EL BETO Américo Paolucci |
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Cuando entré al bar del pueblo lo primero que le preguntaron los muchachos fue: ¿y el Beto? ¿No se había ido a Buenos Aires con vos?
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Palermo, el Centro, que lo sorprendió por su grandeza y la Costanera, donde se entusiasmaba con «el río lleno de agua», mucho más, según él, que el arroyo del pueblo.¡Y qué de pescados que habrá! -decía. Pero eso pasaba a otro plano cuando me pedía que lo llevara a ver algún partido «de verdad». Y ese día llegó. |
ASESINATO NO PREMEDITADO
Lidia B Castro Hernando |
Espejitos Voy a ciento treinta kilómetros por hora. Acompañado sólo por mis pensamientos. Al notar que no tengo el cinturón puesto me vienen a la memoria Alfonsín y Rodrigo. Recuerdo esos accidentes y lucho con el cinturón que no se quiere abrochar. En eso al apoyarme en el volante con dirección asistida (tan suave) el auto se cruza al otro carril. Veo como el micro da un volantazo para esquivarme y escucho un tremendo ruido mientras paso por la banquina contraria. Retomo el carril. Veo por el espejo que el colectivo se ha incrustado en el camión tanque que me seguía. Ese espejo no está bien a mi altura, aprovecho el enorme fuego que consume a micro y camión para regular bien los espejitos, que es otra buena medida de seguridad que la gente no valora para nada. Por suerte el fuego no se extingue y me da tiempo para una buena alineación de espejos mientras me alejo rápidamente. Gustavo Olaiz gsolaiz@gmail.com |
Across the universe
Son dulces, dice la niña, y me toma con firmeza. Y tira de mí, hasta arrancarme los brazos. Y ya no me sostengo. Y viajo en sus manos, a través del universo. Y siento encenderse la sombra fresca, y de cómo se aquieta el susurro del aire entre las hojas; verdes, pequeñas, redondas y sencillas. Gustavo Fogel -De la Palabra | Pena de muerte Esperaba tranquilo la decisión del juez. Revolcándome entre almohadas y almohadones. Pensando lo ocurrido. Lo vivido. Lo soñado. Discrepando con mis conocimientos. Tergiversándolos. Reprochándome la creación misma del universo. Del mundo. De mi vida. Conteniendo la respiración cada vez que se asomaba alguien y me miraba. Cada vez que se me señalaba. Cada vez que escuchaba mi nombre. Cada vez que se hacía un silencio y el sonido agudo de la verdad relucía en la sala. Martín Ignacio Arregui |
UNA FLOR ROJA Vilma Brugueras - SEGA Miramar |
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En la justa mitad, núcleo, foco; en el centro mismo, como si la flecha de Cupido hubiese dado en el blanco hasta hacerlo sangrar, la flor roja se destaca sobre la prenda de denim azul. Avanza entre la multitud, esquiva peatones, automóviles en las calles. Atraviesa parques bajo la luz oblicua del sol que al caer sobre los pétalos los hace brillar con intensidad. Hibiscus rojo agitado al viento.
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Tuve que aceptar una realidad nunca antes imaginada, asumir la desgracia. El último médico que visité acordó con los otros y a mi pregunta -¿Y doctor, hay esperanzas? -me respondió con el desconsolador -Lo siento mi amigo, no hay nada que hacer. Sentí ganas de hundirme dentro de mí mismo, darme vuelta como el forro de un bolsillo vacío. Imaginé los dedos acusadores que me señalarían para burlarse de mí ¿o compadecerme? ¿Tendría que considerarme un hombre acabado? Lo miré con tristeza, ahí estaba como un hijo que abandonaba a su padre en la flor de la vida, como un adorno inútil que me confirmaba el cuerpo. |
SED DE ABSOLUTO Gustavo Ortiz elorni65@hotmail.com |
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Le pide que abra las piernas en el borde de la cama. Se apresta a hacerle un cunnilingus inolvidable, tanto para ella como para él. Con la boca a seis centímetros de su vulva ve un túnel oscuro y angosto, con cientos de caras deformadas por el extravío en cualquiera de sus formas, y más allá, al final del túnel, una luz poderosísima que lo ciega y sin embargo, no le daña los ojos. Se cuestiona si a esto se refieren con la expresión -verle la cara a Dios- para reírse de lo que no le causa ninguna gracia, porque a continuación, desde el fondo del túnel le preguntan qué está haciendo con su vida. Aunque no a modo de reproche, lo que le daría pie para contestar –y a vos qué te importa- o algo así. La pregunta es sumamente dulce, con miles de variantes: -¿qué te gustaría hacer con tu vida?- -¿estás satisfecho?- -¿qué puedo hacer por vos?-
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Allá sí todavía se gana y se pierde, allá sí está lo hecho, lo no hecho, y lo a medio hacer. Los labios en arco hacia arriba recobran poco a poco una horizontalidad que significa aceptación. Ahora no hay emisor y receptor como uno solo, gradualmente vuelve a reconocer su cuerpo y el de ella, vuelve al placer del cunnilingus, a lo temporal, a la dualidad. |
EL HERMANO QUE ME DIO LA GUERRA Miguel Ressia |
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La Colimba no es la Guerra, quien imaginaría lo contrario, así me despidió mi Viejo, asado de por medio en aquel domingo de Marzo del '82, día previo a incorporarme al servicio militar, quien imaginaría que allí volvería a ver a ese muchacho rubio de lentes enormes que había visto en la revisación médica el año anterior. Y fue así, no sólo lo volví a ver, sino que lo asignaron como mi compañero de carpa en la instrucción, Gustavo se dijo llamar, realmente un ser tan encantador como atorrante me resultó. Compartimos largas y trasnochadas charlas, como así también castigos, porque convengamos, ni él ni yo éramos de los más obedientes. Qué pasó con esos lentes le pregunté, me dijo que era un truco para intentar salvarse, cosa que no dio resultado, así que allí estábamos ambos pariendo esa instrucción militar. Luego de un duro mes, se acercaba ya el primer franco, cuando una mañana nos formaron, y llega la noticia, hemos recuperado las Islas Malvinas, nos sorprendió, cómo no sentirnos así de sorprendidos si manteníamos esa inocencia que nos daba el tener en nuestro paladar aún el sabor a burbujas del champagne de la fiesta de egresados, tomamos esa noticia sin tener la menor idea de lo que se vendría a posterior. |
orden de romper filas y fuimos cada uno con su familia, para al otro día presentarnos en el Cuartel. Pasaron dos meses hasta que nos dieron la baja del servicio, como es de imaginar, gran festejo gran, salimos de comilona, el sitio de arranque fue la Parrilla Jorgito, y luego de jarana a un bar frente a la costa, se llamaba Giardino, allí amanecimos frente al mar, sin quedar creo uno sobrio, si, realmente linda borrachera nos dimos. |
COSAS DE AMIGOS Gustavo J. Araujo - Taller De La Palabra |
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Tengo un amigo con la mala costumbre de leer mis cuentos. Y también, la de ser ácidamente crítico. Desde hace un tiempo se ha tomado el trabajo de revisar a conciencia las palabras que uso y las que repito, y me anota en los márgenes a modo de glosa, cuántas veces he redundado, como si eso fuese su misión de amigo sincero.
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volvió a sacar el tema. Y luego de calzarse sus doctas gafas de oblicuo crítico literario(gracias Isidoro Blaisten), como si fuera mi editor, más que mi amigo, comenzó a explicarme cómo ser más conciso y concreto. Debía encontrar precisión en la historia y no apartarme de mi objetivo: cautivar al lector, intrigarlo y no cansarlo. No permitirle que abandone la lectura aunque se le hierva la leche. Leche hervida es lo que quisiera derramar en su cara para borrarle ese aire de suficiencia. Siguió con sus consejos. |
UNO DE GITANOS Alfredo María Villegas Oromí La Pampa |
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“No es lo mismo nacer en cualquier parte...” Sentencia Julio Cáceres mientras recorre los versos del padre Julián Zini. Una acordeona imaguaré1 va fondeando “La Ratonera” , aquel recordado chamamé de Ernesto Montiel.
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En la mía los peligros son más o menos previsibles, puede ser que te sorprenda un bruto yarará si vas caminando distraído entre los pajonales, aquí las víboras que reptan en praderas de cemento son más ponzoñosas y crueles. Las de allá te atacan por instinto de defensa, las de acá por ambición.
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Mágica Luna Alberto Cortes PUAM, Coordinadora Delia Saenz |
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Antes de ser secuestrado, Pablo sostenía ante los compañeros el criterio de que era un sagaz eufemismo, la sutil diferencia entre andar suelto y ser libre. Por eso la noche que lo largaron en la 37 y Peralta Ramos de Mar Del Plata, le bastó caminar con el viento en la cara para tener la deslumbrante y engañosa sensación, de haber dado con la respuesta a ese interrogante.
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Luego de sacarse de encima el suave acolchado de ensoñación que lo envolvía, reflexionó sobre los tormentos recibidos, quizás le hayan provocado algunos desequilibrios psicológicos, para nada creyó que la persecuta paranóica fuera de orden patológica, más grato le resultaba caracterizarla, como de carácter transitorio. En verdad solo afirmó que le había afectado un tanto el marco de las prioridades racionales y sus impulsos emocionales, de inmediato sé autocriticó por ser tan malo para los psicologismos.
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