Avispa 23 Ensayos

La Poesía y los poetas en Argentina, hoy.

por Alfredo María Villegas Oromí – ( La Pampa)

Introducción
Desde hace un tiempo pregunto sobre la poesía y nuestros poetas, no sólo los conocidos, sino todos los poetas. Aquellos que escriben entreverados en su geografía: paisajes de horizontes abiertos, restringidos por los rumores puebleros de las casas o quienes necesitan vivir la agitación de los ascensores en fuga.
Pregunto por los poetas y su palabra, por mi propia palabra. Y necesito encontrarlos, averiguar que sienten, que sentimos, que hacemos y nombramos en este tiempo transido por malestares propios y sociales; en este tiempo de atropellos e invasiva falta de respeto; estrategias no casuales, forzadas por alguien desde las alturas de un loft minimalista y ascético o desde las sombras más cercanas. Cuando este “quien decide” provoca el enfrentamiento entre gente común, una tirria subterránea entre empleados o desocupados, entre el reclamo justo y la profesionalización piquetera. Más grave aún: además de la magnitud y la reiterada metodología del conflicto es su nacionalización mediática, la penetración en los televisores del país de un problema serio pero urbano; un asunto grave pero no generalizado en todas las comunas, que sin sufrirlos sienten la angustia espiritual que los agobia hasta el embotamiento.
En este tiempo de confusión, de perspectivas inciertas e imposición de conductas que nos son ajenas no sorprenden los ataques a la identidad; unas veces evidentes, otras, las más, solapados o vestidos con los ropajes de la indiferencia. Entonces, de nuevo, me pregunto por nuestra palabra, nuestra interpelación y compromiso, nuestra misión. En tanto intelectuales, somos hombres de acción y no seres con callos en las asentaderas, mansos de toda mansedumbre, arrebujados entre la luz de una lámpara sobre el escritorio y un papel más o menos bien escrito.
El abanico de posibilidades que se abre, a la hora de encarar estas cuestiones pareciera interminable, por ello quiero decir que estos pensamientos no agotan el tema, lo disparan; no son enumerativos ni excluyentes. Quieren ser apenas pedregullos desbarrancados que van creciendo con el aporte de otros pedregullos –los necesita coherentes, ligados– hasta estallar en un alud incontenible: nuestra cultura viva, irrenunciable, fundadora. El debate esta abierto.

¿Qué somos los poetas?

Pregunta por demás incómoda. ¿Qué somos?: ¿artesanos de la palabra?, ¿profesionales del buen decir?, ¿nombradores?, ¿profetas y testigos? ¿enamorados incurables?, ¿idealistas utópicos?, ¿activistas?, ¿locos de atar?, ¿o trasnochados perdidos con las neuronas soñolientas por el demasiado vino? ¿somos nosotros mismos vistos por los muchos otros que contenemos y nos miran desde el otro lado del espejo?

“El otro, que al perdurar en su yo la plenitud de sus vísceras,

alertó, con proféticas palabras,
símbolos errantes, en vestíbulos de niebla.”1

En realidad no sé que es un poeta, sólo sé que lidiamos con palabras cargadas de sentidos meta-etimológicos; seres que vivimos un estado de gracia que no nos merecemos, nos ha sido donado. Es un don conspirador proactivo, mezquino en gozos, que nos lleva de la mano con la sensibilidad en carne viva, despelechados a tajos desprolijos. Personalmente lo sufro a mi pesar: compañero agazapado y a veces traicionero; un atentado a las entrañas que nos impele a sacar, de donde no sabemos, un coraje inimaginado para vencernos, muchas veces, a nosotros mismos; y digo. “tengo voces que me importan / y no quiero morir sin pronunciarlas”. Si citarse a sí mismo es un pecado, soy otro pecador irremediable.2

“Yo sé que entonces llega

para irse de nuevo,
igual a la voltereta
–una mariposa–
de hoja en hoja,
o de jazmín del cielo
a otro jazmín esperando
bajo otro azul del mismo cielo del país,
el poema.”3

Tal vez seamos un poco de todo, un batido peligroso de humores impredecibles, infidelidades recurrentes y convivencia difícil.

“Tengo sueños ilusiones pesadillas recurrentes prejuicios

y una falta de disciplina
que me ha convertido en lo que soy:
una pasajera anárquica
de objetivos desdibujados”4

Claude Levi Strauss decía que pertenecemos a esa especie (zoológica, agrego) de “los magos de las tribus que ven más allá. Y ese ver más allá nos obliga. El ver nos obliga, y el más allá nos exige, no sé si respuestas pero, por cierto, preguntas necesarias. Por nuestros pagos, Atahualpa Yupanqui dice:

“Si uno pulsa la guitarra
pa cantar coplas de amor,
de potros, de domadores,
de la sierra y las estrellas
dicen: ¡Qué cosa más bella!
¡Si canta que es un primor!
Pero si uno, como Fierro,
por áhi se larga opinando,
el pobre se va acercando
con las orejas alertas,
y el rico vicha la puerta
y se aleja reculando.” 5

¿Y nuestra identidad?
¿Cuál es nuestra identidad? ¿Podemos definir la identidad del ser argentino? En verdad no logro una respuesta que me conforme. No es fácil responder pero, al menos, puedo aproximarme desde lo que no somos.
El intercambio cultural entre las etnias originales fue restringido aunque no inexistente. Los movimientos expansivos de algunas los llevaron a imponer, y a veces a adoptar, tradiciones propias según la preeminencia del vínculo. Sabemos, por los testimonios existentes, de las interrelaciones entre las comunidades mapuches y tehuelches septentrionales; guaycurúes y guaraníes; querandíes y tehuelches meridionales; incas y wichis y otras que por proximidad geográfica establecieron cruces culturales. Pero mal podríamos definir una identidad común.
Escasas familias pueden contar sus orígenes desde los conquistadores arribados al sur continental entre 1500 y 1600; y otras pocas podemos rastrearlos entre los “mancebos de la tierra”, criollos americanos nacidos por esa misma época. La infinitésima magnitud de la población en 1800 comparada con la actual, no me permite sostener la hipótesis del crecimiento vegetativo; la inmigración ya empezaba a mostrarse como la causa más importante de la expansión demográfica.
Pero la real explosión inmigratoria ocurre a fines del 1800 y se mantiene ininterrumpida por cien años con los aportes de las sangres más diversas. Hay quienes encuentran en este fenómeno, la imposibilidad de consolidar una verdadera identidad nacional. Tal vez, nuestra identidad sea de una compleja pluriculturalidad de mestizaje relativo, y por ello la dificultad de encontrar una identidad convincente.
Es por ello que las raíces folklóricas que emergen de la tierra, enseñan un árbol que no guarece a la mayoría de los argentinos porque no lo sienten como propio. Las opiniones que nuestros más íntimos vecinos tienen de los argentinos, nos indican que existen dos grandes identidades: el porteño (incluyendo al habitante del conurbano bonaerense) y el hombre resto del país.

“Yo nombro contigo la vigilia y el viaje

y el muelle reinventado y el cielo sin las horas
y el largo error y la hierba del río”6 

Borges dijo que “los argentinos son europeos en el exilio”. En un acto de irreverencia responsable lo corrijo: “los porteños son europeos en el exilio”, han mirado y siguen mirando a Europa como patria perdida y en ella se reconocen. Incluso la intelectualidad más encumbrada siente necesaria la aprobación de su quehacer por sus colegas – ¿y maestros?– europeos. Más cerca de Rimbaud que de José Hernández, han cerrado sus ojos a los poetas residentes en el corazón de la patria verdadera: eso que ellos llaman –con un dejo de superioridad– “el interior”y es la entraña mismas del país.
Excluyo del disgusto identitario a los españoles y a quienes abrevan en las aguas de la poesía ibérica en su conjunto, por que nos nutre el mismo lenguaje, uno de los componentes más importantes de la identidad de un pueblo.

“Mi barrio fue polvo y neblina hasta que al potrero

lo hicimos basural. Entonces fue llamas y humo, y
la ceniza se convirtió en altura. Así crecimos con
el cuello entornado hacia su sombra, los pies
magullados por la piedra y los abrojos."7 

Entonces, ¿qué nombro cuando digo identidad? Creo que nuestra pluriculturalidad convierte en irracional los intentos de segmentarnos por origen geográfico o social. Las leyes de la herencia biológica se cumplen inexorablemente: el fenotipo (lo que demostramos ser) es producto de los aportes genéticos más la influencia del ambiente; y esto es evidente en nuestras particularidades regionales.

La visión holística es la que nos permite abarcar la vasta riqueza, diversidad y amplitud de nuestra herencia poética.
La antropóloga Alicia Martín dice “mientras discutimos sobre estas líneas demarcatorias, las nuevas generaciones se apropian y tradicionalizan la herencia común; siguen siendo la gente y los creadores quienes arman los puentes para unir el pasado con el presente, quienes tienen la sensibilidad para recrear nuestra identidad colectiva”8

Los jóvenes encuentran en la canción el vuelo poético que los contiene y, generalmente, es su única posibilidad ya que la dispersión en nuestro quehacer, la inadvertencia que se ejerce desde los grandes centros de difusión cultural sobre los poetas en general y los no porteños en particular y las malsanas estrategias editoriales (de las que hablaré más adelante) sumado a la dramática desidia de los responsables de imaginar y llevar a la práctica políticas culturales, los ha dejado a ellos –los jóvenes– sin referentes.

“Si las palabras se quebraran...

¿Qué encontrarías dentro de ellas?
                                   Dios
                                   Hazme un regalo.”9  

Pero no se puede frenar un río con las manos y afloran los versos de poetas muy jóvenes como Soledad Davies, de Comodoro Rivadavia, Chubut; las canciones de otros, ya populares: Rally Barrionuevo, Peteco Carbajal, Coplanacu, Moyo y Arnedo, Teresa Parodi, Julián Zini, Heredia, Gieco, y otros que seguramente estoy olvidando sin querer.

Juan Falú nos dice: “es hora de recuperar la belleza y la calidez de la madera, hace falta una pausa para entrar en contacto con el mensaje de los silencios y valorizar mejor la nota bien puesta y la palabra bien dicha”10 

“Hablar de la naturaleza

en una ciudad rica en accidentes
y en oficinistas lúgubres
a veces es una necesidad”11  

continúa arriba

Entonces la poesía es un acto sagrado, un contradictorio enajenarse lúcido hacia un allá ignoto que se alimenta de nuestros recuerdos, olores, sonidos, visiones y nos atiza entre metáforas que nunca lograremos descifrar, acaso sentir volcándoles nuestra historia y renovar la ceremonia: el temerario oficio de desafiar, inermes, la sensibilidad dormida, la sagacidad en éxtasis, los miedos en retirada. Obscuridades y goces de ese otro que habita nuestro cuerpo.

“vengo de comulgar y estoy en éxtasis,

                        aunque comulgue como un abogado
mientras en una celda
                        de mi memoria arrecie
                        la lluvia del sudeste
                                                igual que siempre
embiste al sesgo un espigón muy largo”12

Amelia Biaggioni, poeta santafecina dice: “La poesía es una auténtica patria del hombre y el camino privilegiado de construcción de su propia subjetividad”. En otras latitudes, la poeta Nelly Sachs, Premio Nobel en 1966 le escribe a Paul Celan: “usted me ha dado, con su poesía, una patria que creí que me sería arrebatada por la muerte. Aquí resisto”.
No adhiero a un chauvinismo poético y, tal vez, no deba dejar de mencionar lo que dice el poeta salteño Santiago Silvestre: “la época de hoy es ecléctica, como dice Yates, el poeta es más de una época que de un lugar”.

“Intemperie final o lumbre pródiga

sólo en tu templo quiero descalzarme
y esparcir las cenizas de este vaso
donde no bebo yo ni bebe nadie”13  

La misión de los poetas

Me azuzan palabras que buscan las audacias de la profecía, ya lo dije cuando hablamos del “ver más allá” y anunciarlo. Algunos poetas sufrieron la condena de sus contemporáneos por ejercer su misión profética, y no hablo sólo de poesía política o social, hablo de poesía, comprometida con el amor, la belleza, el hombre, el dolor, la tierra, la vida, Dios. Hablo del acto creador que nos sacude en el torrente que pugna por salir buscando una palabra, una única palabra, esa que, sabemos, nos redime.

“Todos llevamos como Eneas, a nuestro padre sobre los hombros.

débiles aún, su peso nos impide la marcha,
pero luego se vuelve cada vez más liviano,
hasta que un día deja de sentirse
y advertimos que ha muerto”14  

También he preguntado si los poetas tenemos una misión y estoy convencido de que la tenemos, si bien será una misión distinta en cada uno, todos compartimos una misma necesidad, un enlace original con la palabra. Pero este vínculo estrecho y único puede abarcar otros aspectos: el de ser ariete que golpee y movilice, ser voz que interpele, que nos acerque a Dios, que nos revele el amor, los dolencias existenciales, la cuestión social, la épica, la historia, las tradiciones y leyendas, la tierra que nos nutre, la civilización.
Éstas no son “temáticas” sino son los lugares desde donde el poeta mira y nos revela su particular mirada, pero seguramente existen tantas opiniones como poetas y el doble que la de la cantidad de críticos (cada uno de ellos suelen tener dos: la que realmente piensan y la que publican).
Héctor Yánover, en el magnífico prólogo que hizo para la “Antología Consultada de la Joven Poesía Argentina”, en 1967, decía: “Estos poetas que aquí van a verse se dedican a contrapitanza al ejercicio sutil, absurdo, fundador de mundos, estupendo, inútil, paradójico en pleno siglo XX, tonto en el mundo técnico, rescatador de las mejores esencias, torremarfileño, inmerso hasta los tuétanos en la vida, que testimonia a Dios de los hombres, que ejercen legisladores no reconocidos del mundo, que no interesa a nadie, que es lo único que importa: la poesía”. Más adelante agrega “y aunque pocos lean poesía, todos (dije todos) le rinden un más o menos ignorado culto por el secular prestigio que emana de la tradición.
La poesía es, para el poeta que lo es desde los riñones, la vida misma. Según opiniones recibidas a través de un cuestionario que involucró a más de cien poetas, muchos coinciden en que las expresiones artísticas –en su diversidad de formas y desde el folklore popular hasta las manifestaciones eruditas– sufrieron un período de confusiones y letargos en la Argentina de los años '80 y en los '90. Pareciera que una nueva energía surge desde fines del 2001, cuando el protagonismo de la gente toma el centro de la escena –y los poetas somos gente, aunque no lo parezcamos–; las preguntas y los cuestionamientos desbordaron los marcos de los foros habituales, tomaron las calles por asalto y, a pesar del desorden y el caos, buscaron encontrar su cauce de “el día después”. Nadie debe estar ajeno a este particular e inédito proceso a menos que se refugie en la nadería de versar sobre “del cielo y las estrellas” y morir en un vaho de mediocridad consumada.
La poesía es vida, obra es algo que se construye, es el hacer, ya sea testimonio o profecía. Incluso el amor, no es igual “el amor en los tiempos del cólera”. De todas formas, mis excitaciones no dejan de ser una expresión de deseo, todavía. Tal vez por las heridas frescas de nuestra historia –-y las heridas palpitantes de la humanidad– las expresiones artísticas no alcancen aún las derivaciones que tuvieron en los '70 y no hablo de poesía panfletaria o arte de barricada, sino aquel que se elevó por sobre las ideologías pero cuya inconveniencia terminó escribiéndose con sangre.
Ellos buscaron subvertir intelectualmente el germen de lo que hoy sufrimos, un capitalismo salvaje bajo una piel de cordero, quisieron poner en crisis las estructuras tradicionales, desde los museos hasta las bibliotecas; desde los recitales de poesía hasta las decisiones de las editoriales y el surgimiento de un cuestionamiento tal que los incluía. Fueron profetas derrotados a quienes les cortaron la lengua, las manos, la vida.
Pero todo se factura, y el vencedor se las cobra sin pudicia alguna. Se publica según el marketing, las necesidades de la globalización, la chatarra chismosa y vernácula: y meta pizza y champán que el circo no se para. De lo contrario publica el que paga, no sólo la edición sino el aparato comercial que hace de una bazofia un best seller.
“A diferencia de los '60 y '70, hoy nadie cree que una pintura o un poema puedan parar una guerra, cambiar el mundo y sin embargo, cuanta belleza hay en ese fracaso”15. Pero algo de pudor (¿fingido?)queda: hace unos meses Collin Powell se para en el salón del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas donde se encuentra el cuadro “Guernica” de Pablo Picasso –oportunamente cubierto con un lienzo azul– para anunciar la invasión a Irak. Tuvo el “buen gusto” de ocultar a las cámaras del mundo las imágenes de piernas y manos amputadas, los cuerpos de niños desechos por la aviación nazi en 1937, en España. “Guernica estaba allí como recordatorio de las atrocidades que la ONU tiene la misión de evitar. Una vez más, Estados Unidos estaba planeando la masacre de un pueblo, el irakí, asumiendo su rol nunca consensuado por la comunidad mundial toda, de supremo juez del mundo.

“y llora porque todo

no es más que la miseria.
Conoce el tiempo,
a los hombres del hueco,
la inundación que los dejó sin agua,
las almas combustibles del infierno.
Dice “no puedo irme
Porque aquí no estoy”16 

Epílogo

Unas breves reflexiones para el final. Una de las misiones que debemos asumir es la de involucrarnos en la “educación para la lectura”. Graciela Montes, responsable del Plan Nacional de Lectura dice: “Leer es mucho más que descifrar”. El desafío de leer poesía es mucho mayor aún. El esfuerzo que la “modernidad” ha puesto en dotar de cibernética a la escuela no tuvo en cuenta ¿o sí? el Caballo de Troya que adquiría: el desplazamiento de la lectura. ¿Formar o informar?, esa es la pregunta.
Los intelectuales debemos involucrarnos en la educación escolar, indagar en posibles estrategias que devuelvan el interés por la lectura. Y hay que trabajar con los niños más chicos ya que con los otros tenemos una gran batalla perdida. La lectura adolescente no debe pasar solamente por Harry Potter (y su traducción horripilante al español) ni los modelos de vida por “Chiquititas o Erreway”. Esto debe importarnos y mucho. Buscar propuestas atractivas, no desde la prohibición sino captar la atención de niños y adolescente como una forma de asegurar la lectura en un futuro inmediato.
Por otra parte, al Estado no le interesa en lo más mínimo y no hace nada en disimularlo. Ya es hartante mencionar los casos del Fondo Nacional de las Artes, etc. De cualquier manera, quienes defendimos, oponiéndonos, al levantamiento de los programas de canal 7 “Los siete Locos” y “El rincón de la Cultura” sabemos, positivamente sabemos, que nuestros hijos nunca los verán. Por eso es necesario imaginar la forma de acercarlos a la lectura no como una obligación o castigo, sino como una aventura.

“Hay que aprender a leer las hojas,

sus enjambres
ocultos, su textura, sus oleajes de seda,
sus provisiones
de agua, su temblor y su reino
de terrones desechos”17  

Los que hacen la lectura son los escritores, escritores que observan y leen lo que escriben ellos y lo que escriben sus colegas. Fue patética la entrevista a un consagrado (económicamente hablando) escritor argentino que no leía a sus compatriotas ni a autores menores de 35 años. Si no nos leemos entre nosotros y promovemos, con trabajo, tiempo, esfuerzo, horas de sueño, la difusión contra toda esperanza, estaremos dejando a la deriva el barco de la literatura, y condenándolo a su perdición.

Ofrezco este trabajo a Uds. escritores y amigos, para que lo analicen, lo estrujen y si no sirve para nada, lo lleven conmigo a la pira ritual de los sacrificios para purificarlo con el fuego. Antes, les pido que escuchen y entiendan que quiero desterrar mis ignorancias, por eso busco y exijo me azucen con su verbo inteligente mis creencias porque insisto, tengo una visión de un mundo diferente y posible, más justo, sin miserias y en el que los poetas brindemos nuestros frutos del escándalo. Y en una ceremonia irrepetible hagamos de la poesía un culto; de la palabra un hecho y de la vida un sueño realizado “porque tengo palabras que me importan y no quiero morir sin pronunciarlas”.

 

   1 Luis María Sobrón, Nogoyá, Entre Ríos, reside en Mar del Plata, de su poema “El Otro”
  2 Alfredo Villegas Oromí (1955) Buenos Aires, del poema inédito “Entre Paréntesis”
  3 Néstor Groppa (1928), Córdoba, reside en Jujuy, de su poema Así como vino se irá
  4 Iris Alejandra Jiménez (1969) Allen, Río Negro
  5 Atahualpa Yupanqui (1908) Pergamino, del poema “El Payador Perseguido”
  6 Edgar Bayley (1919 – 1990) Buenos Aires
  7 Luis Tedesco (1941) Buenos Aires
  8 Alicia Martín, Revista Ñ, 3 de julio de 2004, pp 8
  9 Soledad Davies (1983) Comodoro Rivadavia, Chubut, de su libro Azabache.
  10 Juan Falú, Revista Ñ, 3 de julio de 2004, pp 9
  11 Ramón Signes, (1950) San Juan, reside en Tucumán, de su poema inédito “Crónica de un amor en tiempos de cambio”
  12 Héctor Viel Temperley (1933 – 1987) Buenos Aires, de su poema Crowl.
  13 Jacobo Regen, (1935) Salta, de su poema “Intemperie”
  14 Horacio Castillo (1934) Ensenada, Buenos Aires, de su poema “Anquises sobre los hombros”
  15 Ana María Battistozzi y Eduardo Villar. Revista Ñ, 12 de junio de 2004, pp 7
  16 Walter Adet (1931 – 1992) Salta, de su libro “El Hueco”, 1992
  17 Jorga Boccanera (1952) Bahía Blanca

La Reina del Maipo
ANIVERSARIO

Se cumplen cien años del nacimiento de una cancionista que no se parecía a ninguna.
El tango cómico fue su alma y la risa su carta de presentación.

Picara y divertida representó al porteño. Como la definiría Carlitos Gardel
“Mi equivalente en mujer”.

El día 5 de Noviembre se cumple el aniversario del nacimiento de una cancionista única. Una porteña de ley. De ojos grandes y expresivos, su sonrisa cambió al tango. Podemos recordarla como esa paisanita deslumbrada por las “Luces de Buenos Aires” que quería triunfar con su canto en la gran ciudad. ¿Quién era?
Sofía Bozán o “La Negra”Bozán como se la conocía familiarmente. Había nacido en Buenos Aires (Capital Federal) en 1904. Su verdadero nombre era Sofía Isabel Bergero. Su madre, Sofía Acosta, era ecuyére (Amazona de circo) y trapecista y su padre, Saturno Bergero era un conocido trapecista. Por las venas de Sofía corría sangre de artista.
Ella en un reportaje cuenta que no tuvo una infancia muy feliz.”Tuve una infancia triste , una infancia sin muñecas. Como una idea fija me trabajaba constantemente la preocupación de mi porvenir. “¿Que será de mí en la vida? Me preguntaba a cada rato. Y como no acertaba con la respuesta me quedaba entristecida y silenciosa”.Quizás eso le haya permitido dar un cambio rotundo a su vida. Se recibió de profesora de corte y confección. Le gustaba mucho el canto y la poesía .Su poeta preferido era Amado Nervo.
A los 16 años debutó en el coro de la compañía Vittone-Pomar inducida por su prima la actriz Olinda Bozán. Luego trabajó como actriz en muchos sainetes que hacía la compañía Muiño-Alippi. Debutó como cancionista estrenando el tango “Canillita” en el Teatro San Martín. Sofía en un reportaje con el periodista Andrés Muñoz dice: “Después de “Caferatta” que fue mi revelación comprendí claramente que mi camino era el tango cómico, y por ese camino eche a andar. Sólo me aparté de él alguna que otra vez, para volver enseguida a la querencia. Creé el tango cómico y en él me especialicé. Y con el me fui a Europa”. Inició un camino que luego recorrieron otras cancionistas, como Tita Merello, creando un estilo propio.
Viajó dos veces a Europa. Tuvo mucho éxito en Paris y en España. Estrena los tangos “Haragán”, “Quemá esas cartas” “Un tropezón” “Que querés con ese loro”,”Engominado”, “Carro Viejo”, “Cambalache”, “Yira, Yira”, muchos de estos temas fueron grabados para el sello Electra.
Aunque el teatro fue su lugar, el cine no se privó de su presencia.
Sofía y José Bohr actúan en los primeros cortos sonoros filmados con la cámara Forest Phonofilm cantando sus canciones en registros fílmicos que se han perdido.
Luego en Joinville (Francia) filma la película “Luces de Buenos Aires” o “Las luces de Buenos Aires”junto a Carlitos Gardel y Gloría Guzmán para los Estudios Paramount. Fue la primer película sonora con elenco argentino filmada en el exterior. Fue protagonista en las películas “Puerto Nuevo”junto a Pepe Arias, “Loco Lindo”con Luis Sandrini y “Goal”con Pedro Quartucci y Severo Fernández. Tuvo papeles secundarios e intervenciones especiales en películas como “Rodríguez Supernumerario”, “Isabelita”, “La calle Corrientes”o “La locura del tango”, “Elvira Fernández, vendedorade tiendas”, “Campeón a la fuerza”, “Los muchachos se divierten”, “Muchachas que estudian”, “Patio de la Morocha” y “La Calle del Pecado”.
Nombrar a la “Negra Bozán” es hablar de la Revista Porteña, ese género que se destaca con una fuerza increíble a comienzos del 20 cuando estaba surgiendo el tango y decayendo el sainete.

La Revista Porteña fue influenciada por el género chico español y la Revista Francesa. El tango y Sofía Bozán fueron vedettes y constituyeron la mayor atracción en los espectáculos teatrales.
Algunas de las Revistas en las que trabajó fueron: “Chevalier Revista” en el Teatro Porteño., “Señora Revista” en el Teatro Buenos Aires, “Saltó la bola” en el San Martín, “Que hacemos con el estadio”, “La hora de la sátira”, “De la lira al saxofón”, “Apaga la luz , mariposa, Apaga luz“, “Pucha que son lindas las noches oscuras”, en el Teatro Sarmiento, “Si las mujeres votasen”, “Fenómeno 1934” y “La casa de las estrellas”, “Aquí están Pepe y Sofía los ases de la alegría” “A la Habana me voy”, “Gran festival porteño”, “Esos Churros son caseros” en el Teatro Maipo entre otras donde trabajó en forma continua durante más de 20 años.
Sofía fue una mujer adelantada a su tiempo. Se abrió camino en la época en que ser artista era sinónimo de prostituta. Luchó por insertar a la mujer en el tango. Recordemos que las primeras mujeres tuvieron que travestirse de hombre para poder cantar tangos. José Gobello dice: “¿Hay que hacer con el tango lo que hizo consigo misma Sofía Bozán, ser una arrabalera vestida de raso?”. Cortó la barrera que existía entre público y el artista haciendo que las personas dialogaran con ella de manera activa y cómplice logrando una efectiva comunicación. Esta metodología será empleada posteriormente en el Café Concert. Puso en su boca el pensamiento colectivo de la gente logrando de esta manera evitar el comentario mal intencionado.
Se casó con el Doctor Federico Hess en 1950, viajó a Europa y a Estados Unidos.
Sofía falleció el 9 de Julio de 1958 en Capital Federal enferma de cáncer. Todos los diarios comentaban que una multitud de personas acompañaron sus restos. Estaba en el corazón del pueblo.
Hoy es difícil conseguir un disco, casete o CD con sus canciones, quizás no sea comercial, sin embargo, al escuchar sus tangos podemos reconocer distintos personajes que hoy forman parte de la identidad del porteño. Ella le puso al tango un condimento especial, gracia, desparpajo, picardía y sabor a lo nuestro.

Sofía “LA NEGRA” Bozán es BUENOS AIRES. Es la Revista Porteña. Es el tango cómico. Que mejor definición que la que hace ella de si misma. Así se presentaba en una de sus Revistas:


“Yo soy Sofía Bozán

yo canto porque lo siento
mi pelo lo peina el viento
y me gusta el bataclán

Si quieren verle la hilacha

A mi estirpe de tanguera
No me venga con guarachas
A mi me gusta el Gotan”

“Dale Negra

Sácale viruta al piso”

Tuqui Rodríguez
CC JM de Pueyrredón

La Palabra en el Poema

Vasco Baigorri - (Aristóbulo del Valle – Misiones)

La técnica indica que, este tipo de exposiciones, debe hacerse en tercera persona, pero siento que si lo hiciese así, no asumiría la cuota de responsabilidad que me cabe.
Mi idea es conversar sobre nuestra herramienta «la palabra» que es la mínima forma libre de la lengua y en consecuencia al idioma lo defino como «herramienta» porque en realidad giraré en torno a la palabra en el contexto del poema, asumiendo que no es éste la única forma de expresión.
Entiendo que ninguna explicación (semiología) del sonido, la luz o la imagen se formularán en sonido, luz o imagen, todo sistema no lingüístico debe recurrir a la mediación de la lengua, como nos dice. E. Benviste en su tratado «Semiología de la lengua», alguien podrá recordarnos que una imagen dice más que mil palabras, es cierto, pero para describir a esa imagen se precisa de «la palabra» y nosotros, poetas, escritores, tenemos como meta usar cada letra, cada palabra, en la mejor forma posible, pero en aquella que nos sirva para trasladar al otro nuestro mensaje.
Cuando nombro «la palabra» y «la lengua» no pretendo referirme a un idioma, ya que en ésta nuestra América hay una enorme variedad de lenguas, no olvidemos que en el Caribe, además del castellano, se habla el francés y el creole, en Bolivia el Aymará, guaraní en el Paraguay, Brasil mismo tiene una variedad de lenguas nativas que no conocemos, lo hago respecto al instrumento expresivo que es «la palabra» dentro de cualquier idioma.
Usaré el término «palabra» repetidas veces a lo largo de esta charla, porque no encuentro un sinónimo adecuado para reemplazarla, que tenga la misma fuerza, el mismo sentido de construcción, de unidad, de célula. Hay palabras que por si solas son todo, Amor, Odio, Luz, Calor, Che.
La palabra es esa dama esquiva y lujuriosa que a veces, a los poetas se nos niega, se acerca, nos acaricia y cuando ya la sentimos nuestra se escurre de entre nuestros labios y volvemos desesperados a buscarla porque solo puede ser: ella, la exacta, la justa, la deseada y no otra, hasta que en un descuido la capturamos y es nuestra en un poema. A esa palabra de la que a veces no importa su significado preciso, semántica o raíz etimológica, sino lo que el autor quiere transmitir, a ella me referiré.
Siempre me he preguntado si el extraordinario trabajo de Emile Zola hubiese tenido la misma repercusión de no haberle cambiado, ClemenÇau, el nombre de «Carta al Sr. Presidente de la República» por ese magnifico titular en letras rojas: « J' Acusse», «Eu Acuso», que pasó a la historia, desnudando la hipocresía del ejercito francés y el valor de un escritor.
Si muevo mi mano y ese movimiento es de una belleza tal que los conmueve, o pretendo describir a Aleijadinho y sus esculturas, no tengo otra forma de hacerlo que el lenguaje, que es la suma ordenada de las palabras, fonemas, con las que el hombre elabora, expresa y comunica su pensamiento y sus sentimientos. Hay veces que esos sentimientos son tan profundamente humanos, que para explicarlos hace falta un poeta y otras necesitamos de la lágrima para resumirlos.
Marc Chagall dijo, alguna vez, que «El arte es «sobretodo» un estado del alma», entonces, sucede que la poesía se escribe cuando ella quiere, pero precisa del poeta como vehículo para llegar a la audiencia, al lector y entonces existir. El poema que no es compartido es nonato, no nace hasta que el «otro audiencia» complementa al «yo escritor»
El hombre siempre buscó comunicarse. Para ello necesitó de un código común para además entenderse, que no es lo mismo que comprenderse, para eso aún nos falta mucho, ya ese código, que es el lenguaje, lo usaron quienes sintieron la urgencia vital de sacar su YO de adentro para convertirlo en NOSOTROS..
De este modo, toda práctica de comunicación y en consecuencia la poesía, se convierte en un espacio de negociación y de creación de identidades porque se ponen en juego adhesiones, imaginarios y rasgos culturales que constituyen a los sujetos que la crean ya los que la leen.
Así lo hicieron en el Brasil desde el Siglo XVII: falando de poetas Botelho de Oliveira, Sousa, después será el anti romántico: Tobias Barreto. Los vanguardistas latino americanos leerán en los años 30 a Mário de Andrade, Bandeira, Oswald de Andrade, Jorge Amado nos pintará un Brasil con sus novelas, y .será Cabral de Melo, un punto de partida de los movimientos modernos, Vinicius de Moraes una maravillosa manera de compromiso con la vida y para no recorrer demasiado la historia, nombremos algunos referentes, Don Pablo Neruda, Nicanor Parra, Bolaños, en Chile, Ernesto Cardenal y Mejía Sánchez en Nicaragua, Belli y Scorza en el Perú, José Martí, Guillen, Carpentier en Cuba, Nixte Zapequian en Uruguay, Carriego, Salas, Gelman, Pizarnik, Udaondo en la Argentina y así podríamos identificar a cada provincia de nuestra América Latina, porque es una sola y empieza al Sur del Río Bravo, palpitan sus venas aún abiertas, para no olvidar a Galeano, hasta Tierra del Fuego.
No pretendo describir o definir a la poesía porque como dice Juan Gelman, nadie sabe qué es la poesía, pero siento que es mucho más que el arte de componer versos, como puede describirla algún diccionario escolar; es, por esencia, solidaria y es compromiso, es el sentimiento que rebasa al corazón y se transforma en palabras, nada de lo humano es ajeno a la poesía, todos los poetas y escritores que nombramos entendieron que la palabra, usada como un bisturí para descarnar el alma, les permitía transmitir el mensaje que querían hacer llegar; cuando Chico Buarque nos dice «pai aparte de mi ese cali se de vinho tinto de sangre», León Gieco nos sacude con «Solo le pido a Dios» y Pablo Milanes canta a Cortazar «Yo pisare las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentado y en una plaza liberada iré a luchar por los ausentes « todos sabemos a qué se refieren y a qué se referían. Aprovecho para rendirle un respetuoso homenaje a Salvador Allende.
Cuando hablamos de la poesía como herramienta de lucha, Nilton Bobato, nos pone en su libro «Risos da Frontera» frente a Ildo Carbonera que dice: « Nao e preciso os dizeres e os falares seguir as regras socias cada ser humano pode os rituais, as atitudes viver a pesar do Estado e da Igreja.
El mismo amigo Nilton escribe «onde está o grito de guerra que voce sufoucou?» «Onde está a lágrima que voce náo chorou?»
La palabra por si sola es una copa vacía, precisa del artista para nacer y es el poeta, obrero de su interior, el que la tallará hasta darle la forma justa, el compromiso perfecto, no olvidemos que, como se leyó en una pared en el Mayo Francés, «la poesía es un arma cargada de futuro.»
Vengo desde Misiones y no puedo dejar de traer aquí la palabra de un escritor misionero comprometido con su pueblo hasta los huesos, Alberto Szereter, que nos dice de la poesía: « Esencial a tal punto que si se ausenta la bestia crece, si desaparece crece si se la olvida ¡Y el mundo si se rompe la lira pierde el eje en el que gira! El hombre baja, baja.

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Pero hay que tener en claro que escribir es un acto heroico, porque se escribe a base de ser minero de uno mismo y el poeta aún más, porque después de arañar las paredes de su alma, reduce el producto a la mínima expresión, con la palabra justa, y lo muestra a corazón abierto a los demás, se desnuda frente al lector. ¿Alguien puede poner en duda que esto no sea una muestra de coraje?
En un mundo donde la técnica y el imperio, pretenden mantenernos separados haciéndonos creer que estamos unidos y nos comunicamos por Internet con nuestro amigo a una cuadra de distancia porque no podemos perder tiempo en un abrazo, un mundo que nos insiste en la importancia del continente no del contenido, que hace importante a la ropa que es la primera separación que tenemos con el otro humano, porque nos encierra y separa nuestra piel de otras pieles y cuando más cara sea esa separación mejor , porque explotando la soberbia de los hombres el sistema crece.
Y mientras tanto, desarrolla la tesis globalizadora, haciéndonos creer que no es tan peligrosa, modifica, quita y pone fronteras a su conveniencia, con el único interés de borrar identidades y culturas, con la idea de monopolizarlas. Asombra que, además, las fronteras literarias sean cada vez más rígidas, cada país de América Latina consume a duras penas el producto de sus escritores, cada vez hay menos librerías, y como las tiradas son mínimas no hay que exportar. Por supuesto que hay excepciones de autores y editoriales. Los gobiernos agobian con impuestos a los creadores dificultando, hasta casi la imposibilidad, imprimir con la intención de amordazar a los cultores de la palabra. Aquí es cuando debemos volver al Mayo Francés para recordar lo que una generación le gritó al mundo desde los graffitis en las paredes de la Sorbona «La imaginación al poder», fue una de las más repetidas y nosotros debemos imaginar los medios para llegar al lector. Hay ejemplos de esa imaginación que se deben apoyar con el esfuerzo «individual» de comprar un ejemplar. Soy director de una revista que debió suspender su salida por problemas económicos. Si es cierto que apoyamos la difusión cultural respetemos la labor de quienes la hacen posible y compremos el buen material. Ellos son los que nos unen con el lector.
En Argentina tenemos, además de «Castillo de Palabras» y «Beatrizos» «El diario de la Poesía» entre otras en papel, a «Misioletras» una publicación digital, excelente manera de usar las armas del sistema, material de altísima calidad, acceder a ella es fácil y barato para el lector pero tiene un costo editarla y es razonable buscar alguna forma de mantenerla porque no es justo que nadie trabaje gratis.
Pero los escritores, los poetas, los que seguimos peleando, nos reunimos a pesar que quieran aislarnos, lo hacemos en congresos, charlas, conferencias, en encuentros como este y felicito la bravura de los organizadores, que nos permiten burlar la imposición de la incultura y marginalidad con que pretenden callarnos. Porque esa teoría globalizadora que nombramos antes tiene como enemigos principales la lectura y la educación, y pretenden engañarnos con el best seller o la literatura chatarra, literatura que pertenece a la familia del fast food.
Nosotros no nos dejamos engañar, pero eso no alcanza, es necesario que nos hagamos cargo de nuestro puesto en la trinchera y participemos no sólo de estos encuentros, que nos halagan y nos ayudan a crecer. Leamos y enseñemos a leer, aquí me refiero no al poner una letra al lado de la otra y evocar su sonido, sino a meterse dentro de la línea. La formación de lectores es un desafió que debemos enfrentar desde los grupos literarios. ¿Escribir sin el lector tiene otro sentido que la satisfacción personal? es onanismo literario. Ninguno de los que estamos aquí podemos decir, sin faltar a la verdad que no nos interesa que nos lean o no seríamos escritores.
El leer marca la crítica y el análisis no permite la idiotización y esto nos lleva a levantarnos frente a la injusticia, no olvidemos que esta señora trae siempre de la mano al hambre y éste al analfabetismo. Casi 1000 millones de personas entraron al S XXI sin los conocimientos para leer un libro o firmar con su nombre, según las Naciones Unidas. Esto dicho de otra manera, significa que la sexta parte de la humanidad esta marginada, con el peligro consecuente para los regímenes democráticos, el riesgo de sus vidas y la elevación de las tasas de mortalidad infantil, porque obviamente, la mayoría son mujeres; además, estamos hablando de 130 millones de niños en edad escolar en los países de Tercer Mundo.
El Sr. Presidente de la República de Cuba, Comandante Fidel Castro dijo, hace poco, en la Facultad de Derecho de Buenos Aires, que en su país se consideraba de primordial importancia alimentar al niño en sus primeros años que es cuando se desarrolla su cerebro, nosotros tenemos desnutridos que van a la escuela para poder comer en los comedores escolares; ya entonces, a los 6 años son lisiados cerebrales, mano de obra barata para el sistema, que hoy debe competir con China. No tiene sentido hacerles leer a los adolescentes un libro o dos durante su paso por la escuela, lo importante es enseñarles a amar la lectura y a no dejarse masificar, mostrarles que leer es una aventura maravillosa.
Personalmente prefiero el libro de papel a los vía Internet, hasta ahora no puedo acomodarme en la cama con la computadora, el cimarrón y los bizcochos los domingos por la mañana, ni quedarme dormido el resto de los días de la semana con un monitor sobre el pecho.
Pero esta es una cuestión de gustos, si las nuevas generaciones disfrutan leyendo a García Márquez, a Bradbury, Mal1i, Soriano en la pantalla está bien, lo importante es que su cerebro se cargue con aquello que no permita que los dominen.
Todo desperdicio es una falta de respeto a la humanidad y los escritores no tenemos derecho a desperdiciar nuestro talento, mayor o menor, en obras que no se comprometan con el amor, el hambre, la libertad, el dolor, la belleza, lo cotidiano, es decir con la vida misma. Como hicieron en la década del 70 «Operación Masacre» de Walsh, un hombre que sostuvo con su vida lo que dijo con su letra, Morris West en «La Salamandra” denuncia a la Dictadura Militar en la Argentina, Violeta Parra con «Gracias a la Vida» o Bendetti cuando dice « Y en la calle codo a codo, somos mucho más que dos» sumando el amor ala militancia y como fotógrafo no puedo dejar de nombrar la poesía dura, profunda, comprometida, como entiendo que debe ser la obra de todo artista, de Sebastiao Salgad.
Nosotros, los locos escritores, poetas, novelistas, narradores, decidimos pararnos y usar la palabra como bandera para decir que somos libres porque es imposible encadenar al pensamiento o encarcelar sentimientos.
Si es cierto que queremos un cambio, una revolución, en nuestra América Morena entonces, gritemos Amor hasta que nos duela, soñemos porque los sueños dejan de serlo cuando un mágico encuentro con la locura los convierte en realidad, pero mientas tanto que cada palabra sea un pacto con la humanidad; debemos ser la voz de los silenciados aunque a veces escribamos versos en la arena.
Entonces, cuando algún editor nos diga que no es buen negocio editar nuestros libros porque la poesía no se vende le podremos contestar: la poesía no se vende porque la poesía no se vende.

ELEGÍAS DE DUINO

Vilma Brugueras – (Miramar)

Son los poemas mayores comenzados por Rainer María Rilke durante el invierno de 1912 en el castillo de Duino, propiedad de la princesa Marie von Thun und Taxis-Hohenlohe. Allí se encontraba pensando someterse seriamente a un tratamiento sicoanalítico debido a una crisis personal y artística. En ese lugar, durante un paseo costeando los arrecifes que se abrían al abismo, un verso irrumpe en su mente: “¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros celestiales?. Inmediatamente lo anota convencido de que sería algo decisivo para su escritura y también para su vida. No estaba errado, ya que éste iba a constituir ciertamente el primero de las Elegías. Lo que no sabía era que habrían de transcurrir diez años hasta darle el punto final luego de un peregrinaje por España y París, la guerra y la posguerra. Por ellas, como él mismo dice, estuvieron amenazadas y: “Esto habría sido muy duro, pues dichos poemas contienen lo más importante, lo más válido que yo había podido fijar cuando me hallaba alrededor de la mitad de la vida, y habría sido la más amarga de las fatalidades si hubieran quedado frustrados en el punto más íntimamente en sazón, sin dar forma a lo que había presupuesto tantas condiciones dolorosas y tantos vislumbres de felicidad”.
Esa intuición que lo llevó a escribir el primer verso no le hizo vislumbrar, sin embargo, la ardua tarea que debería llevar a cabo. Grandes penurias, paciencia y tesón tuvieron que aguardar el momento y el lugar oportunos para dar a luz el gran poema visionario que en su totalidad conforma las Elegías. Durante la Primera Guerra apenas si pudo elaborar, aparte de unas pocas composiciones, la cuarta elegía que escribió en Munich en 1915. Recién en 1922 el trabajo dio sus frutos, cuatro años antes de su muerte. El 9 de febrero de ese año le comunica a su amiga Baladine Klossowska el fin de la creación con estas palabras: ”Merline, ¡estoy salvado! Lo que más me angustiaba y me oprimía está resuelto, y creo que con la gloria”. Dos días más tarde le comunica a Lou Andreas-Salomé: “Ellas son. He salido, y a este pequeño Muzot que me ha protegido, que me las ha finalmente concedido, lo he acariciado como un animal grande y viejo”. A su amiga y protectora la princesa Marie von Thurn und Taxis, dueña del hoy célebre y desaparecido castillo de Duino (cerca de Trieste), le dice: “Al fin, Princesa, al fin el día bendito, ¡oh, cuán bendito!, en que puedo anunciarle la conclusión, hasta donde puedo ver, de las Elegías (…), fue una tempestad indecible, un huracán del espíritu (…). No era para menos, había llegado a concluir las Elegías de Duino junto con sus Sonetos a Orfeo, hecho que constituye una de las más esforzadas pero también gratificantes empresas poéticas del siglo. Mediante las Elegías y los Sonetos a Orfeo (ambos aparecidos en 1923) Rilke plasma con intensidad su particular visión del mundo en donde desde la brevedad de la existencia percibe la unidad de la vida y la muerte.
Durante su concepción siempre estuvo consciente de que las Elegías lo trascenderían, de que en su interior se iba incubando el germen de algo que, si bien le pertenecía, era diferente a lo que él era y a lo que había realizado hasta entonces. Cuando apenas había compuesto las tres primeras elegías, le escribe a Lou Andreas-Salomé: “(…) Yo me entrego a esta espera, pero no lo hace mi alma. (…) (Mi alma) es el metal de la campana y Dios la mantiene incandescente y prepara la hora potente de la fundición”.
Sus 853 versos gozan de tal prestigio que aún hoy, siguen despertando la atención de los lectores y nuevas interpretaciones. Su ambigüedad cargada de significación intenta (en vano) aprehender su centro –que en realidad son varios-, (…)“al menos mediante sucesivas aproximaciones que traten de captar lo que en un momento dado ellas nos permiten vislumbrar. Porque si bien la poesía en general se convalida en la medida que se dirige a nuestra emotividad, se hace todavía más crucial y decisiva si, como las Elegías, logran también conmocionar nuestro intelecto necesitado siempre de algún tipo de exégesis”, como dice Renato Sandoval.

ELEGÍAS DE DUINO
(I)-El texto comienza con el poeta frente a un mundo en donde hombres, ángeles y animales lo cuestionan y él decide escuchar para explorar y saber. ¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros celestiales? Y si sucediera que de pronto un ángel me estrechase contra su corazón, perecería ante su más poderosa existencia. (…)

(II)- Al compararse con la perfección de los ángeles se le revela su transitoriedad.
(…) ¡Si pudiésemos hallar también algo humano que fuera puro, delicado y quieto, una franja de tierra fértil que nos perteneciera entre el torrente y el pedregal! Pues el corazón siempre nos desborda, igual que a ellos. (…)
(III)- Va hacia el pasado en busca de sus antecesores y de su origen.
(…) Lo abandonó saliendo por sus propias raíces hacia una fuente prodigiosa, Amando, descendió a la sangre más antigua, a los abismos, donde yacía lo terrible, aún ahíto de sus ancestros. (…)
(IV)- En esta elegía comprende que la vida es contradictoria, un definitivo viaje hacia la muerte.
(…) ¿Quién amansará la muerte de un niño con ese pan gris, que se endurece, o la introducirá en la boca redonda, como el corazón de una bella manzana…? Es fácil reconocer al asesino. Pero esto: albergar la muerte, la muerte entera, aún ante la vida, así, tan dulcemente, sin una queja, eso es indescriptible.
(V) -El poeta se pregunta si habrá algo duradero y auténtico en el futuro.
(…) Plazas, oh plaza de París, escenario infinito donde la modista, Madame Lamort, trenza y retuerce los inquietos caminos de la tierra, cintas interminables, y con ellos crea nuevos lazos, gorgueras, flores, escarapelas, frutas artificiales, todo falsamente teñido, para los vulgares sombreros de invierno que lleva el destino. (…)
(VI) -Desearía, como héroe, ascender al seno materno.
(...) Oh madre, ¿no era ya un héroe en ti? ¿No empezó allí su elección soberana?
Miles se fermentaban en tu seno pugnando por ser él; pero mira: él tomó y dejó; optando prevaleció. Y si derribó las columnas fue al desgajarse del mundo de tu cuerpo para llegar a otro más estrecho, donde continuó optando y prevaleciendo. ¡Oh, madre de los héroes! (…)
(VII)-Como no puede lograrlo como héroe, encuentra en la poesía el medio ideal para lograrlo.
(…) En ningún lugar, amada, existirá el mundo sino adentro. Nuestra vida pasa, transformándose. Y, cada vez más pequeño, lo exterior se desvanece. Donde antes había una casa duradera, surge ahora una creación mental, sesgada, por completo imaginaria, como si toda ella estuviese en el cerebro. (…)
(VIII)- Busca acceder a lo abierto desde la animalidad.
Con todos sus ojos, la criatura ve lo abierto. Sólo nuestros ojos están como invertidos y colocados a su alrededor a manera de trampas, al acecho de su libre salida. Lo que está afuera lo percibimos tan sólo por el rostro del animal, pues ahora al niño lo invertimos y forzamos a que vea hacia atrás la figura, no lo abierto, que en el rostro del animal es tan profundo. Libre de muerte. (…)(IX)- Intenta alcanzar la trascendencia diferenciando al hombre del animal.
(…) Tierra, amada, yo lo quiero. Oh, créeme, ya no hacían falta tus primaveras para que me ganaras; una, una sola es demasiado ya para mi sangre. Desde lejos y sin nombre he resuelto morar en ti. Siempre tuviste la razón y tu sagrada ocurrencia es la muerte amiga. (…)
(X)- Comprende que en la muerte se encuentra una vida diferente.
(…) Solo, él asciende la montaña del Dolor Primigenio.
Y ni una vez su paso resuena desde el hado enmudecido. (…)
Y nosotros, que pensamos en una dicha ascendente, sentiríamos la emoción que casi nos aterra cuando una cosa feliz se precipita.
Rainer María Rilke, al igual que Kafka, Brod, Werfel, Meyrink y otros importantes escritores de lengua alemana, nació en Praga, en 1875, y murió en Val Mont (Suiza) en 1926. Su vida ha sido una entrega completa a las letras, a la profundización del yo, en el misterio del hombre. El aliento metafísico y religioso junto al lirismo que poseen sus obras, indagan tanto en la muerte, como en el amor o la naturaleza. La virtuosidad de sus ritmos y rimas, correspondientes a su primera época, recuerda a Heine. En un segundo momento, su poesía está marcada por un profundo misticismo. Entre sus libros más importantes figuran la novela Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, así como los poemas de El libro de las horas, El libro de las imágenes, y los Sonetos a Orfeo y, por sobre todos las Elegías de Duino.