nuevamente a meditar y ayunar. Cuatro noches después salió y acostado en la misma piedra, vio la luna en cuarto creciente y agradeció a quien le había dejado ese regalo. Decidió que debía seguir meditando.
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UN DESEO Martín Arregui - (www.martinarregui.8k.com) Su cara era triste. Su pelo no se mueve al viento. Sus ojos marean a los míos. Me atraganta las orejas mezclando aire con perfume. Sirviendo sangre en lugar de vino.
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Doppelgänger Diego Monachelli – (España)
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Tal vez nunca sepan quien o quienes escribieron esto. Nunca sabrán si en este momento soy un mero personaje o soy yo mismo verdaderamente, o quizás sea un personaje creado por otro personaje, parido en la tinta por una mano sin nombre, tal vez yo mismo nunca lo sepa, pero eso no tiene importancia, no por ahora. |
Días después me encontré en la calle con una vieja amiga (aunque dudo de llamarla así) con la que nos detuvimos a hablar y nos sentamos en un banco de plaza. Al despedirnos tuve la sensación de ser testigo de mi propia despedida, su saludo pareció ser el mío, su gesto, su andar al marcharse. Entonces fue que escuché, no yo si no el otro, su voz diciendo por lo bajo lo poco grato que realmente yo le resultaba. Aquel episodio me causó tremenda gracia pero no duró mucho. Un joven que transitaba por aquella enorme plaza me abordó pidiéndome alguna indicación, no recuerdo que, mi consternación fue absoluta; al pedirle que repitiera lo que me dijo lo observé a los ojos y me encontré nuevamente ante mi con una gentil y macabra sonrisa. Mi voz, la suya, que era otra en mi rostro, y la de aquella mujer, resonaron en una triada implacable, una comunión extraordinaria y avasallaste. Salí corriendo, escapando de mi mismo. Al llegar a mi casa todo parecía volver a la normalidad, si es que algo así existe. Pronto la noche se arrellanó sobre los techos y en esa misma noche, en la que siempre me sentí tan cómodo, una desesperación atroz me invadió. Tapé todos los espejos de la casa temiendo lo peor, temiendo enfrentarme al incorruptible portal, al insondable abismo del detenido mercurio. Mis ideas rondaban el oscuro presentimiento, algo, sin quererlo, se me había dado ha saber, algo inaudito. Esa misma noche, casi eterna (aunque en ese momento no poseía la certeza de lo eterno), descubrí en mi casa rincones increíbles, las horas torturaban mi pensar, destruí los relojes; las puertas me estremecían en su rechinar, en el movimiento de su madera, cerré todas las ventanas y corrí cuidadosamente todas las cortinas temiendo su reflejo. Intenté leer pero fue inútil, una sola idea rondaba mi mente y me atormentaba. |
AMNESIA Edith Ruz de Colombo - (MDP) |
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Mariana llegó a su casa después de dos meses de internación. Había contraído un virus que, alojado en el cerebro hizo que su vida corriera serio peligro. Ya parcialmente recuperada, los médicos decidieron que podía continuar en la casa el tratamiento instituído. Aparentemente gozaba de excelente salud. Lo que preocupaba y mucho era una amnesia pertinaz que la hacía volver a la realidad sólo por unos momentos. |
Paulatinamente fue reconociendo lugares de la casa y a algunas personas. Como gozaba de buena salud física, los cuidados se limitaron a estimular la memoria y a atender sus necesidades. La antigua mucama pasó a ser su dama de compañía. Las ligaba un fuerte lazo afectivo luego de estar juntas por más de quince años. Si la notaba fatigada, con suma discreción les hacía notar a las visitas que la señora debía descansar. |