CONTRARIEDAD
Ella no sabe que él se acerca sigiloso y permanece en silencio esperando a su madre que le prometió el almuerzo.
Lidia B. Castro Hernando |
1º Premio, Cuento Breve. lll Concurso Nacional ¨Leopoldo Lugones¨ Necochea 2004. EL TIOVIVO Poco a poco todo deja de girar. Cumpliste tu sueño Verónica. Ese sueño que como harapo viejo estuvo siempre en tu corazón. Estás sentada en el tiovivo, aquí en La Defense, aquí en París. Como una niña, la que nunca dejaste de ser ¿te acordás? Junto a la chimenea con los leños crepitando y las chispas como astillas de hielo clavándose en tu carne tierna. ¨Verónica, alejate del fuego que te vas a quemar¨. La voz de tu madre...hundida en la levedad ancestral de los recuerdos. Y la promesa: ¨te voy a llevar a la calesita más grande del mundo, allá en París¨. Cada vez que te acercabas al hogar, el pacto se renovaba. Ahora todo parece dormido. Las figuras envueltas en gruesos abrigos, largos, los sombreros dejando apenas adivinar los rostros. ¡Todo parece lejano! La lluvia tenue que refleja irisadas nostalgias. Tus manos crispadas sobre la cartera, como si en ella guardaras los atardeceres del alma. Estás sentada en el tiovivo y allá lejos, en Buenos Aires, el sillón está vacío. Elsa María Gabrielli |
Pescador de vidas
Era una madrugada peculiar. Los astros indicaban una gran pesca. Salí como de costumbre, con mis botas y bártulos de captura. Procedí a hacer un agujero de una longitud considerable. Al lado mío estaba la cubeta que fui llenando a medida que pasaba el curso de la noche. Era muy fría esta estación del año. Incluso para mí. Sentía mi barba recubierta de hielo y podía quebrarla fácilmente con un tenue movimiento de cabeza.
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Estaba a salvo acá. El cubo nunca se derretiría. El máximo peligro era yo. Otro ataque de desesperación podría terminar con una vida. Había guardias permanentes. Todos querían salvar a la mujer congelada. Pero las reglas eran claras. Esa mujer era mía. Martín Arregui - MDP tinchopunk@hotmail.com
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LA PERRO Por qué no le decía nada. Eso se preguntaba. El tenía la misma actitud de los que en lugar de cáncer dicen -eso- «tiene eso». Buenos aires, como toda gran señora, ejerce muy bien la indiferencia a lo frágil, hace que resulte obvio la vieja debajo de unos cartones en la 9 de Julio, obvio el adolescente atlético que todavía no sabe correr el cuerpo, obvia la neurosis, cosmopolita por excelencia. Buenos Aires también hace un magnífico uso del -eso- |
dar la vuelta al perro. Ojalá un perro y su correspondiente vuelta. Ojalá el felpudo en el living y el bol de agua al lado de la heladera. Ojalá la película de las diez y la mano que cuelga del sofá hasta el pelaje cepillado y tibio del perro. Ojalá la propia correa y de nadie más que el perro.
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RETORNAR Se oyó un gemido largo y profundo, la queja de alguien desorientado en un escenario descomunal de índigos irreconocible. Sus ojos pequeños se inundaron de abismos. Trató de recordar aquella vastedad que rodeaba en toda su extensión su cuerpo enorme, el manto natural del que nunca debió haber salido y sintió el deseo incontenible de cantar. Lo hizo con una voz dulcísima, cautivante, poderosa, al tiempo que se sumergía en un azul cada vez más insondable. Cantó por el regreso, por el amor con que la habían cuidado, por la libertad que finalmente la devolvía al mar. BEATRIZ SILVA
MDP bettybombini@hotmail.com |
SIN SALIDA
Ella estaba arrodillada en el piso, la visión perdida en la distancia, deslizando sus manos por el pelo una y otra vez de la raíz a la punta, tratando de mantenerlo limpio y ordenado. Bebió un poco de agua del recipiente plástico que colgaba a un lado y otra vez se quedó con la mirada vagabunda en un futuro inexistente, las manos tomadas de los barrotes. BEATRIZ SILVA MDP bettybombini@hotmail.com |
REVELACIÓN Gastaba el tiempo frente a la estufa a leños. En silencio. Bailando con las lenguas que se estiraban y ensanchaban. Contando las chispitas como quien pretende contar las estrellas del firmamento. Embriagada de robles, quebrachos, pinos, eucaliptos y viejas cartas, permanecía ante esa tibia tentación a la espera de nada. |
de la casa los problemas y recogerlos antes de regresar a la empresa. Así lo hacía todos los días y se alegraba al recogerlos porque le parecían más livianos. Ella nunca indagó sobre esos problemas porque sabía que Miguel no contaría nada que pudiera poner en peligro un negocio o en evidencia a otra persona. Valoraba esa actitud y la respetaba, pero ahora con el transcurrir de los años se cuestionaba no haberle preguntado algo. Ya era tarde para esos auto reproches.
ANAMÁ FERNANDEZ
M.D.P anama_fez@yahoo.com.ar. |