DE VOLCANES Y GIRALUNAS EN CELO
PABLO JAVIER RESA
Diciembre 2003
Edición de autor, 166 pág.
En De Volcanes y Giralunas en Celo cada palabra se transforma a la vez en imprevista y esperada. Una música especial nos envuelve pero nada en el poemario es puramente estético; un intenso mensaje lo trasciende porque el autor se niega a separar el arte de la vida. “Sobran los podios” dice, “urge ser multitud”, “encontrar al hombre en cada ahombre”, demostrando así una profunda preocupación por lo humano y las fisuras de una sociedad cruel en la que el hombre cae:
somos pájaros colgados del andamio
unas veces morirnos de certeza
aferrados o aterrados
otras somos prófugos del miedo
renaciendo entre las piernas del aire
“Vivimos en un retorno inagotable”, afirma Resa y, a diferencia de las palabras pronunciadas por Saint-Jhon Perse en su discurso al recibir el Premio Nobel, no cree que sea ya “bastante para el poeta ser la mala conciencia de su tiempo”; esto lo obliga a denunciar que los hombres esperan agazapados / su turno de presumir/ su sillón de ahorametoca.
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En De Volcanes y Giralunas en Celo el autor intenta “entender la cosamundo de la que nunca fuimos centro” y nos presenta a las situaciones cotidianas abrazadas con piel, ternura y pena, a la ciudad como una mujer caminada, asediada y sola, al hambre, al desamor, al genocidio... Resa vacía las almas de los poetas y las entrega descobijadas, penetrando en su intimidad, en su cocina; necesita como dice en el poema Convocatoria “Un rincón para estar sólo conmigo” y eso es por supuesto honestidad con la poesía.
Pablo Javier Resa nació en Mar del Plata en 1964, vive en Buenos Aires, coordina talleres literarios y sostiene, entre muchos recalca, un espacio cultural llamado Lo de Don Tito, donde alternan escritores, pintores, talladores, ceramistas y filósofos. “Todos podemos crear” afirma en sus palabras finales, sólo es preciso vencer al miedo a ser libres; tal vez de esta necesidad surja el imperativo de “deshacerse en la arena de uno mismo” y, con simpleza y “paciencia de ramaje”, ir haciendo crecer entre sus versos esa belleza natural, aunque no por eso menos cruel, que el espejo de habitarnos nos revela.
MARCELA PREDIERI
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